Editorial

A mi Viejo

Al hacer un alto en la cima de los años, después de tantos esfuerzos fallidos, después de tantos sueños rotos, vemos convertidos en adultos nuestros retoños de ayer. El tiempo ha pasado tan rápido que no nos hemos dado cuenta que nuestros hijos e hijas ya son hombres y mujeres que marcan su propio camino y, sin quererlo, aún les llamamos cariñosamente “mi niña” o “mis hijitos”, “mis muchachos”, así el tiempo ya los haya convertido en adultos.

Para muchos padres no ha sido una tarea fácil, pero su tenacidad, su constancia, unidos al amor por sus hijos, ha logrado dejarlos en una plataforma diferente a la que ellos arrancaron. Siempre quisieron que sus hijos volaran lejos y que no tuvieran que transitar el duro camino por el que tuvieron que caminar ellos; días de insomnio, de grandes preocupaciones, extenuantes horas de trabajo. Sacrificar su propio bienestar por verlos crecer sin que les faltara nada, es la satisfacción más grande para un padre.

Sin embargo, los hijos se van, se apartan y no tienen en cuenta los grandes sacrificios de los padres. Muchos los miran como viejos que estorban, muchos se avergüenza de ellos, no se quieren acordar de ellos, y si en algún momento lo hacen, no son sus primeras palabras: “¿Hola viejo, como estás?”, no, quizás, “Papá, necesito esto o aquello”… cuando aún son respetuosos.

Otros quizás, los desprecian, ni les pasa por la mente una frase de cariño. Visitarlos es un compromiso que les da pereza. Cumplen con una rápida visita, mirando el reloj, para que se acabe pronto el “tormento” de visitar al viejo. Al retirarse, con decir: “bueno ya cumplí con visitarlo”, creen que es más que suficiente. Los padres nos inventamos mil pretextos para ver a nuestros hijos, pero ellos salen con un: “estoy muy ocupado”, “hoy no puedo, papá”, “tengo que hacer esto o aquello”, “pero yo te prometo que la próxima semana los visito o los llamo”… promesas que se diluyen en el tiempo y la espera se hace insoportable.

En nuestra soledad, a veces nos cuestionamos: ¿qué hice mal?, ¿dónde fallé? ¿Porqué tanta indiferencia? Preguntas que nos martillan en el fondo de nuestra alma y que termina de convencernos que quizás sí fuimos malos padres o tal vez es tan solo una respuesta que busca justificar el extraño comportamiento de nuestros hijos.

Muchos padres inmigrantes recuerdan cuando tomaron la decisión de venirse al Norte, para buscar un mejor futuro para los suyos. Salieron un buen día -quizás no fue tan bueno- de su hogar, azuzados por la pobreza y la desesperanza. Fueron días, semanas, donde lo arriesgaron todo, hasta su propia vida. Sólo el recuerdo de sus hijos, su familia que quedaba allá a la espera de sus logros en un país extraño eran el aliciente que les ayudaba a soportarlo todo: malos tratos, discriminación, hambre, sufrimiento y miedo; ese miedo de no volverlos a ver que los estremecía en la soledad de la noches donde buscaban el refugio luego de una extenuante labor.

Y ahora, cuando todo aquello ha quedado atrás, cuando sus hijos gracias a su sacrificio han logrado despegar de una base mejor, mucho mejor que la suya, ahora viejos, ahora que esperan recoger en su corazón una voz que les diga cuánto los quieren, que no pueden olvidad jamás todo lo que hicieron por ellos, sólo encuentran como respuesta la soledad y la amargura de por quienes todo lo dieron. Sólo sienten cómo su corazón se muere de frío por la indiferencia de quienes tanto aman.

Muchos hijos hablan de la ley de la compensación y que a ellos les pasará lo mismo con sus hijos y todo se compensa. Alguien me dijo que eso no es la ley de la compensación sino la ley del corazón. ¿Qué le cuesta a un hijo decirle a su padre cuánto lo quiere?, ese día de seguro haremos fiesta, pues son las palabras que nos reconcilian con la vejez, pero no, muchos padres sólo reciben humillaciones, palabras insolentes y malos tratos. Es triste, pero en muchos hogares el viejo es como un costal arrumado en el rincón más oscuro de la soledad.

Sin embargo, todo hijo debe recordar en un día marcado en el calendario como el Día del Padre que a pesar de todo, ser papá es lo más maravilloso del mundo. Porque la vida nos regala ese sueño de ver crecer a nuestros hijos, de compartir con ellos sus primeras experiencias, su aprendizaje y poder formar parte de ese mundo en desarrollo. En ese continuo despertar a veces reímos y a veces también se nos escapan las lágrimas, unas veces de alegría, de orgullo, pero también algunas veces riman con el dolor y el desengaño.

Ser padres es con amor guiar sin imponer nuestra voluntad, es enseñar pero dejando espacio a su propia iniciativa. Es aconsejar pero permitiendo que su libertad también cuente su propia historia. Ser padre es estar allí cuando llegan los momentos felices, pero también cuando la vida nos muestra sus espinas, porque aun cuando ya no estén con nosotros, sufrimos si ellos sufren y volveríamos a sacrificarnos por apartarlos del dolor. También es cierto que nos reímos, nos alegramos y compartimos orgullosos con otros “viejos” sus triunfos y logros.

Porque ser padre es con paciencia aceptar los sinsabores de la vida y con amor expresarles nuestra mejor sonrisa, a pesar de lo duro de la jornada diaria. Ser padres es compartir con ellos nuestro tiempo y nuestro espacio en un carrusel de amor y alegría. Es mostrar nuestro apoyo en esos momentos difíciles, es enseñarlos a volver a levantarse cuando las dificultades los abatan.

Es dejarles nuestro ejemplo cristiano, enmarcado en la creencia de un Dios Padre todo amoroso, porque ser padre es un regalo Divino que se nos ha dado para podernos perpetuar en nuestros hijos, más allá del tiempo y la distancia, más allá de la tumba y el recuerdo. Mas allá, como dice el poeta: “del infinito negro donde nuestra voz no alcanza”.

¡Felicidades a todos los Padres! Que sus hijos les digan hoy:
¡Te quiero y te respeto, padre!

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

Foto: Cortesía de http://deldiadelpadre.blogspot.com

2 Comments

2 Comments

  1. josselin

    17/06/2012 at 7:27 pm

    es emosisimo esto aa:)

  2. josselin

    17/06/2012 at 7:27 pm

    buenasosososoisoososodsjdj´sa

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