Latinoamérica Hoy

El populismo echa raíces en Perú

10 de abril de 2016 – Agencias.

Perú durmió ayer con un ojo clavado al televisor. Los primeros sondeos a pie de urna tras el cierre de los colegios no desvelaron todavía quien será el rival en la segunda vuelta de Keiko Fujimori, la vencedora como estaba previsto por un amplio margen de ventaja, con cerca de un 40% de votos. Un porcentaje superior al que arrojaban las encuestas previas y que supone un trampolín hacia la Presidencia de cara a la segunda vuelta del 5 de junio. Un grupo de seguidores celebraron estos datos en el Hotel Meliá de Lima como un triunfo, conscientes de que su candidata se queda más cerca de lo previsto para vencer dentro de dos meses.

La candidata presidencial peruana por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, saluda a sus seguidores tras votar EFE.

La candidata presidencial peruana por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, saluda a sus seguidores tras votar
EFE.

El estrecho margen de diferencia entre los dos aspirantes al segundo puesto, el neoliberal Pedro Pablo Kuczynski (PKK), y la izquierdista Verónika Mendoza, dejan en suspenso al país hasta el recuento final, que se cerrará hoy lunes, aunque las dos principales encuestadoras otorgan una ligera ventaja al ex banquero: un 20,6%, según GFK, y un 19,7%, según CPI. Mientras, Mendoza cosecha un 20,3% (GFK) y un 18,8% (CPI). Algunos simpatizantes de PKK tampoco dudaron en festejar los resultados provisionales.

Los comicios se celebraron ayer en un clima de frustración fruto de un crecimiento económico desigual y el aumento de la inseguridad en los últimos años. Un terreno abonado para el auge del populismo entre una sociedad que, por otra parte, todavía no se ha recuperado del legado autoritario del régimen de Alberto Fujimori (1990-2000), que cumple condena por los crímenes en esa etapa. Las principales candidatas emplearon un discurso demagógico en campaña. A la derecha, la hija del autócrata, Keiko Fujimori (Fuerza Popular), y a la izquierda, Mendoza (Frente Amplio), catapultada al segundo puesto en la recta final de campaña.

Ambas abrieron ayer la jornada, como el resto de candidatos, con el tradicional desayuno televisado, donde destacaron los logros culinarios de su familia y el interés por la cocina. Una escena tan insulsa como la campaña electoral, marcada por discursos demagógicos destinados a aprovechar el hastío de la población hacia el sistema político y encandilar a los numerosos jóvenes votantes.

«Ustedes se sienten abandonados por el Estado. En estos años lo que he hecho es recorrer, ver y sentir lo que sufre el ciudadano de a pie y así hemos elaborado nuestro plan de Gobierno que recoge las problemáticas del Perú olvidado y marginado», pronunciaba Keiko, quien ha tratado –con dudoso éxito– de distanciarse de la herencia de su padre, pero a su vez de mantener la pasión de los sectores populares hacia el fujimorismo. Un doble objetivo que le ha hecho caer en contradicciones. En el último debate televisivo, cerró su intervención mostrando un documento titulado «Compromiso de honor por Perú», donde se comprometía a respetar la Constitución, a diferencia de su progenitor que la tumbó. Un gesto, sin embargo, con tintes de fujimorismo «vintage».

Asimismo, ha empleado mano dura para dar respuesta a las preocupaciones sociales, entre otras, la inseguridad ciudadana que se ha disparado en los últimos años. «Sabemos que la delincuencia ha avanzado y lo que tenemos que evitar es que los jóvenes caigan en la drogadicción y el pandillaje», prometía en su último mitin. En su mensaje de ayer, aprovechó para condenar el asalto el sábado a un convoy electoral por parte del debilitado grupo armado marxista Sendero Luminoso, que dejó siete muertos. «Ante el terrorismo, los peruanos cerramos filas», aseguró Keiko sobre el único incidente destacado, más allá de las largas colas en los colegios.

Por su parte, Mendoza ha hecho lo propio con un estribillo propio del chavismo venezolano. «La gente tiene miedo. Le tiemblan las piernas. Creo que cuando la fortaleza está en la gente, ahí no hay quien te pare. Cuando estamos para defender a los pueblos indígenas, a los estudiantes, eso da fuerza», afirmaba la líder izquierdista, acostumbrada a arengar a su público con gritos de «Kausachum» [Viva, en quechua] o «Sí, se puede», al más puro estilo podemista, apelando a la ilusión y a la esperanza.

Tanto Keiko como Mendoza son jóvenes y madres, y comparten la ambición de presentarse como un nuevo rostro. Ahí terminan las semejanzas. Mientras que Keiko defiende mantener las políticas económicas de intervencionismo sostenido que han caracterizado a los Gobiernos peruanos desde el final de la autocracia de su padre, Mendoza apuesta por la transformación radical: sustitución de la Constitución de 1993, impuesta por Fujimori, endurecimiento de las sanciones por contaminación e incremento de impuestos a las mineras y una generosa inversión social destinada a mujeres, profesores, medicamentos y subida de salarios.

«He sentido durante toda esta campaña que la gente quiere un cambio. Di todo lo mejor de mi parte en estos meses de campaña, con mucha transparencia y la conciencia tranquila por las expectativas generadas en una parte de la población», aseguró ayer Mendoza, defensora de los valores del socialismo del siglo XXI. Perú escogía ayer entre el continuismo o la ruptura, pero todavía bajo la sombra del caudillismo y el populismo.

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