Es un ritual que se realiza prácticamente a
diario: individuos acusados de narcotráfico y homicidio son exhibidos ante los medios de
comunicación para mostrar que México está ganando su guerra contra las drogas, pero una vez
que se apagan las luces de las cámaras, tres cuartas partes de ellos son
puestos en libertad.
Aun cuando el gobierno federal presume su
récord de arrestos, los casos armados por procuradores y policías bajo la
enorme presión de hacer arrestos con rapidez se desbaratan por la falta de
evidencia.
Personas inocentes son torturadas para que
confiesen. Los culpables son puestos en libertad, sólo para ser detenidos en
otra ocasión por otros crímenes. A veces, los carteles de las drogas son los
que deciden quién es arrestado.