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Francisco Santos: «La única ambición del presidente de Colombia es ganar el Nobel de la paz»

16 de Agosto de 2015 – Agencias.

Francisco “Pacho” Santos (Bogotá, 1961) fue vicepresidente colombiano durante los gobiernos de Álvaro Uribe entre 2002 y 2010, y actualmente aspira a ganar la alcaldía de Bogotá en las elecciones municipales del próximo 25 de octubre como candidato del Centro Democrático (CD). Descendiente de familia de periodistas y políticos, y secuestrado en 1990 por Pablo Escobar, Santos -a la sazón primo del presidente Juan Manuel Santos, hoy rival político- se postuló como pre candidato por el CD, el partido fundado por Uribe hace menos de dos años, pero perdió ante Óscar Iván Zuluaga. En una entrevista telefónica, Francisco Santos considera que una victoria del uribismo en la capital colombiana sería el mejor salvaconducto para recuperar el Gobierno de la nación en 2018.

-¿Qué nota le pondría usted al presidente Santos?

-Le pondría un tres sobre diez. Primero, desestimuló la inversión extranjera y nacional. Subió los impuestos brutalmente y los gastó en burocracia y no en gastos productivos. Segundo, ha aumentado la deuda y no necesariamente se ven los resultados en infraestructuras por el país. Tercero, tenemos un dólar que se ha multiplicado. Manejó muy mal el tema de recursos y la devaluación ha empobrecido al país de tal manera que hoy somos un 30% más pobre que en el año 2010 cuando empezó su Gobierno. Y finalmente, inició un proceso de paz que ha desmoralizado a las fuerzas militares y ha fortalecido la capacidad de las FARC.

Francisco Santos

Francisco Santos

-¿El diálogo con las FARC acabará en fracaso?

-No sé. El problema no es si acaba en fracaso sino el costo. ¿Es posible que entregue el país a las FARC? Pues sí, es posible que eso suceda.

-¿Cree que Santos está dispuesto a firmar un pacto a cualquier precio con el fin de salvar su gestión?

-Estoy absolutamente seguro de que sí. Él no tiene líneas rojas. Las que fijó al principio ya se las saltó y no pasó nada. La única ambición del presidente Santos es el premio Nobel de la Paz. Y él va a firmar lo que sea a cualquier precio. Lo más grave es que se ha generado un escenario que permite que el populismo aterrice en Colombia con absoluta libertad e impunidad. Estamos rodeados en la región de un populismo que ha calado en el continente y que no había llegado hasta Colombia con la excepción del actual alcalde Petro, en Bogotá. Es una política equivocada que destruyó Venezuela, Argentina y que es posible que llegue acá.

-¿Qué acuerdo de paz iniciaría usted con las FARC?

-El proceso que se dio con los paramilitares es el proceso ideal, pero obviamente uno entiende que con las FARC puede haber un poco más de flexibilidad, pero no lo que hoy se está planteando. Un proceso con las FARC se tendría que haber empezado como los otros anteriores, que fueron exitosos, con una concentración de tropas por parte de ellos. Y no lo hicieron. Lo que yo siento es que Santos igualó el Estado a la guerrilla. Es como si el Gobierno español hubiera negociado con ETA de tú a tú. Lo que hemos planteado es un proceso de paz sin impunidad, con verdad, con reparación, que quizá es lo más difícil. Pero lo más importante es el tema de la justicia. El problema con este proceso de paz es que por lograr la paz igualó al Estado con el terrorismo de la FARC.

-¿Se podría haber acabado con las FARC por la vía militar?

-Las FARC estaban absolutamente derrotadas en 2010 y Santos las dejó crecer. Han tenido cinco años para recuperarse porque el presidente Santos ha parado a la tropa en los últimos cuatro años. Les permiten hacer muy pocas operaciones. En Colombia aumentó el narcotrafíco otra vez. Y las FARC son las beneficiadas. Es el cartel más grande que hay en el país. Santos le colocó la pista de aterrizaje a un organización multimillonaria que quiere hacer política, y que tiene un entorno favorable en el continente y que no va a pagar ningún precio por los horrores que cometió durante 50 años. Este es el peor proceso de paz que puede tener una democracia.

-¿Qué balance hace de la Ley de Justicia y Paz ahora que están empezando a salir los paramilitares de las cárceles tras cumplir condenas de siete años? ¿Sigue activo el paramilitarismo en Colombia?

-No, ya no es como estaba. Nuestro Gobierno desmontó el paramilitarismo. Hay organizaciones criminales alrededor del narcotráfico, pero con la capacidad del control territorial como tenían antes ya no existe en Colombia. Han pagado siete años de cárcel, que es lo mínimo, o quizá lo máxima que debería pagar la guerrilla. Cuando uno le dice a la izquierda, al presidente y a las mismas FARC que se sometan a las mismas leyes que el paramilitarismo, ellos dicen que no. Esa es la gran diferencia que hay.

-¿Qué está en juego en las elecciones municipales en Bogotá?

-Está en juego una manera distinta de gobernar, de forma seria, sin populismo, cerca de los ciudadanos, y siguiendo un camino distinto al que del actual Gobierno, que no hace sino comprar votos en el Congreso con recursos públicos, donde no hay confianza porque hay una gran distancia entre el discurso y la realidad. Se miente a los ciudadanos. Queremos volver a mostrar el camino que le dio a Colombia el buen momento que se vivió con Uribe. De cara a las elecciones presidenciales de 2018 es importante porque si Bogotá muestra un cambio radical en dos años, legitima a este partido, que es el partido de oposición más importante, la única alternativa seria.

-¿Y el Partido Conservador?

-El Partido Conservador se ha entregado al Gobierno, ha demostrado que se vende por un plato de lentejas. Obviamente las bases conservadoras no piensan igual, y son muy afines al Centro Democrático. El Partido Conservador se ha dedicado a lo que en Colombia llamamos la “mermelada”, una corrupción total del sistema a través de contratos que el presiente Santos llevó a su máxima expresión.

-Va cuarto en las encuestas. ¿Cómo piensa remontar ese resultado?

-A nosotros nos pasa siempre que vamos últimos en las encuestas y después ganamos las elecciones. Pasó en las elecciones al Congreso y en la primera vuelta presidencial. También hay mucha manipulación de las encuestas. Yo estoy muy tranquilo porque siento una fuerza del uribismo muy importante, lo noto cuando estoy recorriendo la ciudad. Este es un partido que no gana encuestas sino elecciones.

-Fue pre candidato por el uribismo para las elecciones presidenciales de 2014. ¿Volverá a intentarlo en 2018?

-No, yo estoy pensando únicamente en las elecciones de Bogotá. Esto para mí no es un premio de consolación sino el papel más importante que se puede hacer en el país dada la crisis en la que está sumida Bogotá.

-¿Por qué cree que Uribe sigue siendo un político tan querido para una parte de la sociedad colombiana?

-Porque es un político que habla directamente, un hombre de autoridad. A los colombianos, en medio del desorden en el que estamos ahora, les gusta la autoridad. La gente quiere autoridad. Durante ocho años de Gobierno, no sólo cambiamos el país en materia económica y de seguridad, sino también en materia social. Por eso los colombianos recuerdan al presidente Uribe.

-¿Cree que existe una persecución política y judicial a los miembros del uribismo?

-Sin duda, yo mismo he sido víctima de eso. A pesar de tener un proceso prescrito hace mucho tiempo, el fiscal se inventó un supuesto delito de lesa humanidad que no existe de ninguna manera. No hay una sola prueba y por eso lo archivaron. Ser hoy candidato del Centro Democrático es someterse a la persecución judicial. La Justicia hoy en Colombia se parece más a la justicia de Venezuela que a la de un país democrático.

-¿En noviembre tomará el presidente una decisión definitiva sobre la paz?

-La única decisión que tiene es firmar algo. Él no tiene plan b, se quedó sin plan b. Mostró las cartas y está abierto de piernas, como se dice vulgarmente en Colombia. El presidente no tiene carta distinta que firmar lo que las FARC quieren y las FARC lo saben.

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