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El kéfir: remedio natural para muchos males

El origen del kéfir no se conoce con certeza, pero la hipótesis más difundida es la de que surgió en el Cáucaso (región entre Europa del Este y Asia Occidental) y anterior al Islamismo, siendo ya muy popular en los tiempos de Mahoma.

Fue precisamente en esta época que se observaron sus cualidades curativas, especialmente en el tratamiento de las enfermedades del aparato digestivo.

La fórmula de su preparación se mantuvo en secreto durante mucho tiempo, aunque supuestamente Marco Polo la descubrió en uno de sus viajes a Oriente, a finales del siglo XIII. Sin embargo, no fue hasta principios del siglo XIX cuando empezó a emplearse en Occidente como tratamiento para la tuberculosis.

¿Qué es el kéfir?
Durante la fermentación de la leche, un grupo de bacterias y levaduras se desarrollan, agrupan y forman gránulos de coloración blanca que al contacto con el agua o leche adquieren una consistencia cremosa, leve sabor ácido y un aspecto muy parecido al yogurt natural.

Propiedades curativas del kéfir
El kéfir restablece la flora intestinal, en especial después de períodos de diarrea, para lograr una buena digestión y absorción de los nutrientes. Esto se debe al hecho que el kéfir elimina de los intestinos microorganismos perjudiciales, aumentando la población bacteriana benéfica y protectora de la salud.

Debido a sus propiedades antivirales, antifúngicas, antisépticas y antibióticas, se considera adecuado para prevenir problemas como las úlceras y la gastritis.

Al contener triptófano, el kéfir tiene un efecto positivo sobre el sistema nervioso, ya que mejora los problemas para conciliar el sueño o profundizarlo y beneficia también a las personas que sufren de depresión.

Sin embargo, debido a su sabor agrio, muchas personas rechazan su consumo. Por ello, algunos prefieren incorporar frutas dulces como pasas y dátiles troceados, lo que, además de mejorar el sabor, parece facilitar el proceso de fermentación.

Actualmente, se recomienda para combatir el síndrome de fatiga crónica, la enfermedad de Crohn e incluso el enfisema pulmonar al tonificar y regenerar el organismo tras la ingestión de antibióticos.

Forma de elaboración casera del kéfir
Verter en un recipiente de vidrio o porcelana un litro de leche entera o integral a temperatura ambiente. Añadir de dos a cuatro cucharadas de gránulos de kéfir. Tapar el recipiente para evitar impurezas, dejando una salida de aire, pues algunos gases serán expelidos.

Dejar fermentar entre 12 y 48 horas. Luego, solamente se debe colar y tomar como refresco en las próximas 24 horas (si no se refrigera) y en hasta por cinco días (conservado en el refrigerador). Para tener siempre a mano kéfir, use los bacilos con una nueva dosis de leche.

Nota: En la elaboración del kéfir no se debe usar utensilios de metal, ya que pueden generar electricidad debido a la acidez del medio y cortar los “granos” innecesariamente.

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