La nación

Grupos de civiles armados en EE UU detienen a inmigrantes irregulares en la frontera sur

Larry Mitchell Hopkins y uno de sus milicianos, el pasado marzo en en Nuevo México. PAUL RATJE. AFP.

23 de abril de 2019 – Los Ángeles – Agencias.

En medio de la noche, decenas de inmigrantes irregulares permanecen sentados y abrazados a sus hijos en el desierto de Nuevo México. Les apuntan con una linterna. La escena, grabada y difundida en redes la semana pasada, se produce todos los días por toda la frontera sur de Estados Unidos, pero en esta ocasión no es un equipo de televisión el que los graba. Es un grupo armado de ultraderecha que los ha detenido ilegalmente a punta de pistola. El sábado, el FBI detuvo al líder de la milicia.

El sospechoso se llama Larry Hopkins, de 69 años. Se declara como el líder de un grupo llamado United Constitutional Patriots, una milicia armada que se había instalado en la localidad de Sunland Park, un suburbio al oeste de El Paso, en territorio de Nuevo México. Esa zona es una de las más ha visto crecer la llegada de familias con niños centroamericanas que se entregan a la policía para pedir asilo, una crisis que según la policía de fronteras está desbordando los recursos del país para atender la migración. El presidente, Donald Trump, descalifica el fenómeno como una invasión de pandilleros y narcotraficantes que pone en peligro la seguridad de las ciudades norteamericanas.

Hopkins es un viejo conocido de las fuerzas de seguridad. Documentos judiciales citados por The New York Times muestran que ha sido detenido varias veces en las últimas dos décadas por delitos relacionados con la posesión ilegal de armas. El sábado fue detenido bajo el cargo de posesión ilegal de armas como exconvicto que es. En 2017, el FBI lo puso en su radar cuando recibió información de que la milicia que le sigue se estaba “entrenando” para matar al expresidente Barack Obama, a la exsecretaria de Estado Hillary Clinton y al multimillonario inversor George Soros, los tres grandes enemigos de la ultraderecha paranoica a la que Donald Trump ha dado pábulo en los últimos cuatro años.

El lunes, Hopkins compareció por primera vez ante un juez. Su abogado dijo a la prensa que su cliente pensaba declararse no culpable, negó la información del FBI y se preguntó por qué iban contra él. Mientras, la policía de Sunland Park ordenó a los miembros de la milicia que desmontaran su campamento antes del viernes. El terreno donde se encuentran es propiedad de Union Pacific, según informó El Paso Times, que no les había dado permiso para estar allí.

No está claro cuándo se instaló allí el grupo de milicianos armados. Las zonas desérticas alrededor de El Paso han visto un aumento sin precedentes de las llegadas de migrantes vulnerables que piden asilo. La policía fronteriza ha advertido en varias ocasiones que no está preparada para albergar familias con niños durante mucho tiempo. En el primer cuarto del actual año fiscal, en el sector de El Paso han aumentado un 333% las llegadas de niños solos respecto al mismo periodo del año anterior y un 1.600% las llegadas de familias (al menos un adulto con al menos un niño). Estas familias centroamericanas no tratan de eludir a la policía, sino que se entregan para pedir asilo.

Tras la difusión de los vídeos, la asociación Unión Americana por los Derechos Civiles (ACLU), envió una carta a la gobernadora demócrata de Nuevo México y al fiscal general del Estado para que “investiguen un grupo armado de justicieros que se dedican a la detención ilegal de cientos de inmigrantes en la frontera sur de Nuevo México”. La carta describe al grupo como “milicia fascista armada”.

En un comunicado, un portavoz de la oficina de aduanas y seguridad fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) dijo que no “apoya o condona a grupos privados que se toman la seguridad por su cuenta. La interferencia en cuestiones de seguridad por parte de civiles puede tener consecuencias para todos legales y de seguridad pública”.

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