Tennessee

La historia de Karla Chávez: Del llanto a la felicidad

Por: Camilo García

Ejemplo de lucha y orgullo latino: logra beca completa para terminar estudios universitarios.

karlaKarla Chávez llegó a Estados Unidos cuando tenía cinco años de edad. De la mano de una hermana de su padrastro viajó mil 700 millas desde Guadalajara hasta Nashville. De su natal Guadalajara conserva escasos recuerdos poco visibles por la niebla del tiempo y su escasa edad, en aquel entonces.

Su madre llegó a Estados Unidos de México huyendo de un marido abusador, victorioso gracias a la debilidad del sistema judicial.

 

“Mi vida se quebró como un plato”

La vida le ha puesto obstáculos tan altos para poder desarrollarse como ser humano…pero a pesar de esto, sigue teniendo gestos gentiles acompasados con su voz de niña que contrastan y hasta confunden, cuando se comprenden, el alcance de su visión y la constancia de su carácter.

“Fue solo cuando estaba en décimo grado cuando entendí que era diferente a mis compañeros. Todos estaban sacando su licencia de conducir, entonces yo fui a donde mi mamá para que me dijera mi número de seguro social. Ella me explicó entonces que yo no podía tener licencia, porque estaba en situación de indocumentación y también iba a ser muy difícil ir a la universidad. Toda mi vida se rompió como un plato que cae al piso”, cuenta Karla.

Karla perdió interés en sus estudios, cuando siempre había sido una gran estudiante, pasó de ser una chica alegre y buena estudiante a mostrar síntomas de apatía hacia casi todo. Su madre tuvo que intervenir.

 

Un nuevo golpe

“Recuerdo esa conversación, mi madre, me dijo que la vida de una persona en situación de indocumentación es dura, pero aún es vida y que hay que luchar porque todo el sacrificio de llegar hasta Estados Unidos no podía ser en vano”.

Karla habló con un profesor de literatura en su escuela, este le contó del programa “Latinos Triunfadores” de la YMCA. Allí conoció a Sandra Sánchez, quien le mostró que muchos jóvenes en su misma situación iban a la universidad con algunas becas que no discriminan la condición migratoria de quien se quiere educar.

Aplicó a varias becas y fue aceptada en la Universidad de Lipscomb, pero antes de graduarse de secundaria llegó la crisis económica, sus padres perdieron su casa, se declararon en banca rota y ya no podían costear los 10 mil dólares que le hacían falta a Karla para ir a la universidad.

“Nos movimos a una dúplex, dormía en un cuarto con mis cuatro hermanas menores, era muy difícil que hubiera hasta comida en la mesa”, relata Karla quien el día de su graduación tenía dos sentimientos, felicidad por lograr el grado de secundaria, pero tristeza por no poder seguir el mismo camino de sus sueños.

Entonces la niña hispana con sus sueños rotos saca el temple latino para vencer los obstáculos. Comienza a trabajar cerca de 80 horas a la semana para ayudar a su familia y juntar algo de dinero con la esperanza de poder estudiar.

Sacrificio y pundonor

Para el 2009, Karla se une a TIRRC donde por ese tiempo se conformaba lo que hoy es un movimiento social de jóvenes inmigrantes que luchan por la igualdad de derechos para los inmigrantes.

Karla_3“Conocí a Amelia Post que trabajaba para TIRRC, ella cambió mi vida y empecé a ver las cosas de forma diferente. Me uní al grupo y empecé a luchar por el DreamAct”.

En el 2010, Karla viaja a Washington para presenciar la votación final del DreamAct en el Congreso. Estando en el recinto vio cómo la propuesta del DreamAct no era aprobada por el legislativo nacional.

¿Entonces?…pues a reponerse del golpe, a reflexionar para buscar una nueva estrategia. No es gratis que los jóvenes inmigrantes sean los únicos inmigrantes que han logrado resolver favorablemente su situación migratoria.

Dreamers en todo el país entendieron, antes que todos, que Obama iba a necesitar de nuevo del voto latino y que algo tenía que darle al electorado hispano para que le apoyaran de nuevo. Comprendieron antes que nadie, que en esos días no había ambiente ni para una reforma migratoria ni para un DreamAct.

Se la jugaron por pedir lo que hoy se conoce como Acción Diferida. Los jóvenes con mucha astucia política, más que las organizaciones de “adultos”, se movilizaron en todo el país. Karla y sus compañeros lo hicieron en Tennessee.

 

Esperanza

Hasta que el año pasado, Obama, por orden ejecutiva, anunció la Acción Diferida, la cual hacía poco tiempo había dicho que no se podía hacer.

Por esos días, Karla inició clases vía internet, más baratas que las presenciales, en un colegio comunitario y ganó varias becas, retomando de nuevo la senda de sus sueños.

Gracias a su trabajo con los jóvenes, Karla fue seleccionada para reemplazar a Amelia Post en TIRRC, como Coordinadora para la Juventud de Tennessee.

Hace solo una semana esta joven inmigrante recibió dos noticias enormes: la primera, que había sido aceptada su aplicación para Acción Diferida, tendría número de Seguro Social y licencia de conducir; la segunda, La Universidad de Lipscomb le notificaba que se había hecho acreedora a una beca de 25 mil dólares anuales, durante dos años, para estudiar en esa Universidad.

Fueron tantos los días grises y de desesperanza de Karla, que es tan fácil que nos arranque de una sola mirada tanta admiración y respeto la forma como su lucha rinde ahora frutos.

 

Victoria de la dignidad

Es tan fácil la dicha en el corazón por el color del que se pinta la vida de esta joven mujer latina. ¿Cómo es posible tanta dignidad, persistencia, claridad y disciplina desde tan temprana edad y en medio de tantas dificultades? Es posible gracias a esa maravillosa capacidad de persistencia y sacrificio con la que Dios ha dotado a los latinos, mezclada también con la planificación y organización propia de los estadounidenses. Esa conjunción de atributos culturales toma forma en millones de inmigrantes latinos que, como Karla, cruzaron la frontera aún sin saber hablar y que se criaron en los Estados Unidos; de ellos ya se conforma la historia de la migración hispana, de ellos es ya gran parte del presente y de ellos será todo el futuro.

“A nosotros nos dicen Dreamers, a los inmigrantes jóvenes. Mi madre dejó su país para huir de la violencia doméstica que padecía. Ella me trajo a Estados Unidos. Mi madre y todos los padres de los inmigrantes de mi edad son los soñadores originales, los primeros Dreamers. Aunque pasamos cosas muy duras, hoy le doy las gracias a ella por haberme traído a este país”.

Fotos: Karla Chávez. / comunicarteusa.com

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