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Guerra civil en Siria / Una violencia sin fin

Matanzas a los ojos del mundo

La oposición siria denuncia una «limpieza» de al menos 200 suníes en los suburbios de Damasco

27 Agosto 12 – -Agencias – Francesca Cicardi – Corresponsal en el mundo árabe

Cada vez es más difícil llevar la cuenta de las personas que fallecen en Siria a diario, pero al menos 500 habrían muerto sólo este fin de semana, que ha sido de los más sangrientos desde el comienzo de la revuelta hace ya 17 meses. La oposición al régimen del presidente Bachar al Asad ha denunciado otra masacre por parte de sus tropas y matones en la localidad de Daraya, en las afueras de la capital, Damasco. Siguiendo un patrón ya demasiado común y macabro, el Ejército de Asad asedió y bombardeó durante días la zona, donde los rebeldes se habían hecho fuertes, para luego entrar y acabar con los civiles y combatientes que aún no habían huido o muerto bajo los disparos de los francotiradores, tanques y helicópteros.

Los Comités de Coordinación Local, la principal organización opositora sobre el terreno, han contado más de 200 muertos, entre ellos mujeres y niños, muchos con signos de haber sido ejecutados de forma sumaria. Los activistas denuncian que unos 150 cuerpos han sido encontrados en la mezquita de Abu Suleiman, algunos con disparos en la cabeza y el pecho, asesinados a sangre fría en un templo religioso. El de Daraya sería el asalto más grave cometido hasta el momento por el régimen, después de otros casos ya emblemáticos como la masacre de Hula, de la que la ONU culpó a las tropas de Asad y a los «shabiha», matones que apoyan a los uniformados.

El opositor Consejo Nacional Sirio, con sede fuera del país, aseguraba ayer que los fallecidos en la ofensiva de Daraya son unos 500 y pedía la intervención de la comunidad internacional para detener las masacres. Su presidente, Abdelbaset Sieda, dijo en una rueda de prensa en Estambul que una zona de exclusión aérea ya no sería suficiente para proteger a los civiles en Siria, sino que es necesaria una intervención militar directa, a la que por el momento se oponen las potencias occidentales.

Por su parte, el Gobierno de Damasco defiende sus actos y mantiene su versión de los hechos, según la cual está luchando contra terroristas y protegiendo a la población civil. La agencia estatal de noticias Sana informó ayer de que «el Ejército ha limpiado Daraya de los restos de grupos terroristas armados que cometieron crímenes contra los habitantes de la ciudad, los asustaron y destruyeron y sabotearon propiedades públicas y privadas».

Mientras, el presidente sirio, en una de sus contadas y provocadoras declaraciones, volvió a dejar claro que seguirá luchando. «El pueblo sirio no permitirá que esta conspiración triunfe» y acabará con ella «a toda costa», dijo Asad según Sana, que suele actuar de portavoz del régimen. La conspiración «no está dirigida sólo contra Siria sino contra toda la región, porque Siria es la piedra angular» de Oriente Medio, añadió el dictador destacando una vez más el importante y delicado papel geoestratégico que tiene el país.

Todos los países vecinos, así como los aliados y enemigos de Damasco, se están viendo afectados por el conflicto en Siria, que no hace sino recrudecerse y se prolongarse. Jordania, al este de Siria, se prepara para una afluencia masiva de desplazados y ha pedido más ayuda a la ONU para hacer frente a las necesidades de los más de 160.000 sirios a los que hospeda actualmente. Las autoridades del país dijeron que sólo el viernes 2.300 personas cruzaron su frontera, el día de más afluencia desde el comienzo de la guerra. Egipto también se muestra preocupado por las consecuencias que puede tener el conflicto sirio y busca reunir a los países más implicados en el mismo para dialogar y mediar. El nuevo presidente islamista, Mohamed Mursi, propuso ayer la creación de un grupo de contacto en el que se incluya a Irán, y es que, según El Cairo, Teherán tiene que ser parte de la solución, ya que es un aliado clave de Damasco, y sustenta al régimen con dinero, petróleo y asistencia militar.

Una delegación iraní visitó ayer la capital siria, como es habitual, y este mismo fin de semana, el jefe de la Inteligencia de los pasdarán iraníes, Husein Taib, dijo que es un «deber proteger al régimen de Asad», porque forma parte del «eje de resistencia» contra Israel y Estados Unidos en la región. Esta semana, el jueves y el viernes, Irán celebra la cumbre de países no alineados que pretende convertirse en un bloque de contrapeso a la influencia norteamericana y en el que se tratará, entre otros asuntos, el conflicto siro. Mientras la diplomacia se mueve sin tino, el país se desangra a los ojos del mundo.

Reaparece el escudero del sátrapa

Después de semanas de especulaciones y falsas alarmas, el vicepresidente sirio, Faruq Al Shara, reapareció ayer en público en Damasco, terminando así con el culebrón sobre su supuesta deserción y huida del país. Al Shara no hizo ninguna declaración, pero los periodistas pudieron ver cómo entraba en su despacho y recibía a una delegación de parlamentarios iraníes, volviendo al trabajo como si nada hubiera pasado. Al segundo de Bachar al Asad no se le había visto desde hace más de un mes, ni siquiera al lado del presidente para el rezo del final del Ramadán la semana pasada, lo cual alimentó los rumores sobre su deserción. Hasta en tres ocasiones, se anunció que Al Shara había desertado.

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