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Grietas en la Gran Coalición por la avalancha migratoria

Berlín – Agencias.

El desafío migratorio ha acabado con la tradicional armonía que reinaba entre los dos partidos conservadores de la Gran Coalición alemana, la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su hermana bávara, los socialcristianos de la CSU. La apertura de puertas autorizada por Berlín en septiembre que agolpó en Múnich a cientos de refugiados podría ser la imagen que mejor ilustra el comienzo de esta fractura que ha ido aumentando considerablemente en los últimos meses. «Un gran error», según calificó entonces esta decisión el líder de la CSU y, a su vez, primer ministro de Baviera, Horst Seehofer, «que pagaremos durante mucho tiempo». Desde aquel día, Seehofer se convirtió en el mayor crítico de Merkel.

Merkel y la conservadora Julia Klöckner, durante un acto electoral del partido CDU en Tréveris, Alemania. EFE.

Merkel y la conservadora Julia Klöckner, durante un acto electoral del partido CDU en Tréveris, Alemania. EFE.

La jefa de Gobierno sigue apostando por su política de puertas abiertas al son del lema «podemos lograrlo» y, aunque ha cedido en pequeñas cuestiones presionada por Baviera, se mantiene inflexible en aceptar el cierre de fronteras y rechaza categóricamente imponer límites numéricos a la entrada de refugiados, como ya ha hecho Austria. Seehofer, que reivindicó la imposición de 200.000 peticionarios de asilo anuales como máximo, alegó recientemente que «si seguimos a este ritmo, en 2016 volveremos a asumir llegadas de 1,1 millones de refugiados». En los primeros meses del año, ya han entrado alrededor de 240.000 migrantes en el país. Las llegadas masivas, que desbordaron la capital de Baviera, Múnich, durante unos días, y que provocaron el caos en las zonas fronterizas, resultan anticonstitucionales a los ojos de los socialcristianos, que han amenazado con llevar a la canciller ante el Tribunal Constitucional por su gestión en la crisis migratoria. Esta amenaza del que un día fuera el gran aliado de Merkel ha sido vista como «un anuncio de ruptura de coalición». Seehofer tampoco está de acuerdo con que Baviera sea el segundo «land» que más refugiados debe asumir según la ley actual, con 15,3% del total.

El ultimátum de Seehofer a Merkel no es el único indicio que confirma que la brecha entre ambas formaciones políticas se está ensanchando. El jefe socialcristiano ha protagonizado discursos muy críticos con la canciller. El mes pasado, con ella como invitada de honor en Múnich, se refirió a la política de Merkel como «el gobierno de la injusticia y ha levantado polémica al reunirse recientemente en Budapest con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, una de las voces más opuestas al reparto europeo para la acogida de refugiados y uno de los primeros en cerrar las fronteras. Este movimiento del líder de Baviera fue visto como una nueva provocación a la jefa de Gobierno, especialmente después de que Orbán asegurara que «con la visita del primer ministro bávaro Hungría se ha dado cuenta de que no está sola». Seehofer parece estar dispuesto a sacar toda la artillería pesada para luchar contra la llegada masiva de refugiados y dejó caer que no apoyaría a la CDU en las elecciones federales de 2017 si el Gobierno central continuaba con la política actual en materia migratoria. Por su parte, Merkel no se pronuncia ante estas declaraciones, pero ignora las peticiones de citas urgentes demandadas desde Baviera, como ocurrió tras la última cumbre europea.

Ambos partidos aguardan con impaciencia las elecciones regionales que se darán cita mañana en las urnas de los estados de Baden Wüttemberg, Sajonia Anhalt y Renania Palatinado, en las que los sondeos prevén una notable caída. La campaña electoral, aunque temporalmente, ha paralizado la lluvia de reproches, ya que la CSU tampoco está interesada en perder votantes en favor de partidos populistas como AfD (Alternativa para Alemania).

Grecia abrirá 15 centros para refugiados

Grecia creará quince centros de acogida con el fin de reubicar a 16.000 refugiados de los más de 42.000 que se encuentran atrapados en el país por el cierre de la ruta de los Balcanes. Con esta iniciativa, el Gobierno heleno comenzaría a desmantelar el campamento fronterizo de Idomeni, donde se concentran 18.700 personas de las miles que no paran de llegar de las costas turcas. Además, más de un millar de los 3.000 refugiados que entran por el puerto de El Pireo serán trasladados a otros centros que ya se encuentran habilitados.

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