Religión

El jefe de los obispos sale en defensa del Papa por las acusaciones de encubrimiento

El papa Francisco, este domingo en la plaza de San Pedro. TIZIANA FABI. AFP.

Marc Ouellet acusa al exnuncio Viganò de perpetrar un “montaje político carente de fundamento”

8 de octubre de 2018 – Roma – Agencias.

El caso Viganò, desatado cuando el arzobispo y exnuncio en Washington acusó el pasado agosto al Papa de encubrir los abusos del cardenal Theodore McCarrick y pidió su dimisión, sigue comportándose como un elefante dentro del Vaticano 40 días después de su explosión. Esta vez ha sido la propia Santa Sede, a través de una carta firmada por Marc Ouellet, prefecto para la Congregación de los Obispos, la que ha vuelto sobre el tema para aclarar algunos puntos. El prelado, que no se encuentra en el círculo más cercano de Francisco, ha escrito una carta de tres páginas difundida por la Secretaría de Comunicación del Vaticano en la que defiende al Papa y acusa a Carlo Maria Viganò de perpetrar un “montaje político carente de un real fundamento”.

Ouellet, justo cuando se celebra en Roma el multitudinario sínodo de obispos sobre la juventud, ha elaborado una carta abierta en la que desmenuza algunas de las acusaciones que lanzó Viganò contra el Pontífice y la jerarquía eclesial. Directo, tuteándole y afeándole su comportamiento, el cardenal recorre todos los episodios recientes. “Te digo francamente que acusar al Papa de haber encubierto conscientemente a este presunto depredador sexual, y por lo tanto de ser cómplice de la corrupción en la Iglesia, al punto de considerarlo indigno de seguir con su reforma como primer pastor de la Iglesia, me resulta increíble e inverosímil”, afirma Ouellet. Y continúa expresando su sorpresa ante su denuncia: “No llego a comprender cómo has podido dejarte convencer de esta acusación monstruosa que no se sostiene. Francisco no tuvo nada que ver con su promoción en Nueva York, Metuchen, Newark y Washington”.

El consejo de cardenales que asesora al papa Francisco, conocido como C9, anunció hace un mes que el Vaticano daría las oportunas y necesarias explicaciones a las acusaciones de Viganò. Pero nunca llegaron, al menos de forma oficial. La carta de Ouellet, difundida por el servicio de prensa del Vaticano y, por lo tanto, aprobada por la Secretaría de Estado, es lo más cercano a una versión oficial que ha salido hasta ahora de la Santa Sede sobre un tema que colea desde el verano y que sigue añadiendo capítulos a este serial. “Recuerdo haber gozado durante un tiempo de tu estima y de tu confianza, pero constato que ahora he perdido ante tus ojos la dignidad que me reconocías, por el simple hecho de haber permanecido fiel a las orientaciones del Santo Padre en el servicio a la Iglesia que me ha confiado”.

El Vaticano anunció ese mes que el Papa había expulsado del Colegio Cardenalicio a McCarrick, de 88 años, le había apartado de sus funciones y dispuesto su reclusión hasta el juicio canónico sobre sus presuntos abusos sexuales de sacerdotes y seminaristas. Pudo ser casualidad, pero poco después llegó la carta de Viganò en la que, a lo largo de 11 páginas, apuntaba con bala al Pontífice, pedía su dimisión y le acusaba de haber mirado hacia otro lado sabiendo que McCarrick había sido sancionado y apartado por Benedicto XVI. El excardenal, jubilado en mayo de 2006, fue exhortado a no viajar y a no hacer apariciones públicas a fin de no provocar más rumores como los que circulaban sobre él. “Es falso presentar las medidas tomadas con relación a él como ‘sanciones’ decretadas por el papa Benedicto XVI y anuladas por el papa Francisco. Tras una revisión de los archivos, constato que no hay documentos al respecto firmados por uno u otro Papa, ni nota de audiencia de mi predecesor el cardenal Giovanni Battista Re”.

Ouellet asegura que, tras revisar sus archivos “no hay documentos firmados por los papas que estipulen la obligación de McCarrick al silencio y a la vida privada, bajo penas canónicas”. El motivo, sostiene el prefecto, es que “por entonces no se disponía, a diferencia de hoy, de pruebas suficientes de su presunta culpabilidad”. Su caso, dice, habría provocado nuevas medidas disciplinarias si la Nunciatura de Washington u otra fuente “hubiera proporcionado informaciones recientes y decisivas” sobre su comportamiento.

El prefecto acepta la “incoherencia” de que McCarrick haya alcanzado los cargos más elevados en la Iglesia católica a lo largo de su larga vida, ante lo que se dice “asombrado”, y asume “defectos en el procedimiento de selección”. Pero advierte de que “se debe comprender que las decisiones del Sumo Pontífice —a la hora de nombrar cargos— se basan en las informaciones de las que se disponen en un preciso momento y constituyen el factor de un juicio prudencial que no es infalible”.

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