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Cómo reaccionar ante un paro cardiaco

Ante un paro cardiaco, saber reaccionar a tiempo y hacer lo correcto, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Hay tres acciones simples que resultan indispensables: llamar a una ambulancia, masajear y desfibrilar el corazón de la víctima. Recordemos que cada minuto ganado aumenta en un 10% las posibilidades de supervivencia.

Tú puedes salvar una vida
Muchos de los fallecimientos por paro cardiaco podrían prevenirse gracias a un masaje cardiaco y a una descarga eléctrica o desfibrilación. Un 7% de los paros cardiacos tiene lugar en presencia de una o más personas, pero apenas un 20% de ellas actúa de manera adecuada. Sin embargo, la supervivencia podría mejorar si se actuara ante los primeros indicios de paro cardiaco.

Aprende a reconocerlo y actuar de inmediato
La parada cardiaca se caracteriza por una pérdida de conciencia de la víctima, que se desploma y no reacciona a los estímulos. Su respiración es inexistente o muy irregular y el pecho no se mueve. En cuanto esto pasa, la sangre ha dejado de circular por el cuerpo.
De manera que es esencial actuar sin dilación, porque pasados los cinco minutos, si no se hace nada, el cerebro sin oxígeno sufre daños gravísimos, muchas veces irreversibles y capaces de provocar la muerte. Afortunadamente, intervenir de manera precoz puede servir para reanimar el corazón y evitar así las peores secuelas.

Tres pasos a seguir
Hay tres acciones que, practicadas desde el primer instante, ofrecen la posibilidad de seguir viviendo a la persona cuyo corazón deja de latir. Conocer la manera de proceder permite actuar con sangre fría y con mayor velocidad, en caso de necesidad.

1. Llamar a la ambulancia: En primer lugar, hay que poner a la víctima en una zona segura. Después, hay que avisar que alguien necesita ayuda médica de urgencia, lo que permite iniciar la cadena de auxilio. Al avisar a la ambulancia, quien asiste debe dar información precisa acerca del lugar donde está la víctima. Debe, asimismo, describir con precisión qué ha visto, qué ha hecho o si le ha practicado al enfermo un masaje. De este modo, el interlocutor podrá guiar sus acciones hasta que llegue la ayuda médica.

2. Masajear el corazón: La víctima debe estar acostada sobre una superficie dura y plana. El masaje cardiaco y el boca a boca permiten sustituir la función del corazón, que deja de bombear sangre, sobre todo, al cerebro. Durante los primeros minutos, sin embargo, es posible concentrarse únicamente en el masaje, pues la sangre aún tiene reservas de oxígeno suficiente. El masaje debe consistir en 100 presiones por minuto, en secuencias de 30. Para ello, hay que poner las rodillas a una lado de la víctima y colocar las manos una sobre la otra y éstas sobre el esternón. A continuación, hay que apoyar todo el cuerpo sobre el tórax y, con los brazos estirados, hundir las manos unos tres o cuatro centímetros, subiéndolas tras cada compresión.

3. Desfibrilar: Al cabo de dos minutos, la persona que asiste puede interrumpir el masaje cardiaco y desfibrilar el corazón con el desfibrilador automático externo, si este estuviera cerca y disponible. Si no lo estuviera, hay que continuar masajeando hasta que llegue la ambulancia.

El desfibrilador permite, mediante un shock eléctrico, reanudar la actividad cardíaca.

Muy simple y seguro, guía al usuario de manera sonora etapa por etapa e indica cómo colocar los electrodos sobre el tórax de la víctima. Después, el aparato realiza por sí solo el diagnóstico y lanza un shock eléctrico únicamente si fuera necesario, de manera que no hay riesgo de equivocarse. / Agencias.

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