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El «fujimorismo» desgarra a la sociedad peruana

9 de abril de 2016 – Bogotá – Agencias.

Keiko Fujimori, de "Fuerza Popular", durante el cierre de campaña.

Keiko Fujimori, de “Fuerza Popular”, durante el cierre de campaña.

Era la noche del 5 de abril de 1992 cuando el entonces presidente peruano, Alberto Fujimori, dio un mensaje televisado al país para anunciar el cierre del Congreso Nacional y el control de los otros poderes, acuartelando en sus casas a sus máximos representantes. Después de 24 años de ese «autogolpe», el fujimorismo sigue marcando el debate político ante la primera vuelta de las elecciones presidenciales que se celebran hoy para sustituir a Ollanta Humala. En los televisores aparece ahora Keiko Fujimori, hija del mandatario que hoy se encuentra en prisión condenado a 25 años por sus crímenes y corrupción durante su Gobierno de 1990 a 2000. Las encuestas otorgan una clara ventaja a Keiko (Fuerza Popular), con un 36% de intención de voto, un apoyo ajustado para alcanzar más de la mitad de los votos en la segunda vuelta, fechada para el 5 de junio, cuando todo el anti fujimorismo se agolpe entorno a una misma opción.

«La presencia de Keiko Fujimori polariza el país entre ‘‘fujimoristas’’ y ‘‘anti fujimoristas’’, una confrontación que en los comicios de 2011 le costó la elección a Keiko, pese a que los primeros cálculos de los sondeos la ponían como ganadora», explica, Pedro Tenorio, director de la revista «Correo Semanal». Una brecha social que se ha puesto de manifiesto en las cuatro protestas contra la candidata durante la campaña, bajo el lema «Keiko no va». La última en Lima, la más multitudinaria desde el final de la dictadura de Fujimori. Esta vez, en cambio, Keiko ha tratado de tomar distancia del legado de su padre. En el último debate televisivo, aseguró que «el 5 de abril no es una fecha para celebrar» (momento en que se abrió la etapa autoritaria fujimorista) y se comprometió a respetar la no reelección presidencial, como establece la Constitución que su padre se saltó. Sin embargo, esos esfuerzos no han sido suficientes para revertir el anti voto, cercano al 50%, ni ganar la credibilidad necesaria: dos tercios de los votantes desconfían de las promesas de Keiko.

«Es favorita, pero le costará sobreponerse a colectivos como ‘‘No a Keiko’’ (organizador de las recientes protestas) que traen a la memoria los excesos perpetrados por el Gobierno de su padre. En Perú no han sanado las heridas del fujimorismo y no solo eso: aún están lejos de sanar del todo», apunta Tenorio sobre un régimen que dejó 250.000 muertes y miles de esterilizaciones forzadas, una práctica que muestra la crueldad de esa etapa. Una de las candidatas que más ha explotado ese pasado en su discurso ha sido la izquierdista Verónika Mendoza (Frente Amplio), quien experimentó un notable ascenso tras la eliminación de la carrera electoral de dos candidatos, uno de ellos Julio Guzmán, a la cabeza en las encuestas, por cuestiones formales. Mendoza se disputa el segundo puesto con Pedro Pablo Kuczynsky (Peruanos por el Kambio), ex ministro de Economía con Alejandro Toledo. Ambos cuentan con alrededor de un 16% de respaldo.

La candidata izquierdista «encarna el cambio de un modelo cuestionado en el país y se nutre del hartazgo de la sociedad, que busca rostros nuevos», explica el analista político, Ricardo Vásquez Kunze. Según un sondeo de Ipsos a mediados de marzo, un 83% de los peruanos no cree en los partidos políticos, mientras que cerca del 40% espera que el futuro Gobierno haga cambios radicales en la política económica. Pese a que Perú ha crecido un promedio del 4% del PIB anual en el último lustro, con una desaceleración hasta el 3,26% el pasado año, persisten problemas estructurales como la informalidad laboral (un 82% de jóvenes detentan un empleo sin contrato), además de un súbito aumento de la inseguridad, una de las mayores preocupaciones sociales. El 30,6% de los peruanos ha sido víctima de al menos un acto delincuencial durante el año pasado, la tasa más alta de América Latina. En esa batalla por el segundo puesto, Kuczynsky se ha visto golpeado por la aparición de su nombre en los «papeles de Panamá». Un escándalo que, de momento, no ha dañado la imagen de Fujimori, implicada indirectamente, aunque sí podría afectarle en la segunda vuelta «cuando haya dado tiempo a la prensa a dilucidar su uso político», indica Vásquez Kunze.

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