La nación

EE UU, México y Canadá encaran la recta final de la negociación del TLC

Los ministros a cargo de la negociación: Freeland (Canadá), Guajardo (México) y Lighthizer (EE UU). CUARTOSCURO

Los tres países aceleran el paso en las conversaciones con la vista puesta en llegar a un acuerdo antes de mediados de mayo

27 de abril de 2018 – México – Agencias.

El ensayista y financiero Nassim Nicholas Taleb acuñó el término “cisne negro” para referirse a hechos harto improbables, que muy pocos lograron predecir, pero que a la postre cambian el curso de los acontecimientos. Diez años después de la publicación del libro homónimo en el que desarrollaba su teoría, este tipo de lances se han multiplicado a lo largo y ancho del mundo, como si de la noche a la mañana nos hubiésemos dado cuenta de que lo probable es eso, simplemente probable y no seguro. Que no todo lo que tiene visos de cumplirse acaba convirtiéndose en un hecho. Ocurrió con el Brexit, en junio de 2016; se repitió con la victoria de Donald Trump, cinco meses después; y tiene muchos visos de volver suceder con la renegociación exitosa del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC): hace solo tres meses prácticamente nadie lo creía posible y hoy las tres partes involucradas -Estados Unidos, México y Canadá- se acercan a marchas forzadas a un acuerdo en los próximos días o semanas.

Tanto a México como a EE UU les interesa que el pacto para la renegociación del mayor acuerdo comercial del planeta se cierre antes de mediados de mayo para que la aprobación de los respectivos Legislativos llegue antes de dos citas clave con las urnas: las elecciones presidenciales mexicanas de julio y los comicios legislativos de mitad de mandato (midterm) en la primera potencia mundial. Desde el inicio de las negociaciones, el verano pasado, México siempre ha suspirado un acuerdo rápido para disipar la incertidumbre comercial que se cierne sobre su economía, la segunda mayor de Latinoamérica. El temor no es en vano: con el TLC se juega el 80% de sus exportaciones. “Estamos avanzando y nos vamos a volver a ver mañana [por este viernes]”, dijo el jueves el canciller mexicano, Luis Videgaray, uno de los hombres clave en el diseño del acuerdo. Ildefonso Guajardo, mano derecha de Enrique Peña Nieto (PRI) en materia económica, ve, por su parte, un 80% de probabilidades de que el acuerdo cristalice.

En la orilla norte del río Bravo, las prisas son más recientes: a las encuestas que sitúan al Partido Republicano en una coyuntura complicada para reeditar su estrecha mayoría en el Senado en los comicios de noviembre, se suma la presión de los muchos gobernadores de la formación conservadora que se juegan la reelección en los muchos Estados que dependen de las ventas a México y Canadá. Para ellos, llegar a las urnas con un acuerdo debajo del brazo es fundamental y es la principal razón por la que Washington -vaivenes de Trump al margen- ha pisado el acelerador en las últimas semanas. Las buenas perspectivas electorales de Andrés Manuel López Obrador -la alternativa que menos gusta en los grandes foros empresariales y financieros- para convertirse en el próximo presidente de México han hecho el resto: si la negociación con el Ejecutivo de Peña Nieto ha sido difícil, se reflexiona en muchos despachos de la capital estadounidense, con el líder de Morena en Los Pinos lo sería aún más. En los últimos días, los asesores económicos más cercanos a López Obrador han dejado caer, en declaraciones, que acatarán el tratado que salga de las actuales negociaciones siempre y cuando este no conlleve “grandes cesiones” para México.

La fecha límite para pactar las líneas básicas del nuevo tratado de libre cambio es, según todas las fuentes consultadas, el 15 de mayo. Solo así podría quedar el tiempo suficiente para su tramitación parlamentaria en EE UU en la actual composición de las Cámaras. También porque el periodo de poderes especiales que el Congreso le otorgó a Trump -el llamado fast-track– está cerca de expirar y, de alargarse las conversaciones, el presidente necesitaría de una prórroga adicional.

“En México, como ha ocurrido con el TPP [Acuerdo de Asociación Transpacífico, que ha sido ratificado apenas un mes después de que se cerrase el acuerdo], el Senado lo aprobaría en nada”, augura Ignacio Martínez, coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio Exterior de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). “Pero en EE UU será diferente: allí la tramitación será más dura”. Su pronóstico es rotundo: el acuerdo llegará, dice, entre el 5 y el 10 de mayo. Las fechas cuadran: los ministros al cargo de la negociación volverán a verse las caras el próximo día 7, una de las fechas señaladas en el calendario trilateral. Pero el acuerdo no está ni mucho menos garantizado. “El riesgo es pecar de optimismo”, subraya un ex alto funcionario que trabajó activamente en la firma del actual TLC, en 1994, que prefiere mantenerse en el anonimato. “Igual que hasta hace bien poco éramos demasiado pesimistas, quizá ahora estemos siendo demasiado optimistas. Nada está cerrado hasta que todo está cerrado”.

Si llega el acuerdo, una posibilidad ha ido tomando fuerza en los últimos días tanto en Washington como en la Ciudad de México: que, inmediatamente después de que Trump anuncie el principio de entendimiento, anuncie la cancelación del texto actualmente vigente. De esa forma, cumpliría una de sus grandes promesas electorales -que el TLC actual acabe siendo papel mojado- y el reloj echaría a andar. El mensaje para sus propios senadores sería inequívoco: o hay fumata blanca -por la vía rápida- para el nuevo tratado o EE UU, México y Canadá se quedarán sin un marco rector para los más de 1,2 billones de dólares de intercambios comerciales anuales.

Aunque cada vez más cercanas, las posturas de los tres países aún no terminan de converger. Los temas más espinosos -las llamadas “píldoras venenosas”, a saber: contenido regional en la industria automotriz, resolución de controversia o el intento de Trump de cancelar el TLC cada cinco años si los tres países no acuerdan antes lo contrario- todavía están sin resolver. Pero las posiciones se han acercado mucho. En el caso del sector automotor, contrario a la propuesta inicial de la Administración Trump sobre reglas de origen, las negociaciones se han multiplicado en las últimas semanas y el Gobierno estadounidense ya ha dejado caer sus polémicas exigencias iniciales. “Tanto México como Estados Unidos han comenzado a ceder. Canadá es quien muestra mayor resistencia, en aspectos como modificar los mecanismos de solución de disputas comerciales”, concluye José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico de México. “Hay elementos para considerar que se puede concluir la negociación en las próximas semanas”.

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