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La ofensiva de Asad y Rusia deja aislados a 300.000 sirios en Alepo

9 de febrero de 2016 – Beirut – Agencias.

La ofensiva del régimen sobre Alepo ha dado un giro radical al curso de la guerra civil siria, que entra en su quinto año. También, de cara a las negociaciones de paz, coloca al presidente Bachar al Asad en una posición de fuerza. La más que probable victoria de Damasco en la otrora capital económica de Siria –reducida a ruinas–, no se hubiera presentado a no ser por el poderío militar de la aviación rusa, y la reconquista de Alepo significaría un avance estratégico en el objetivo del Gobierno por recuperar el control del norte de Siria y un golpe moral y militar para los rebeldes, ya que perderían su principal bastión en el este de la ciudad.

Un grupo de niños sirios juegan ayer junto a un campo improvisado en el norte del país junto al paso fronterizo de Bab al Salam.

Un grupo de niños sirios juegan ayer junto a un campo improvisado en el norte del país junto al paso fronterizo de Bab al Salam.

El Ejército sirio recuperó ayer la localidad de Keffin, al norte de Alepo, y sus fuerzas están ya a 25 kilómetros de la frontera turca. Ahora que las tropas gubernamentales han cortado el camino del norte, el próximo objetivo es, probablemente, la carretera de Alepo hacia el cruce de la frontera occidental de Bab al Hawa, controlada por los rebeldes. Con ello, los combatientes perderían todas las rutas que suministran a los barrios del este de Alepo.

«El régimen y sus aliados chiíes no tratan de retomar esta área rápidamente, ya que el riesgo de bajas militares en la guerra urbana es demasiado grande», explica el profesor Fabrice Balanche en un análisis del Washington Institute. «La mejor solución es rodear y esperar, lo que dará tiempo a decenas de miles de civiles que permanecen en el este de Alepo a huir», señala Balanche. Desde que comenzó en septiembre la campaña de bombardeos rusos, la estrategia de Moscú estaba dirigida a conseguir tres objetivos. El primero es proteger la zona costera alauí donde Rusia ha instalado sus bases logísticas. El segundo es fortalecer a Asad, empujando a los rebeldes lejos de las grandes ciudades (Homs, Hama, Latakia, Alepo y Damasco). Y el tercero es el de cortar las líneas de suministro extranjeras de los rebeldes, detalla el análisis.

La población local cree que los bombardeos rusos están allanando el camino para el asedio a la ciudad. Después de cortar la principal vía de abastecimiento, al norte de Alepo, pronto comenzarán la escasez y el hambre. «La situación es muy mala. Los bombardeos son continuos», explicó Abed Melhem, un periodista sirio de Alepo. Melhem está en Gaziantep, pero su familia sigue en Alepo. «Mi madre me contó que los estantes de los ultramarinos están vacíos. La gente ha arrasado con todo lo que hay. Incluso, pagando el doble o el triple del precio. Tienen miedo de que las fuerzas del régimen cerquen toda la ciudad y no puedan entrar suministros», relató.

La oficina para asuntos humanitarios de la ONU (OCHA) advirtió ayer de que unas 300.000 personas podrían quedarse ya sin ayuda si el Gobierno sirio y sus aliados cierran el cerco sobre Alepo e impiden la salida de los civiles. Si los avances gubernamentales continúan alrededor de la ciudad, «hasta 150.000 personas podrían intentar marcharse» al vecino cantón kurdo de Afrin y a sus inmediaciones, agregó la agencia. Por su parte, el director del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Siria, Jakob Kern, advirtió de que la situación «es muy volátil» y se mostró «extremadamente preocupado» por el corte de las rutas de suministro desde el norte hasta el este de Alepo y a las «zonas circundantes». «Estamos haciendo todo lo posible para proporcionar suficiente comida para todos los que la necesitan, llevándola desde Turquía a través del cruce fronterizo que permanece abierto», subrayó Kern, que instó a todas las partes en conflicto a facilitar «el acceso sin trabas» a las comunidades asediadas.

Aumenta la presión a Turquía

Con más de 70.000 desplazados varados en el paso fronterizo de Bab Al Salam, en el lado sirio, las autoridades turcas se sienten bajo una gran presión internacional al no haber permitido la entrada a los refugiados que están huyendo de los bombardeos. «Hay 70.000 personas viviendo ahora en los campamentos a lo largo de la frontera. Si las operaciones militares continúan así, pronto llegarán otros 70.000», advirtió el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu. El jefe de Gobierno denunció que el «90% de las bombas rusas están cayendo sobre civiles» y aseguró que igual que el Ejército soviético invadió Afganistán y luego tuvo que retirarse, «quienes han entrado en Siria y bombardeado Alepo se marcharán».

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