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Cadena perpetua para los responsables de los vuelos de la muerte argentinos

30 de noviembre de 2017 – Agencias.

A cinco años exactos de iniciadas las audiencias, ayer se conoció el veredicto en el tercer tramo del juicio por delitos cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en el que están acusados 54 ex militares por casi 800 crímenes de lesa humanidad, ocurridos en la dictadura cívico militar. Se trata de la causa de los vuelos de la muerte, uno de los episodios más escalofriantes de la historia de Argentina.

El Tribunal Oral Federal 5 (TAF5) condenó a la pena de prisión perpetua a los represores Jorge «El Tigre» Acosta y Alfredo Astiz, al hallarlos culpables de crímenes ordenados y organizados en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la última dictadura. Al ingresar al recinto de los tribunales Federales de Comodoro Py (Buenos Aires), desde la tribuna superior de la sala familiares de los acusados comenzaron a aplaudir y a cantar el himno nacional mientras algunos vitoreaban «Argentina, Argentina». En la planta baja, familias y víctimas de la represión respondieron al grito de «asesinos», dejando de manifiesto la tensión contenida en la previa a la lectura de los magistrados.

«Astiz, vas a morir en la cárcel como Videla», se escuchó que alguien increpó desde la multitud al llamado «ángel de la muerte», el ex capitán de fragata de la Armada Argentina Alfredo Astiz. Pocos minutos más tarde los jueces informaban que Astiz era condenado a cadena perpetua, al igual que sus compañeros Jorge Eduardo Acosta, Randolfo Agusti Scacchi, Mario Daniel Arru y Juan Antonio Azic, entre otros.

Las audiencias en las que se investigan 789 hechos comenzaron el 28 de noviembre de 2012. Entre los represores se encuentran los acusados de tripular los aviones navales en los que las víctimas eran arrojadas adormecidas al mar y comprende el tramo que va desde 1979 a 1982, lapso en el que funcionó activamente el Grupo de Tareas G.3.3.2.

De los seis pilotos llevados a juicio, algunos fueron denunciados por sus compañeros de una aerolínea holandesa, ante quienes confesaron detalles de los vuelos en una cena en la que estaban embriagados. Esa fue la metodología aplicada sistemáticamente para deshacerse de los prisioneros en la ESMA, en su gran mayoría militantes de la izquierda peronista, en particular de la organización Montoneros, movimientos villeros –de los asentamientos pobres que rodean Buenos Aires– y religiosos. Entre ellos están la estudiante sueca Dagmar Hagelin, los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, y las diez víctimas que se conocen como «el grupo de la Santa Cruz», que incluye a las primeras Madres de Plaza de Mayo y las monjas francesas Alice Doumont y Leonnie Douquet.

En el alegato para demostrar la existencia de los «vuelos de la muerte», los fiscales Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Freile reconstruyeron la existencia de un Comando de Operaciones Navales (Coop) al que los 11 grupos de tareas de todo el país requerían los aviones Skyvan, Eelectra, DC3 y helicópteros, desde los cuales los prisioneros eran arrojados adormecidos con el llamado «Pentonaval» al mar o al río de la Plata.

Varios de los acusados ya fueron condenados en los casos «Esma-2» y en el del plan sistemático de apropiación de niños nacidos en cautiverio.

Éste es el tercer juicio, que se celebra por delitos cometidos en la ESMA, pero ha sido el más prolongado de ellos. Por la cantidad de imputados, los casos comprendidos y el números de testigos que han declarado (entre ellos 400 sobrevivientes) es considerado el mayor proceso por delitos en la dictadura celebrado hasta ahora por la Justicia en Argentina.

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