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Erdogan eleva la purga a 6.000 detenidos

17 de julio de 2016 – Ankara – Agencias.

Los islamistas se han consolidado en el poder en Turquía. Tras el fallido intento de golpe de Estado de un sector minoritario de la cúpula militar, el balance sobre los acontecimientos da por vencedores a los seguidores del presidente Recep Tayyip Erdogan. Un total de 290 muertos, entre partidarios y detractores del Gobierno, más de 1.400 heridos y casi 6.000 militares, jueces y fiscales detenidos evidencian la derrota sufrida por los militares rebeldes, quienes con la asonada habrían tratado de frenar la deriva presidencialista e islamista del presidente.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ayuda a leventar el féretro de una de las víctimas del golpe en Estambul.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ayuda a leventar el féretro de una de las víctimas del golpe en Estambul.

Un ex militar reveló ayer que el avión en el que Erdogan se trasladó a Estambul desde su lugar de vacaciones estuvo en el punto de mira de dos cazas F-16 controlados por los golpistas en la madrugada del sábado, pero finalmente los atacantes no dispararon.

Mientras tanto, la «gran limpieza», como la ha denominado el presidente, continúa en las instituciones públicas. Entre los arrestados en las últimas horas, se encuentran el edecán Albay Ali Yazici, junto a Ismail Güneser y el ex secretario del que fuera presidente de la República Abdula Gül. También Akin Özturk, ex comandante de la Fuerza Aérea. Según el Ejecutivo turco, los detenidos serían acólitos de la cofradía que dirige el intelectual y clérigo islamista Fethullah Gülen, antaño aliado del Ejecutivo y actualmente enemigo número uno del presidente. Según Erdogan, el teólogo es quien habría orquestado el fallido golpe a través de la estructura del «estado paralelo» que dirige desde su exilio en EE UU. Durante el funeral de las víctimas del golpe, el presidente volvió a reivindicar la acusación sobre Gülen y prometió «erradicar el virus de todas las instituciones públicas».

Mientras, las operaciones policiales continuaron durante la jornada de ayer. En Konya, agentes y militares se enfrentaron en la base aérea de la ciudad, donde, según medios locales, hasta siete personas fueron detenidas, entre ellas el comandante de operaciones de la base, Mustafa Erturk.

Hasta el momento, los islamistas continúan en las calles. Los «ülkücü» o juventudes nacionalistas se hicieron con el centro de la ciudad. Desde que fuera efectiva la derrota de los golpistas, las zonas aledañas al Parlamento se han convertido en el bastión de resistencia de los conservadores al grito de «Alá es grande» y «Queremos el regreso de Erdogan».

Gran parte de la sociedad civil continúa en estado de «shock». Esta circunstancia ha sido aprovechada por los imanes, que instan desde sus minaretes a acudir a las mezquitas a rezar y permanecer en las calles. La llamada a la oración, que generalmente se produce cinco veces al día, parece no cesar desde que los cazas F-16 del Ejército sobrevolaran el pasado viernes el cielo de Turquía.

Al sonido de las explosiones en el Parlamento, la sede central de la Policía y de la Inteligencia turca, ayer le sucedieron las consignas islamistas por toda la ciudad. Autobuses de la municipalidad recorren dos días después las principales avenidas arengando a la población a sumarse a las manifestaciones. El Ejecutivo, que mantiene desde el viernes el llamamiento a la sociedad civil para luchar contra los militares, sigue incitando mediante continuos mensajes de texto a dispositivos móviles y mítines políticos la revolución. «Prometedme que continuaréis en las calles toda la semana. Esto no es un asunto de doce horas», exaltó en Estambul el presidente de la República.

Entre las acciones más violentas registradas, resultó sobrecogedor el degollamiento de cuatro militares en el puente de Bogazici, en Estambul. Los jóvenes soldados fueron capturados tras rendirse ante los islamistas, que cortaron las cabezas de los militares, pese a que previamente estos aseguraron «estar recibiendo órdenes».

A pie de calle, las áreas en las que tradicionalmente viven los alevíes han sido objeto del vandalismo por parte de los conservadores en estos dos últimos días. Acusados de herejes, los alevíes son un sector secular que representa el 20% de la población y que tradicionalmente se han identificado como izquierdistas. Desde que los radicales suníes tomaran las calles, el acoso a este colectivo ha dejado importantes daños en los barrios de Gazi, Sarigazi, Gülsuyu, Nurtepe y Okmeydani, en Estambul y la ciudad de Antakya, al sur del país.

Según confirmaron diferentes ONG, muchos sirios alauíes, confesión próxima a los alevíes turcos, «temen ser atacados de nuevo». Además de contra los alevíes, también se ha producido una persecución contra las casas Cemaat, en las que habitan y estudian jóvenes seguidores de la cofradía que dirige Gülen. Firat, taxista en la capital, se quejaba ayer de que «Turquía es Irak, es Siria, ¿qué podemos esperar?».

A última hora de la noche de ayer, los conservadores permanecen concentrados en el centro de Ankara, donde envueltos en la bandera turca y el Corán en mano reivindicaban bajo la estela de las bengalas el restablecimiento de la pena capital en el país, es una cuestión que, tal y como aseguró el presidente Erdogan, «sobre la que todos los países democráticos tienen derecho a debatir».

Turquía tiene una larga tradición golpista. Desde el año 1960 se han producido cinco asonadas militares, pero sólo la del pasado viernes fracasó. Los analistas apuntan que la sublevación del viernes no tuvo identidad desde el inicio –ningún rebelde dio la cara–, lo que sugería que los sublevados no tuvieron confianza en ellos mismos.

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