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Bury North da la llave de Downing Street

4 de Mayo de 2015 – Agencias.

Quien gana Bury North gana Downing Street. La frase es de sobra conocida por todo aquel que se dedica a la política en Reino Unido. Los vecinos de esta pequeña circunscripción al noreste de Inglaterra –con un censo de 87.218 habitantes– votaron a los «tories» en los tiempos de Margaret Thatcher y apostaron por los laboristas cuando Tony Blair llevaba la batuta. El candidato que consigue el escaño comparte siempre partido con el que se convierte luego en primer ministro. En definitiva, Bury North es el «Ohio británico», por lo que ayer se respiraba especial tensión en el tradicional mercado los fines de semana, donde los voluntarios de campaña de los dos partidos mayoritarios conversaban con la mejor de sus sonrisas intentando asegurar el voto.

Una simpatizante abraza a David Cameron durante su visita a Addingham, donde se celebraba la vuelta ciclista de Yorkshire.

Una simpatizante abraza a David Cameron durante su visita a Addingham, donde se celebraba la vuelta ciclista de Yorkshire.

En 2010, fue el conservador David Nuttall quien se hizo con la victoria por 2.200 votos después de que el anterior diputado laborista David Chaytor fuera encarcelado por unos gastos fraudulentos. Nuttall, con todo, no es un «tory» al uso. No puede serlo si ha sido capaz de ganar en una circunscripción del norte, donde los conservadores no gozan de especial popularidad. «Antes de meterme a política trabajé como abogado y estaba en contacto con ricos y con quien no tenía mucho dinero. En definitiva, siempre me he movido con gente de todas las clases sociales y eso es lo que hago ahora. Hablar y escuchar a todos», explica.

Sus fuertes convicciones contra la UE han hecho que la Prensa le señale como uno de los futuros tránsfugas para unirse al UKIP, pero él lo niega. «No tengo ningún plan de abandonar el partido en el que llevo 35 años. Mientras tenga libertad como ahora para expresar mis pensamientos, permaneceré en el Partido Conservador. Es cierto que no estoy de acuerdo con todo lo que se dice en la formación. Pero sería un mundo extraño si todos estuviéramos de acuerdo en todo», contesta.

Su rival en estas elecciones es James Frith, que presume de ser de la zona «de toda la vida». «Mi abuelo era el vicario aquí», señala. «Conozco a todos los vecinos y sé cuáles son sus preocupaciones. Lo que quiero es devolverles la justicia», añade. Los candidatos no pueden ir más igualados en los sondeos. A pesar de que la circunscripción tiene todas las características para tener a un electorado laborista, según Philip Collins, columnista de «The Times» y antiguo residente en Bury North, en esta ocasión ve difícil una victoria de Frith.

Apunta dos razones. Ninguna está en sus manos para cambiar. La primera, la economía. Éste es un lugar asociado con el libre comercio y la empresa. De hecho, se dice que está lleno de «ángeles de mármol», frase utilizada por la clase trabajadora que vota a los «tories». La segunda, Ed Miliband. A pesar de que la popularidad del líder de la oposición ha mejorado considerablemente en las últimas semanas, tal y como explican en las oficinas del partido conservador de Bury, «una de cada dos personas que vienen citan a Miliband como su razón para dar su apoyo a los ‘tories’».

La campaña estos últimos días es una locura para unos y otros. Los voluntarios llegan a visitar a los vecinos hasta tres veces al día. Pero la actividad de este escaño marginal es un microcosmos de lo que está ocurriendo a nivel nacional. A tan sólo tres días de la cita con las urnas, conservadores y laboristas siguen en empate técnico. El particular sistema electoral británico había generado en los últimos 70 años una confortable alternancia de poder. Pero ahora ningún partido tiene posibilidades de conseguir mayoría y en el «backstage» comienzan las negociaciones para posibles pactos postelectorales.

En este sentido, según señalaban ayer los dominicales, aunque Cameron no rechaza reeditar un bipartito con los liberal-demócratas, si gana el mayor número de escaños pero no llega a la mayoría, tampoco descarta intentar emplear un potencial estatus como la formación más votada para formar Gobierno en solitario. De esta manera, retaría a los laboristas a tumbarlo votando «no» el 27 de mayo al Discurso de la Reina, el proyecto clave con el que los Ejecutivos británicos presentan las perspectivas legislativas del año entrante. Para ello, los de Miliband necesitarían apoyarse en los nacionalistas escoceses, precisamente la formación con la que han rechazado pactar para llegar al poder.

Si por el contrario los laboristas son la fuerza más votada –aunque tampoco lleguen a la mayoría de 326 escaños–, también podrían formar un Gabinete en minoría. Todo se antoja demasiado confuso e inestable. Los analistas vaticinan ya semanas de caos y no descartan la celebración de otros comicios. Las consecuencias para la economía serían catastróficas.

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