Religión

La difícil historia de vida de la niña filipina que lloró al hacerle una pregunta a Francisco

19 de Enero de 2015 – CNN.

Hace algunos años, Glyzelle Palomar mendigaba comida en las calles al norte de Manila. Esta semana, la niña de 12 años estuvo en el escenario frente a decenas de miles de personas, y le preguntó al papa Francisco por qué Dios permite que los niños sufran.

“Hay muchos niños que son desatendidos por sus propios padres”, dijo Glyzelle el domingo en un ceremonia que se llevó a cabo en la Universidad Católica de Manila, de 400 años de antigüedad. “También hay muchos que se convirtieron en víctimas y muchas cosas terribles les pasaron como las drogas o la prostitución”.

“¿Por qué Dios permite que sucedan semejantes cosas, aunque no sea culpa de los niños?”, le preguntó al papa, y rompió en llanto mientras hablaba.

papa-franciscoVivir de ‘lo que encuentro en la basura’

Otro niño que vivió en la calle, Jun Chura, le habló al papa Francisco sobre su lucha por sobrevivir sin hogar.

“Me alimentaba de lo que encontraba en la basura”, dijo Jun, de 14 años de edad. “No sabía a dónde ir y dormía en la acera”.

“Cuando estaba en la calle, también vi cosas que no me gustan, cosas terribles que le sucedieron a mis compañeros en la calle”, dijo Jun. “Vi que les enseñaban a robar, a matar, y que ya no tienen respeto por los adultos”.

El papa Francisco respondió a la pregunta de Glyzelle y al testimonio de Jun con un gran abrazo para ambos niños.

“Ella es la única que ha hecho una pregunta que no tiene respuesta y no ha podido expresarla con palabras sino con lágrimas”, le dijo el papa de 78 años de edad a la multitud.

‘Las cosas terribles que pueden suceder en la calle’  

Glyzelle y Jun se encuentran al cuidado de la fundación Tulay ng Kabaaan, una organización no gubernamental que atiende a los niños de la calle de Manila.

La fundación encontró a Glyzelle y a su hermana mayor hace algunos años, dijo Alexandra Chapeleau, la gerente de comunicación del grupo.

El papa Francisco se despide mientras sale de la Base Aérea Villamor en Manila en dirección hacia Roma el 19 de enero. El papa Francisco ha concluido su visita de cinco días a las Filipinas. La visita atrajo a millones de filipinos católicos que acudieron a ver al líder de la Iglesia Católica. Fue la primera visita de un papa a ese país desde 1995.

Las niñas se habían ido de casa, donde sus empobrecidos padres no podían mantenerlas o darles una educación, y se valían por sí mismas en la calle, dijo.

Inicialmente asistieron a uno de los centros transitorios de la fundación antes de trasladarse a un complejo residencial y asistir a la escuela. En noviembre, su hermano menor se unió a ellas en la fundación.

Glyzelle sigue en contacto con su madre y va a casa a visitarla para Navidad, dijo Chapeleau.

El centro de la fundación donde Glyzelle vive es el hogar de más o menos 40 niños más que vivieron en la calle.

“La mayoría de ellos son víctimas de las cosas terribles que pueden suceder en la calle”, por ejemplo el abuso físico y sexual, dijo Chapeleau.

‘Debemos ver a cada niño como un regalo’  

Sin embargo, las lágrimas de Glyzelle frente al papa el domingo aparentemente fueron provocadas por la intensidad del momento, no debido a sus propias experiencias.

Ella hizo la pregunta “en nombre de todos los niños que cuidamos”, no por “algo personal en relación a su propia historia”, dijo Chapeleau.

El papa trató el tema de los niños de la calle nuevamente el domingo cuando oficiaba una misa en un parque de Manila con millones de personas, a pesar de la lluvia torrencial.

“Debemos ver a cada niño como un regalo que debe ser recibido, valorado y protegido”, le dijo a la enorme multitud. “Y debemos cuidar a nuestros jóvenes, no permitiendo que sean condenados a una vida en las calles”.

‘Me di cuenta de que no todas las personas no tienen corazón’  

El viernes, el papa había visitado el centro donde Glyzelle y otros viven después de oficiar una misa en la Catedral de Manila, y supuestamente estaba “muy conmovido” por lo que vio.

Se calcula que hay más de 1,5 millones de niños de la calle en Filipinas, aproximadamente 70.000 de ellos en el área metropolitana de Manila, de acuerdo con la fundación He Cares, otro grupo que se ocupa de ellos.

En su relato, Jun describió haber visto cómo algunos de sus amigos olían pegamento y tomaban otras drogas. Él dijo que aprendió a desconfiar de los adultos que ofrecían dinero o ayuda, ya que a menudo era una trampa para explotar a los niños.

Inicialmente rechazó una oferta de apoyo por parte de la fundación Tulay ng Kabataan, pero después se dio cuenta de que la organización realmente trataba de ayudarlo.

“Me di cuenta de que no todas las personas no tienen corazón”, dijo.

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