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Asia Bibi, excarcelada siete días después de ser absuelta

Asia Bibi, en una imagen de archivo - AFP.

8 de noviembre de 2018 – Agencias.

Horas después de que el Gobierno paquistaní dijera que Asia Bibi –la católica condenada a muerte por «blasfema»– seguía encarcelada «por su seguridad», su abogado confirmó anoche su salida de la cárcel de Multán. La cristiana se encuentra en estos momentos «protegida y en paradero desconocido», a la espera de que se confirme su posible salida del país.

La marcha de Asia Bibi y su familia es un imperativo moral y político para el Gobierno de Imran Khan, dado el clima de odio fomentado por los partidos radicales. Hasta el momento, el único país que se ha ofrecido a acogerla es Italia.

El caso de Asia Bibi ha permitido que salgan a la luz centenares de casos similares de falsas acusaciones contra cristianos en Pakistán al amparo de la «ley de la blasfemia». Son alrededor de mil los acusados, según Ayuda a la Iglesia Necesitada, y muchos, como Asia Bibi, están condenados a muerte por tribunales locales, con procesos ralentizados por recursos en instancias superiores.

Joseph Danwar tuvo que huir y refugiarse en Valencia hace cuatro años, después de que un tribunal paquistaní condenara a su hermana Shagufta Kausar, junto a su marido, a la pena de muerte, por enviar presuntamente mensajes en sms contra el islam. Joseph vivía en Karachi, a mil kilómetros de la residencia de su hermana. Cuando la Policía le llamó para decirle que iba a ser investigado «no me lo pensé, apagué el móvil, dejé mi trabajo y compré un billete para España».

El caso de Shagufta y su marido Shafqat es especialmente dramático. Los dos cristianos fueron acusados en 2014 de haber enviado desde su móvil textos contra el Corán. «De nada sirvió que mi hermana hubiera denunciado poco antes su robo, no se le escuchó», cuenta Joseph a ABC. Tampoco fue un obstáculo que Shafqat sea discapacitado y necesite una silla de ruedas a causa de un accidente. Ni que ambos sean pobres y analfabetos, y los supuestos sms enviados estuvieran escritos en inglés. Ambos fueron sentenciados a muerte por un juez de primera instancia, por presión de los grupos islamistas. El caso se encuentra ahora paralizado en un tribunal superior por el recurso de su abogado.

La liberación de Asia Bibi, ordenada hace ocho días por el Tribunal Supremo de Pakistán, es un rayo de esperanza para Shagufta y Shafqat así como para centenares de otros cristianos falsamente acusados por los islamistas. Pero el calvario de la que muchos consideran icono de la persecución religiosa aún no ha terminado.

El ministro de Información de la provincia del Punjab, Hassan Chauhan, donde está detenida, afirmó ayer que la madre católica de cinco hijos «sigue en prisión por su seguridad, protegida por la Policía». La misma fuente señaló que el Gobierno «no ha prohibido a Asia Bibi abandonar el país», y que esa será una decisión que «corresponde al Supremo», ante el que los islamistas radicales han presentado un recurso para que la cristiana no pueda dejar Pakistán. No obstante, el máximo tribunal fue explícito la semana pasada al dictar la sentencia absolutoria y ordenar la excarcelación de la mujer.

Durante los tres días posteriores a esa decisión, los partidos ultraislamistas movilizaron a sus militantes en todo Pakistán con marchas y huelgas para exigir la ejecución de Asia Bibi, y presionar al Gobierno de Imran Khan. El viernes pasado por la noche trascendió un acuerdo entre Khan y el principal partido islamista radical para desconvocar las protestas a cambio de impedir que Asia Bibi deje Pakistán.

La presión internacional fue capaz de influir en los jueces del Supremo para dictar justicia, pero no ha logrado aún poner fin al caso. El marido de Asia Bibi ha pedido ayuda por vídeo a Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Italia, pero hasta ahora solo el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, ha ofrecido ayudar a su familia «si cuenta con la colaboración de otros países europeos».

Pakistán, la única potencia musulmana con la bomba atómica, cuenta con 170 millones de habitantes, de los que solo 2,5 millones son cristianos, la mitad de ellos católicos.

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