Editorial

La indiferencia es un crimen: Por Sofía Mercado

“You can’t erase what you know. You can’t forget who you are” Sandra Cisneros

Somos víctimas de la incertidumbre. Cuando no es una cosa son muchas otras y el asunto es que nuestros niveles de adrenalina rebasaron ya los límites de lo sano. Cuando juramos que ya lo habíamos visto todo, descubrimos que hay más y que ese todo, amenazante, todavía está por venir.

Sin embargo, en ese “continuo siendo”, como definiría la existencia el filósofo Yankelevich, la irrupción de lo inesperado cada vez nos sorprende menos. Aunque algunos vivimos en tal estado de alerta que lo primero que nos preguntamos al amanecer es: ¿y ahora qué? ¿Con qué nos irán a salir ahora? Como presintiendo un nuevo, pero cotidiano trancazo. De ese modo, dirigimos nuestras miradas a los protagonistas, observamos con detenimiento a quienes tienen la responsabilidad de dirigir nuestros destinos y estamos muy al pendiente de sus declaraciones, de sus actuaciones, de sus berrinches. Sentimos que nos tienen agarrados del cuello, que nos manejan a su antojo.

Nos mantenemos informados a través de los noticieros, así nos provoquen noches interminables de insomnio, porque pareciera que los temas obligados de las noticias son: muerte, sangre y lágrimas. De este y del otro lado de la frontera. Y da la impresión de que los reporteros, fotógrafos y camarógrafos no tienen ojos más que para la muy redituable mercadotecnia de las tripas al aire, los miembros descuartizados, cabezas degolladas, golpes altos y bajos.

Y lo único que nos queda es ser testigos del morbo que transcurre frente a nuestra impotencia. Pasamos de las declaraciones a las manifestaciones, de las protestas a las marchas y de la inseguridad a la delincuencia, todo salpicado de violencia, sangre, muerte.

Pasamos de las incoherencias de nuestros líderes, más preocupados por quedar bien que por desorganizar al crimen organizado o por organizar la justicia de nuestra deplorable ciudad, a otra escena igualmente circense: las manifestaciones de todo tipo, tan inútiles como obsoletas y cuyo fin es hacer gala pública de sus asuntos privados, porque en realidad a nadie le importa.

Las televisoras ya no saben cómo contagiarnos el feeling del peace and love y todos los medios insisten, como nunca antes, en hablar de lo mismo, que en realidad ya suena a refrito de mal gusto: “Que la impunidad será castigada”, “Que ha disminuido en gran escala el índice de delincuencia”. Una verdad a medias, decía un autor, es una mentira completa. Y en la mentira está sustentada nuestra historia.

Pero ni la más ferviente voluntad ni los deseos más efusivos de pertenecer al primer mundo, al mundo civilizado, bastan para combatir los golpes. Y aunque hay quienes afirman que: “Caen más fuerte cuanto más grandes son”, los “pequeños”, los que no sabemos, sabemos lo que les sucede a los “otros” a quienes se quedan a la mitad de la calle aquí o en la raya, allá en la frontera norte: impotentes ante el descaro y la corrupción, desvalidos ante la burla y la humillación.

Pero seguir atropellando a los “otros” puede costarnos muy caro. Los retrasos suelen tener finales catastróficos. Todos somos parte de la polvareda que juntos levantamos y que después no nos permite ver. Y en medio de esa bruma, cada quien busca su propia sobrevivencia, cada quien la define como puede o como le conviene.

Mientras tanto, algunos pasamos de la admiración al desconcierto, del asombro al pasmo, de la estupefacción a la confusión. Otros olvidan que la indiferencia es un crimen y que los mexicanos de este y del otro lado de la frontera, ahora sí, ya merecemos un mejor destino.

Foto: Cortesía de: http://www.taringa.net

1 Comment

1 Comment

  1. jorge guzman

    25/10/2012 at 11:48 pm

    No dejan de sorprenderme los articulos de Sofia Mercado. Son inteligentes, precisos, reales. Su punto de vista es brillante. Me encanta leerla, siempre espero sus articulos con mucho gusto.

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