Ciencia y Tecnología

Energía solar desde el espacio: Un paso más cerca del sueño de la fuente de energía inagotable

Un equipo de investigadores escoceses ha presentado una alternativa a la recolección solar espacial: una red de células autohinchables en vacío llamada SAM. El problema sigue siendo la forma de mandar la energía a la Tierra sin interferir en la actividad aérea. Para reducir costes, la solución parece estar en la construcción por módulos

9 Junio 12 – – Eva M. Rull

Un pequeño paso para una utopía. La utopía: recolectar la energía del Sol directamente en el espacio, donde no hay día ni noche, nubes ni invierno, es una idea que empezó a pulular por las mentes científicas en la década de los 60. Se empezó a plantear si sería posible transmitir la energía solar a la Tierra, con láser o microondas, sin «freír» ningún avión por el camino. Se teorizó con la órbita más apropiada para la colocación de un posible huerto solar espacial –¿geoestacionaria para mandar la energía al mismo punto, o en una órbita baja que permita mandarla una vez al día?–. Antes de comenzar el siglo XXI, varios gobiernos estadounidenses ya habían invertido en algunos proyectos relacionados con la energía espacial, pero aunque demostraron que la idea era técnicamente factible, ponerla en marcha resultaba económicamente inviable.

Años más tarde, las previsiones energéticas y los problemas medioambientales son motivos suficientes para creer en una idea que decenas de equipos de investigación en el mundo, en realidad, nunca han desechado. La Agencia Espacial Europea (ESA) estima que en el año 2020 las necesidades energéticas de Europa rondarán los 500 GW cuando una planta nuclear estándar, moderna, produce alrededor de 1 GW.

El último paso de este sueño, capaz de acabar con los problemas energéticos del planeta, acaba de salir de Escocia. El equipo del doctor MassimialianoVasile y el doctorando Thomas Sinn, de la Universidad de Strthaclyde, ha presentado los detalles de una novedosa estructura ultraligera que albergaría decenas de paneles solares o espejos reflectores y concentradores de la luz solar. Su prototipo de satélite solar se llama SAM (SelfInflating Adaptable Membrane). SAM no abultaría en tierra más que un paquete cuadrado de 10 cm de lado. Esta «red» estaría formada por miles de discos metálicos o células «que contienen un poco de aire en su interior y que se expanden en el vacío sin necesidad de insuflar gas, originando una red de unos 4m2. Se puede controlar cada célula y cambiar la forma de la estructura», explica MassimilianoVasile. Su equipo ve en este incipiente experimento en fase de I+D una posibilidad para obtener energía solar muy útil para el abastecimiento de zonas de difícil acceso, unidades militares o áreas de catástrofe, incluso alimentar las misiones de los Rover a Marte o la Luna.

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