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Finaliza el golpe, empieza la represión

16 de julio de 2016 – Ankara – EFE.

Los golpistas han fracasado en su intento de derrocar al Gobierno del líder islamista Recep Tayyip Erdogan. La asonada dejó más de 265 muertos, de los que 104 son militares, además de 1.440 heridos y 2.863 rebeldes detenidos. Los militares habían logrado incluso tomar como rehén al jefe del Estado mayor, Hulusi Akar, aunque fuerzas leales al Gobierno lograron rescatarlo por la mañana y llevarlo a un lugar seguro.

Soldados turcos que participaron en el golpe son apaleados por civiles progubernamentales en el puente del Bósforo Reuters.

Soldados turcos que participaron en el golpe son apaleados por civiles progubernamentales en el puente del Bósforo
Reuters.

El fracaso del golpe propició una inmediata demostración de fuerza del Gobierno islamista, que se apresuró a realizar purgas en la Judicatura y el Ejército, a la vez que recibía el respaldo de todos los partidos políticos. El Ministerio de Interior anunció la destitución de cinco generales y 29 coroneles, en lo que el primer ministro turco, Binali Yildirim, describió como «una fiesta de la democracia», resaltando que la población se había opuesto a los golpistas. Yildirim, líder del gobernante partido AKP, obtuvo el respaldo de los tres partidos de la oposición, que condenaron el golpe de forma unánime, aunque hicieran veladas críticas a la deriva autoritaria del Gobierno, informa Efe.

Durante la madrugada del sábado, enfrentamientos entre las fuerzas policiales y militares atronaron las calles de la capital y produjeron el mayor número de bajas. Además, numerosas explosiones tuvieron lugar en el centro de la capital: en el Parlamento, que fue además ametrallado por tanques del Ejército, la sede central de la Policía, el Estado Mayor, la sede de la televisión pública TRT y las oficinas de la inteligencia turca. Durante cinco horas, el fuego cruzado entre agentes y soldados presagió lo peor frente al palacio de Erdogan, en Ankara.

Tanto el primer ministro como el presidente de la República, Erdogan, instaron a la ciudadanía durante el transcurso de la noche a salir a la calle y detener a los golpistas. Al grito de «Alá es grande» y portando banderas turcas, los islamistas acudieron al mausoleo de Mustafa Kemal Atatürk, el Anit Kabir, localizado en Ankara. También en la plaza Taksim de Estambul, los seguidores del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), que lidera el Gobierno, se enfrentaron a los soldados. Según las imágenes difundidas por las televisiones turcas, muchos golpistas sufrieron el violento acoso de ciudadanos que habían salido a la calle de madrugada siguiendo el llamamiento del Gobierno, y algunos sólo fueron salvados del linchamiento por la intervención de la Policía.

La segunda parte de la movilización popular se produjo horas después, cuando en la tarde de ayer miles de personas ante el Parlamento de Ankara pidieron que se reinstaure la pena de muerte en Turquía. Según la televisión CNN Türk, los manifestantes gritaban eslóganes como «queremos ejecuciones, la pena de muerte». «Dinos que peguemos y vamos a pegar, dinos que matemos y vamos a matar», fue otro de los lemas dirigidos al presidente turco. Los manifestantes también salieron cantando canciones patrióticas y portando banderas turcas en el barrio de Kikisikli, en la plaza de Izmir’s Konak y en Erzincan. Es la primera vez en la larga tradición de asonadas que ha vivido este país, en la que la población civil ha reaccionado frente al todopoderoso Ejército turco, en otras épocas unido como una roca y ahora dividido en dos claras facciones, con el inconveniente añadido de que la Policía y la Gendarmería se han mantenido fieles al régimen.

Anoche, aviones F-16 del Gobierno controlaban el espacio aéreo, mientras desde el Ministerio del Interior acusaba directamente al «Estado paralelo» de Fethullah Gülen, antiguo aliado del Ejecutivo y hoy en día enemigo número uno de Erdogan, de haber intentado quebrar el sistema democrático en el país. No es la primera vez que es acusado de ello. Las desavenencias entre Gülen y Erdogan llegaron cuando el clérigo sacó a la luz en 2013 un caso de corrupción que salpicó directamente a Erdogan y a su hijo. La pugna entre el presidente y el teólogo, exiliado en Estados Unidos, ha afectado al destacamento militar, judicial y los medios de comunicación, purgados por parte del Ejecutivo contra los fieles gulenistas desde hace meses. El Parlamento turco celebró ayer su primera sesión tras el golpe. Los cuatro partidos (el islamista AKP, el socialdemócrata CHP, el nacionalista MHP y el pro kurdo HDP) mantuvieron un minuto de silencio en memoria a las víctimas. El presidente no estuvo presente en la sesión.

Golpe definitivo a la judicatura

Tras el golpe de Estado fallido ocurrido durante la madrugada del pasado viernes en Turquía, la Junta Superior de Jueces y Fiscales del país (HSYK) ha destituido a un total de 2.745 jueces. Según diversas fuentes, estos fueron relevados por su presunta relación con el clérigo Fetullah Gülen, enemigo de Erdogan y exiliado hoy en Estados Unidos. La Policía ha detenido a magistrados del Danistay, uno de los organismos supremos de la Judicatura y máxima autoridad para contenciosos administrativos, informó la agencia Anadolu. Otros 38 miembros de este cuerpo están en búsqueda y captura, mientras se ha emitido orden de arresto contra 140 jueces del Tribunal Supremo (Yargitay), señaló la citada emisora. La Policía turca también arrestó a Alparslan Altan, uno de los 17 miembros del Tribunal Constitucional, por su presunta implicación en la asonada. Las Fuerzas de Seguridad también detuvieron al ex comandante del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, Akin Ozturk, por ser presuntamente uno de los jefes de la intentona golpista. El ministro de Defensa turco, Fikri Isik, aseguró que se ha evitado el golpe de Estado y que aún es demasiado pronto para decir que se ha eliminado por completo la amenaza de un golpe de Estado.

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