La nación

El efecto Michelle

La primera dama se ha convertido en el gran activo de la campaña de Barack Obama. Su discurso en la Convención pretende dar el impulso definitivo a la reelección de su marido.

5 Septiembre 12 – Agencias

CHARLOTTE (CAROLINA DEL NORTE)- Cuando el presidente Barack Obama le contó a la primera dama Michelle Obama sus intenciones políticas, ella intentó disuadirle. Más tarde, le puso varias condiciones: él tenía que dejar de fumar; ella se mantendría al margen de las campañas, y las dos hijas del matrimonio, Sasha y Malia, tendrían que estar alejadas del circo político. Hasta el momento, Obama sólo ha podido mantener el último de estos compromisos que adquirió con su mujer. Durante la campaña de 2008, Michelle acaparó toda la atención por su ya conocido «resbalón» en un acto, cuando aseguró que «por primera vez estoy orgullosa de mi país» al haber escogido a un candidato afroamericano. Aquella impresión de mujer enfadada difundida por la prensa más conservadora de EE UU, ya ha quedado muy lejos. Cuando ayer se subió al escenario del Times Warner Cable Arena, de Charlotte, todo fue diferente. Michelle Obama se ha forjado una imagen de mujer con estilo y es muy querida entre los votantes. Preocupada por la nutrición de los estadounidenses, trabaja sin descanso en un programa dirigido a los niños para que coman verduras y fruta y hagan ejercicio. Esta campaña, «Let’s move», donde colabora el cocinero español José Andrés, ha tenido gran éxito.

El discurso de ayer de Michelle, que sin duda volverá a trabajar cuando su marido abandone la Casa Blanca, preferiblemente para ellos en 2017, fue dirigido especialmente a las mujeres. Este sector del electorado es clave para los demócratas en estas elecciones, el cual se ha convertido en un asunto espinoso. Sobre todo después de las declaraciones de un político republicano sobre que el cuerpo de una mujer tiene mecanismos para evitar el embarazo cuando la «violación es legítima». Ayer Michelle Obama recordó a las votantes que su marido ha permitido que dos mujeres formen parte del Tribunal Supremo y su lucha por lograr la igualdad de sueldos, entre otros asuntos.

La primera dama se encargó de contar anécdotas del presidente, en su faceta de padre, marido y amigo. «Mi marido, y nuestro presidente, es el hombre correcto para este trabajo. Hace 23 años me enamoré de Barack por su pasión, sentido del propósito y su determinación para hacer la vida de otras personas mejor. Él es así, y así es la persona que está en la Casa Blanca. Y durante los siguientes dos meses tenemos que dar todo lo que tenemos para que podamos tener la oportunidad de terminar lo que empezamos (hace cuatro años)», dijo Michelle en un mensaje a los votantes que sirvió de adelanto del esperado discurso. Si en 2008 Obama era el favorito entre los votantes, en 2012 los índices de popularidad han cambiado. Según una encuesta de la NBC y «Wall Street Journal», Michelle Obama tiene el favor del 54% del electorado. Mientras que su marido cuenta con el 49%.

El director de comunicaciones de «Obama para América» Brent Colburn aseguró que en los próximos días «trataremos los planes que tiene el presidente para EE UU y dónde necesita estar». Esta estrategia forma parte del plan para contrarrestar la desilusión de los votantes decepcionados. Los tres objetivos de los demócratas serán presentar las diferencias del plan económico de Romney y Obama, recordar dónde se encuentra EE UU y dónde podría haber estado, recordar las decisiones difíciles de Obama mientras se tambaleó el país en 2009 y explicar dónde quiere Obama llevar a su nación.

Mientras, y antes de desplazarse a Charlotte, el presidente continúa su gira por los estados clave. Ayer, en una entrevista a una cadena de Colorado repitió lo mismo que en 2009 y 2010 cuando le preguntaron sobre qué calificación le daría si fuese su profesor en la asignatura de Economía: «Incompleto», respondió el presidente. En cambio, Colburn explica que «vamos a hacer hincapié en todos los logros de Obama en política de seguridad nacional y exterior», donde tiene un currículum impecable.

Poco antes de que comenzara el maratón de intervenciones estelares, la Convención Demócrata aprobó ayer la plataforma del partido, muy diferente de la que votaron los republicanos la semana pasada, especialmente en asuntos sociales. Los demócratas respaldan el derecho de las mujeres a elegir si quieren abortar, por primera vez apoyan el matrimonio entre personas del mismo sexo y se mostraron en contra del plan republicano para reformar el «Medicare» (programa de cobertura sanitaria para personas mayores de 65 años). Defienden el derecho de los trabajadores a sindicarse, prometen la ampliación de recortes de impuestos a las familias trabajadoras y a aquéllos que tienen que pagarse los altos recibos de la universidad. Mientras, piden a las corporaciones y clases acaudaladas que paguen una parte justa de sus ingresos. Además, están en contra de privatizar las pensiones y hacerlas dependientes del mercado de valores de Wall Street. Ya se ha dado el pistoletazo de salida en Charlotte y las fuerzas demócratas están listas para intentar la reelección de Obama.

Julián Castro, el Obama hispano

A Rosi Carrasco, de 50 años, no le preocupa su situación de inmigrante indocumentada a pesar de llevar 18 años en EE UU. «Pienso en mis hijas. Vinimos para reunirnos con mi marido con visa de turista, pero nos quedamos. Éste es el hogar de mis niñas. Ahora son mayores, pero nos pueden deportar en cualquier momento», indica esta mexicana en el restaurante Jalisco. Es parte del grupo de inmigrantes que ha recorrido en autobús varios estados para recordar la importancia de la reforma migratoria. Obama puso un parche hace meses a esta cuestión, muy ligada al voto latino, al anunciar el cese de deportaciones a menores de 30 años que estudian y no tengan antecedentes criminales. Rosi Carrasco no se cree las buenas intenciones del presidente. Obama eligió al alcalde de San Antonio (Texas), Julián Castro, para el discurso clave de la convención para llamar la atención del importante voto latino. Castro utilizó ayer su historia personal para evocar el sueño americano. «La historia de mi familia no es especial. Lo que sí es especial es el Estados Unidos que hace nuestra historia posible. La nuestra es una nación como no hay otra en un lugar donde los excepcionales viajes pueden ser posibles en una sola generación. No importa quién seas o de dónde vengas, el camino es siempre hacia delante. Los republicanos cuentan historias de éxito individual. Todos lo celebramos. Pero la pregunta es: ¿cómo multiplicamos este éxito? La respuesta es: el presidente Barack Obama».

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