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Esfuerzo final para el pacto nuclear con Irán

5 de Julio de 2015 – Viena – Agencias.

El ansiado acuerdo sobre el programa nuclear iraní podría ver la luz de forma inminente, si se confirman las informaciones que hablan de decisivos avances. De rubricarse, pondría fin a 20 meses de encuentros y desencuentros en las tensas negociaciones llevadas a cabo en Viena entre la República Islámica y las potencias del G5+1, el grupo formado por Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania.

La agencia de noticias Associated Press hacía saltar la liebre ayer al asegurar que las partes habían logrado consensuar uno de los puntos más peliagudos para el país de los ayatolás: el levantamiento gradual de las sanciones que minan su desarrollo económico. Como contrapartida, Teherán tendría que comprometerse a una restricción temporal en su programa atómico por un periodo que podría llegar a los diez años, lo que implicaría desactivar algunas de sus centrifugadoras y deshacerse de parte del uranio enriquecido que posee. Para ello, las seis potencias deberían acordar antes una resolución en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que establezca las condiciones de levantamiento del embargo y mecanismos para restablecerlo en caso de que Irán no cumpla con su parte del trato, otro de los asuntos especialmente espinosos que hasta ahora habían sido rechazados de pleno por el Ejecutivo persa.

kerryCon la prudencia propia de quien sostiene un jarrón de porcelana, las autoridades iraníes desmintieron haber alcanzado un éxito parcial en las negociaciones, aunque el viceministro de Exteriores, Abás Araqchí, dejó ver cierto optimismo en la misión de la que forma parte, al sostener que el proceso iba por buen camino: «Nunca habíamos progresado tanto», declaró. Igual de cauteloso se mostró el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, quien aclaró que su Gobierno sólo firmará un texto que elimine cualquier pretensión de Teherán de obtener la bomba atómica: «Si no tenemos un acuerdo, si hay total intransigencia y falta de voluntad de mover lo que es importante, el presidente Obama siempre lo ha dicho, estamos listos para marcharnos», advirtió. El plazo autoimpuesto por las delegaciones termina mañana y aunque existe la posibilidad de posponer la fecha, como ya se hiciera el 30 de junio, lo que suceda en estas últimas horas será crucial para el éxito o el fracaso de las conversaciones, según dijo el propio Kerry: «Si se toman decisiones difíciles en las próximas horas, y se toman rápidamente, aún podríamos tener un acuerdo esta semana».

Dados el peso de las decisiones que será imprescindible adoptar y las apreturas del calendario, gran parte de los titulares de Exteriores de los países implicados en las conversaciones se desplazaron ayer a la capital austriaca. El canciller ruso, Serguei Lavrov, el británico Philip Hammond, el francés Laurent Fabius y el alemán Frank Walter Steinmeier se sumaron así a su homólogo iraní, Javad Zarif, quien cumplía más de una semana en Viena junto al estadounidense John Kerry. El único ausente ayer era el titutlar de Exteriores chino, Wang Yi, aunque se esperaba su presencia hoy en la jornada previa a la fecha límite.

Si se confirma, tal y como se filtró a la prensa, que el Ejecutivo de Hasan Roani habría aceptado a regañadientes una desaceleración en su programa nuclear, todavía queda por corroborar su postura favorable a las inspecciones que la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) pretende realizar en su territorio. El director general del organismo adscrito a la ONU, Yukita Amano, se ha entrevistado con las partes y aguarda a tener luz verde para realizar las comprobaciones pertinentes sobre el carácter civil del programa nuclear persa: «Con la cooperación de Irán, creo que podemos emitir un informe a finales de este año con miras a clarificar los problemas relacionados con las posibles dimensiones militares», ha dicho. La mera supervisión de los agentes de la OIEA no supone un problema para las autoridades de Teherán, aunque éstas han fijado una línea roja en instalaciones militares y otros emplazamientos sensibles para su seguridad, generando fricciones con Washington y sus aliados, que se han mostrado reacios a aceptar que quien está al otro lado de la mesa aproveche ese punto ciego para desarrollar actividades armamentísticas.

Los desencuentros han sido grandes, pero pesan también los futuros beneficios. Se calcula que Irán posee entre 100.000 y 150.000 millones de dólares en fondos actualmente congelados. El levantamiento total de las sanciones a su sector bancario supondría una inyección de capital equivalente al 25% de su Producto Interior Bruto. Incluso en el caso de que el embargo se fuese relajando de forma paulatina, importantes remesas de dinero contante y sonante ejercerían un impulso formidable en la economía persa. Un pacto en este sentido, que hace no mucho tiempo habría sido considerado ciencia ficción tras décadas de enconada enemistad entre EE UU e Irán, nunca estuvo más cerca. De algún modo, las reglas del juego cambiaron cuando ambos se transformaron en socios incómodos contra el Estado Islámico y la reciente aproximación de quienes llegaron a considerarse mutuamente como la encarnación del mal sólo se puede entender con ese reajuste de alianzas en Oriente Medio.

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