La nación

Abuelos y tíos no serán un vínculo familiar suficiente para evitar el nuevo veto migratorio de Trump

29 de junio de 2017 – Washington – Agencias.

Cinco meses después de su primer intento, el Gobierno de Donald Trump tiene previsto empezar a aplicar este jueves su veto migratorio a ciudadanos de seis países de mayoría musulmana tras recibir el aval parcial del Tribunal Supremo. Será la tercera versión del decreto aprobado por el presidente y que responde a su promesa electoral de restringir la entrada a todos los musulmanes. Trump espera finalmente sortear los problemas judiciales y de implementación que hasta ahora han hecho naufragar sus intenciones. Aunque se mantienen incógnitas sobre la interpretación del fallo del Supremo, no se espera que las nuevas reglas tengan un efecto inmediato en los aeropuertos. Su puesta en escena será sobre todo en los consulados de Estados Unidos.

Tras ser paralizado por tribunales inferiores que consideraron que podía discriminar por motivos religiosos, el Supremo autorizó el lunes de forma provisional a la Administración republicana a prohibir durante 90 días la entrada a visitantes de Irán, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yemen que no tengan un vínculo fiable (bona fide) con “una persona o entidad” en EE UU. Lo mismo ocurre durante 120 días con los ciudadanos de esos países que intenten acceder al programa de refugiados de la primera potencia mundial.

La máxima autoridad judicial solo ofreció una interpretación amplia, sugiriendo que esa relación incluiría a un familiar, una oferta de trabajo o una invitación universitaria. Pero dejó en manos del Gobierno la traslación en límites concretos y lenguaje burocrático de esa condición, que grupos de defensa de los inmigrantes han criticado por ser demasiado genérica. La Administración se impuso de plazo hasta el jueves para empezar a implementar el decreto y comunicar a los consulados las nuevas directrices a partir de la sentencia del Supremo.

La interpretación que ha hecho Washington es que los solicitantes de visado de visita o refugiados de esos seis países requieren de un lazo “cercano” de parentesco o laboral en EE UU para poder sortear el veto. Las directrices establecen que los solicitantes deben demostrar que tienen una relación con un padre, marido o esposa, hijo, yerno o hermano, según un cable del Departamento de Estado enviado a sus consulados y que ha obtenido la agencia Associated Press.

Esto significa que no se salvan del veto los abuelos, nietos, tíos, sobrinos, primos, cuñados, prometidos u otros familiares que no son considerados suficientemente cercanos.

Una de las dudas es qué sucederá con las personas de esos países que ya han solicitado un visado y están a la espera de una respuesta. Está previsto que el Departamento de Seguridad Nacional anuncie el jueves los detalles de los nuevos criterios.

El fallo del Supremo es una victoria para Trump, que hizo de la islamofobia, vestida de argumentos sobre la seguridad contra la amenaza terrorista, una enseña de su campaña electoral a la Casa Blanca.

El Gobierno quiere evitar las escenas de caos en los aeropuertos que protagonizaron la entrada en vigor del primer decreto, a finales de enero. El veto solo estuvo en efecto durante una semana hasta que fue suspendido por la justicia. Durante los primeros días, los propios agentes fronterizos no sabían si afectaba a personas con residencia permanente y visados vigentes. Decenas de abogados se trasladaron a los principales aeropuertos del país para tratar de ayudar a los familiares de inmigrantes que esperaban ansiosos a conocer la suerte de sus allegados.

Tras la paralización del primer decreto, Trump firmó una versión más rebajada en marzo, pero un día antes de su entrada en vigor la norma volvió a ser frenada por los tribunales. El Gobierno decidió entonces recurrir al Supremo, que le ha dado parcialmente la razón mientras estudia a fondo en otoño la constitucionalidad del decreto.

A diferencia del primero, en el segundo veto migratorio, ya no figuró Irak y la restricción no afectó a las personas que ya tenían un visado o residencia permanente. También se eliminó el lenguaje a favor de proteger a minorías religiosas, en una alusión a cristianos en Oriente Próximo, y se enfatizó que la restricción respondía a motivos de seguridad nacional para evitar resquicios legales sobre una posible discriminación intencionada a musulmanes.

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