Editorial

¿Hasta donde llegan nuestros límites?

Los recientes hechos ocurridos con la divulgación de un video, reprobable desde todo punto de vista, que ridiculiza al Profeta Mahoma, insultando la comunidad musulmana al tocar fibras muy sensibles de su religiosidad islámica, pone de manifiesto una vez más lo peligroso que es sobrepasar los límites de nuestra privacidad, los límites de nuestra libertad, en aras de un mal entendido derecho a la libre expresión. Y no sólo por los hechos de violencia, muerte e ira que ha generado la divulgación entre otros medios y por YouTube de “La Inocencia de los Musulmanes”, sino por lo que implican actos como estos que están vulnerando los límites de nuestra privacidad y el respeto por nuestros semejantes.

Nueve extranjeros y tres afganos murieron el pasado martes en un ataque suicida contra un vehículo de una compañía logística cerca del aeropuerto de Kabul en un claro acto de venganza por el video de Mahoma grabado en Estados Unidos. Este nuevo hecho de violencia se suma a los vividos durante la semana recién pasada, cuando turbas de personas en Sudán, Líbano, Afganistán y Egipto, entre otros países, atacaron sedes diplomáticas de naciones de occidente en protesta por la película en cuestión.

La escalada de violencia generada en el mundo musulmán contra el video antiislámico que circula desde hace unos días y que ha generado muertes y más violencia, ha sobrepasado esa frágil barrera que separa los límites del respeto por las creencias de los demás. En un Medio Oriente, que en su mayoría profesa el Islam, convulsionado por la guerra, el dolor y la angustia de gentes enfrentadas contra gobiernos autócratas y que luchan por instaurar y fortalecer una reciente y frágil democracia, ridiculizar al Profeta Mahoma es como echarle más leña al fuego.

Cabe preguntarnos ¿Qué más hay debajo de estos propósitos? ¿Qué se busca con actos como el del film que ridiculiza al Profeta Mahoma? La industria de la guerra es uno de los más grandes negocios. Si usted no lo cree así, considere entonces: ¿cuánto vale cada bala que se dispara, cada arma que se usa, cada tecnología que se involucra en las guerras, cada hombre que lucha, consiente o no consiente de sus actos, pero que forma parte de esta gran industria que es la guerra?, ¿a quién o a quiénes les interesa que siempre haya conflictos?, entonces, un poco más de carbón al asador es necesario para avivar la llama y encender más los ánimos, pero si esto fuera poco o con estos actos no bastara, echemos más aceite sobre fuego. En plena, el semanario satírico francés «Charlie Hebdo» salió a la calle con nuevas caricaturas de Mahoma que seguramente van a exacerbar más la actual tensión. ¿Qué se gana con todo esto, más allá de como es lógico, que se agote completamente su publicación?

Diariamente, vemos cómo se violan estos límites que son un derecho de cada ser humano, se denigra de cualquier persona o se muestran fotos sólo con el propósito de subir las ventas de un medio o de aumentar el rating de un programa.

Mostrar la esposa del príncipe William, Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, en topless en una publicación de una revista francesa es una muestra más de hasta dónde llegan los llamados paparazzis en su afán de dinero y publicidad. No importó violar la privacidad, invadir la intimidad de la pareja real de una manera grotesca y totalmente injustificable. Su objetivo y no el de la cámara, era conseguir un buen precio por la exclusiva y su “gloria”. ¿Es esto periodismo? Al respecto comentaron el príncipe y su esposa: “Consideramos que se sobrepasó una línea roja”, acto seguido: la demanda contra el medio y el fotógrafo.

Este incidente recuerda los peores excesos de la prensa y de los paparazzi durante la vida de Diana, Princesa de Gales, quien quizás, su conductor, en su afán de huir de los fotógrafos, aceleró su carro hasta producirse el accidente que le causó la muerte a él y a la princesa.

Día a día se viola la privacidad de las personas bajo la justificación de que son personajes famosos y que su vida es pública. Entonces se cree que esto les concede el derecho de decir lo que se quiera de ellos, porque lo más importante, como dice en su más reciente libro “La Civilización del espectáculo” el Nobel Mario Vargas Llosa, ahora lo que importa es el espectáculo, la diversión, la gente pide esto y esto es lo que se le da a los espectadores ansiosos del chisme, del morbo; la buena escritura, la buena literatura se muere en los anaqueles de las librerías, nadie o muy pocos la quieren.

La vida nos impone ciertos límites que no debemos nunca sobrepasar. Todo tiene sus demarcaciones y como dice un axioma referente a nuestra libertad: mis límites terminan donde comienzan los suyos, razonamiento lógico que no debemos nunca olvidar.

A pesar de que los conceptos “privacidad” y “respeto” cada vez más se diluyen hasta quizás desaparecer en un mundo donde todo se escucha y todo se ve, debemos luchar por conservarlos. De lo contrario, este mundo se convertiría en un caos, pues donde no haya respeto por los demás y nuestra privacidad desaparezca, no habrá límites entre el bien y el mal, y nuestro hogar se convertirá en sitio de puertas abiertas donde cualquiera sin invitación podría entrar y usar todo lo que consideramos nuestro, inclusive nuestros sentimientos y nuestros seres más queridos.

La libertad de expresión no puede, en aras de esa libertad que se quiere gritar a los cuatro vientos, extenderse sin límite alguno. No debemos olvidarnos del respeto que debemos tener por los demás para poder conservar nuestro tesoro más preciado que es nuestra propia libertad.

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más leído

To Top
Translate »