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El retrete, un lujo desconocido para 2.400 millones de personas en todo el mundo

19 de diciembre de 2016 – Ep.

Hasta 2.400 millones de personas en el mundo aún defecan a cielo abierto porque no disponen de un retrete en casa o cerca de ella, mientras que más de 650 millones carecen de acceso a agua potable y libre de impurezas. “Hay muchas categorías de discriminación presentes” en la provisión de estos dos derechos humanos, alerta en una visita a Madrid el relator especial de la ONU sobre agua y saneamiento, Léo Heller.

Una chica del pueblo lleva los envases vacíos para recoger el agua potable cerca de la aldea de Chilla en la región Bundelkhand Reuters.

Una chica del pueblo lleva los envases vacíos para recoger el agua potable cerca de la aldea de Chilla en la región Bundelkhand
Reuters.

Las mujeres y niñas, las poblaciones de zonas rurales, los indígenas, discapacitados, transgénero, grupos religiosos minoritarios o las castas más bajas son colectivos que encuentran mayores obstáculos que el resto a la hora de acceder al agua potable y al saneamiento, comenta el relator, que ha viajado a España invitado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la ONG Ongawa para participar en un seminario.

En la hoja de ruta establecida por los nuevos Objetivos d Desarrollo Sostenible de la ONU, la comunidad internacional se ha fijado como meta para 2030 lograr un acceso universal y a un coste asequible para todos a sistemas de agua y saneamiento que garanticen unas condiciones higiénicas que impidan la contaminación del agua por heces.

Si bien las mayores necesidades a este respecto se encuentran en los países menos adelantados, la falta de acceso al agua y al saneamiento no es un problema exclusivo de los países más pobres o en desarrollo, sino que también se da en las sociedades industrializadas.

Sin retretes en Europa occidental

Heller visitó esta semana Madrid procedente de Portugal, donde comprobó los efectos que la crisis ha tenido en el acceso a estos dos derechos humanos. “Pude verificar que hay poblaciones sin acceso ninguno. Visité un poblado de gitanos en una situación inaceptable, deplorable, con viviendas muy malas, sin acceso a agua, defecando a cielo abierto `en Europa occidental!”, relata en una entrevista con Europa Press.

Pero también le ha llamado mucho la atención, admite, que el pago de los recibos de agua empieza a convertirse en un problema económico para personas con bajos ingresos y con muchos familiares a su cargo, como el caso de algunos desempleados y pensionistas.

Aunque en Portugal existen unas tarifas sociales para la población más vulnerable, su aplicación alcanza a una proporción muy baja de la sociedad, por lo que Heller –que redactará un informe específico sobre Portugal– considera que queda mucho camino que recorrer a este respecto.

Si algunos estudios estiman que una familia no debería dedicar más del 3% de su renta a pagar el agua, en Portugal Heller ha encontrado casos en los que este coste alcanza entre el 10 al 13 por ciento.

El relator, un experto independiente nombrado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, tiene la “impresión” de que en España, como en Portugal, también existen poblaciones que viven sin agua potable ni retretes o letrinas. De hecho, Heller se interesó el año pasado por el poblado chabolista de El Gallinero (Madrid), donde viven sin baños y con solo un grifo común de agua potable unas 400 personas de etnia rumana, más de un centenar de ellos, niños.

“La legislación internacional dice claramente que un país tiene obligaciones de cumplir con los derechos humanos en su territorio y también extraterritorialmente”, recuerda Heller, que precisa que, dentro de las fronteras internas, la responsabilidad no es exclusiva de los gobiernos centrales, sino que implica también a las administraciones regionales y locales.

Los sonantes no siempre respetan los DDHH

Pero la obligación de “respetar y promover los Derechos Humanos permanece” cuando España, Alemania o Reino Unido, como países donantes, van a otros países para cooperar, pone como ejemplo. Sin embargo, Heller tiene la impresión de que “la cooperación internacional, en general, no tiene mucho en cuenta los principios de los derechos humanos”.

Una cosa es escribir en un papel que la política de cooperación al desarrollo estará guiada por los Derechos Humanos, y otra, advierte Heller, su aplicación sobre el terreno. A verificar la distancia entre los compromisos anunciados y el trabajo hecho en el terreno se dedicará en los próximos meses el relator de la ONU, que publicará un informe al respecto a finales de 2017.

Entre otras cosas, examinará si los países donantes, en sus proyectos de cooperación, respetan el derecho de participación de la población beneficiaria, les informan de manera adecuada y no cometen discriminaciones en el acceso al agua y el saneamiento, por ejemplo en materia de igualdad de género.

La falta de acceso al agua y al saneamiento, recuerda Heller, es una carencia que afecta especialmente a las mujeres y a las niñas. Cuando una familia tiene que ir a buscar agua porque no tiene en su domicilio o poblado, normalmente son las mujeres y las niñas a las que se encarga esa tarea.

Cuando una escuela no tiene baños, las niñas dejan de estudiar antes que los niños porque se arriesgan a sufrir violaciones si han de alejarse mucho. Heller ha identificado problemas también en los baños públicos, donde no se suele tener en cuenta que las mujeres necesitan de espacios más amplios –es habitual que vayan acompañadas de sus hijos– y de mayor número de retretes que los hombres.

El relator también advierte como un problema que va creciendo y que no se está abordando el acceso a los baños públicos por parte de los transgénero, personas que se sienten del género contrario y que suelen hormonarse para cambiar de aspecto.

A Heller le cuesta señalar un ejemplo de buenas prácticas en materia de acceso a agua y saneamiento. “Yo diría que hay muy buenas

y malas experiencias en todos los países”, contesta de manera diplomática. Pero no duda en apuntar a India como el país que constituye un mayor reto, pues tiene a 700 millones de sus habitantes –la mitad de su población– defecando al aire libre. Es decir, un tercio de las personas que en todo el mundo carece de retrete vive en India.

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