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El Mediterráneo, una trampa mortal para 700 emigrantes

Roma – Agencias.

Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), son más de 700 las muertes en el Mediterráneo central en menos de una semana en los últimos tres naufragios que han tenido lugar en el Canal de Sicilia, la ruta que conecta Libia con Italia. Una ruta que para la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) es «la más peligrosa del mundo». Según ACNUR, que está reconstruyendo lo acaecido a través de los testimonios de los supervivientes, estarían sin localizar cien pasajeros del primer naufragio, 500 del segundo y 45 del tercero. Sin embargo, algunos supervivientes llegados a puerto en las últimas horas han asegurado que hubo al menos un cuarto naufragio.

Personal médico de la Marina italiana socorre ayer a una mujer a su llegada al puerto italiano de Reggio Calabria.

Personal médico de la Marina italiana socorre ayer a una mujer a su llegada al puerto italiano de Reggio Calabria.

Según Frontex, el cierre de la ruta balcánica ha disminuido un 90% las llegadas a Grecia por el mar Egeo oriental: de las 7.000 que se registraban al día en octubre, se ha pasado a 60. Esto ha provocado, sobre todo tras el acuerdos UE-Turquía, que la Europa balcánica haya dejado de ser el escenario principal de la urgencia humanitaria de ámbito migratorio. Con la progresiva llegada del buen tiempo, para Europa –y sobre todo para Italia– vuelve a ser un desafío el sector central del Mediterráneo, una ruta que siempre ha permanecido activa y que es la más mortal de todas. Según la OIM, más del 80% de las muertes de migrantes y refugiados en todo el mundo ocurren en el Mediterráneo, donde a su vez el 75% se produce en el canal de Sicilia y el restante en el Mediterráneo oriental. Italia ha recibido en la última semana a más de 13.000 inmigrantes y en todo 2016 el número supera los 45.000, principalmente nigerianos, gambianos y somalíes. El gran cambio cualitativo, de 2014 a 2015, fue la disminución de la presencia de sirios que optaban por el Egeo como un camino más cercano y seguro: 2016 podría verlos de nuevo retomar esta ruta, partiendo de Libia.

«No creo que nos encontremos en una situación de emergencia», afirmaba hace unos días el presidente del Gobierno italiano, Matteo Renzi, en el G-7 celebrado en Japón. «En el peor año hemos recibido a 160.000 personas, de modo que, por el momento, no podemos hablar de las cifras de 2014 y 2015. La crisis de los refugiados es un desafío que precisa de una respuesta global».Y añadió: «Propongo que el próximo G-7 en 2017 se celebre en Sicilia». Es cierto que las actuales llegadas y muertes que tienen lugar en el canal siguen los mismos ritmos del pasado año, con 45.000 personas rescatadas, frente a las 47.449 del periodo enero-mayo de 2015. Pero el buen tiempo y el cierre de la ruta balcánica podría disparar a partir de ahora las cifras y las medidas del Gobierno italiano corren el riesgo de no ser suficientes, dado que la gestión a veces discutible de los centros de acogida italianos –de naturaleza principalmente privada, aunque la financiación sea pública– ha propiciado que organizaciones como Médicos Sin Fronteras (MSF) hayan tenido que abandonar el centro de socorro y primera acogida de Pozzallo (Sicilia) por falta de medios sanitarios.

El conocido como «optimismo renziano», que muchos italianos denuncian en lo que concierne a la política interna, no permite esclarecer con detalle qué piensa hacer Italia este verano, cuando vuelvan a repetirse los esquemas de los anteriores. Valiosas han vuelto a ser las palabras del Papa Francisco que resumen la dicotomía de nuestro tiempo en relación a las migraciones: «No son un peligro. Están en peligro».

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