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Kim Jong Un reta a la comunidad internacional con un nuevo misil

7 de febrero de 2016 – Hong Kong – Agencias.

El lanzamiento por Corea del Norte de un cohete de largo alcance para poner en órbita un satélite en la mañana de ayer volvió a ignorar la prohibición internacional contra el uso de misiles balísticos y aceleró la urgencia con la que Washington y Seúl buscan instalar un escudo antimisiles avanzados en suelo surcoreano ante lo que consideran una «intolerable provocación».

El dictador norcoreano, Kim Jong Un, contempla ayer el lanzamiento del misil de largo alcance.

El dictador norcoreano, Kim Jong Un, contempla ayer el lanzamiento del misil de largo alcance.

Distintas fuentes internacionales confirmaron el lanzamiento de un satélite al espacio horas después de que un cohete despegase del Centro Espacial Sohae, a las 9 de la mañana, según informó la agencia estatal de noticias KCNA, y entró en órbita nueve minutos y 46 segundos después del despegue. Una operación «ordenada y dirigida personalmente por el ‘gran líder Kim Jong Un’», según el canal de televisión estatal. Se cree que el cohete tiene un rango de más de 10.000 kilómetros, lo que bastaría para llegar a EE UU.

En un comunicado, la Agencia Nacional para el desarrollo espacial, en su habitual lenguaje propagandístico, se enorgullecía de «la fascinante estela del satélite Juche surcando el limpio y azul cielo en la primavera de febrero, en el umbral del Día de la Estrella Radiante». El juche es un sistema filosófico atribuido a Kim Il Sung, el abuelo del dictador, y con el Día de la Estrella Radiante hacen referencia al 16 de febrero, el nacimiento de Kim Jong Il, su padre.

Poco después, un alto funcionario de Defensa de Estados Unidos confirmó que el cohete fue lanzado hacia el espacio y su trayectoria «no supuso una amenaza para el país o nuestros aliados», y un portavoz del Comando Estratégico norteamericano señaló a la CNN que dos objetos habían sido detectados en la órbita terrestre.

Según la oficina del primer ministro de Japón, varias partes del cohete cayeron en cuatro puntos en alta mar tras su despegue, confirmó a través de su cuenta de Twitter, aunque no provocaron daños personales ni materiales. Por su parte, un oficial del Ministerio de Defensa surcoreano afirmó a la CNN que estaba analizando un fragmento recuperado del mar y que se cree que podría ser una parte del misil.

Corea del Norte se apresuró a señalar que este último lanzamiento tiene fines científicos y «pacíficos» a la vez que anunciaba que se plantea lanzar más satélites próximamente. Sin embargo, esta última provocación es considerada unánimemente en el exterior como una prueba de ensayo de misiles balísticos, especialmente después del supuesto lanzamiento de una bomba de hidrógeno el 6 de enero. El programa de satélites norcoreano se ve como una prueba encubierta de misiles debido a las similitudes entre el lanzamiento de un satélite y el disparo de una cabeza nuclear. Ayer, los expertos analizaban si el supuesto satélite, un Kwangmyongsong 4, está realmente operativo y si el cohete usado para lanzarlo puede llevar esa carga atómica.

Antes del lanzamiento de ayer, Corea del Norte había probado cohetes de largo alcance en al menos cinco ocasiones, el primero de ellos en 1998, un Taepodong-1 que pasó sobre Japón y se estrelló en el océano Pacífico. Según diversos analistas, Pyongyang cuenta con al menos una docena de ellos y con un centenar de armas nucleares. Nada más hacerse pública la prueba, los Gobiernos de Estados Unidos y Corea del Sur anunciaron el inicio formal de las negociaciones para instalar el sistema de defensa antimisiles THAAD (Defensa Final para Alta Altitud) en suelo surcoreano, pese a la oposición que hasta ahora han mostrado tanto Rusia como China, que lo consideran como una mera excusa que amenaza su propia seguridad. A ello se une la presencia de al menos 28.500 soldados estadounidenses en territorio surcoreano. «La República de Corea y Estados Unidos han determinado que el lanzamiento del cohete de largo alcance de hoy y la reciente prueba nuclear de Corea del Norte ponen de manifiesto la capacidad nuclear grave, las armas de destrucción masiva y la amenaza de los misiles balísticos que suponen para la paz y la estabilidad de la República de Corea y toda la región de Asia y el Pacífico», rezaba un comunicado conjunto.

Las críticas internacionales por esta última provocación norcoreana fueron generalizadas y exigieron endurecer las sanciones contra Pyongyang. A la formalizada por el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, que calificó el lanzamiento de «lamentable», se sumaron las de los líderes de Corea del Sur y Japón, quienes pidieron a Naciones Unidas la toma de acciones contundentes contra Pyongyang y la reunión urgente del Consejo de Seguridad, encuentro que se celebró ayer mismo. Para la presidenta de Corea del Sur, Park Geun Hye, el lanzamiento es un «desafío a la paz mundial» y «una muestra de que la carrera armamentística de Kim está dirigida a mantenerle en el poder, ignorando las penurias de su pueblo». El primer ministro japonés, Shinzo Abe, prometió tomar medidas, en cooperación con la comunidad internacional tras calificar la maniobra norcoreana de «inaceptable».

También la OTAN y Moscú condenaron el lanzamiento. Rusia, habitualmente comprensiva con Pyongyang, calificó el lanzamiento como «un duro golpe» para la estabilidad regional y un acto que muestra «su escaso respeto» por el Derecho Internacional.

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