Editorial

La pesadilla que no queremos revivir

El reciente atentado en Colombia al ex ministro Londoño, nos trae a la mente el recuerdo de otros hechos dolorosos ocurridos hace unos años y que los colombianos en nuestro afán de paz, creíamos que habían sido superados. Sin embargo, vemos con mucha tristeza que la llamada tranquilidad y relativa seguridad es tan débil y delicada en un país donde los violentos se esconden en las selvas colombianas y se financian con el producto de la venta de ilícitos, cuando no por el secuestro y la extorsión. Y otros deambulan en nuestras calles esperando cumplir con su tarea sin importar el objetivo, muchos inclusive, sin saber a quién va dirigido el acto punible, pues sólo importa la paga. Porque no se crea que aquí hay ideales tras los crímenes y atentados como el perpetrado contra este aguerrido Fernando Londoño, no, aquí quienes lo realizaron no les importa contra quién va dirigido, cosa distinta de las mentes diabólicas que engendraron el violento acto y que las razones que los impulsaron a realizarlo quedan en la mente de todos como pregunta sin respuesta, por lo menos hasta el momento: ¿por qué lo hicieron?

Fernando Londoño, dirigente caldense que representa el ala más conservadora de su partido, es un abogado y economista de la Universidad Javeriana. Nació en Manizales en 1944 y es padre de cuatro hijos. Desde muy temprano, logró reconocimiento en el sector cafetero, gremio al que estuvo vinculado. Durante la campaña presidencial de Álvaro Uribe en 2002, se volvió un incondicional suyo. Era parte de su equipo más cercano de apoyo. Al asumir Uribe la Presidencia en 2002, Londoño se convirtió en su primer ministro del Interior y de Justicia. Era un personaje clave en esa administración, no sólo por su rol de ministro, sino por sus posiciones sinceras, directas y a veces hasta duras. Es hijo de Fernando Londoño Londoño, quien fue canciller de la República y líder muy respetado de su partido.

Pero lo que está sucediendo en Colombia y que algunos achacan como represalia en contra del TLC, tratado de libre comercio que recién inicia Colombia y que ha suscitado desde sus inicios, ya hace más de 6 años, toda clase de críticas, especialmente por los sindicatos y pequeños productores y comerciantes; no puede de ninguna manera justificar esta clase de hechos, si es que este fue el motivo. Sin embargo, esto es materia de investigación y, hasta el momento, son puras conjeturas, pues aún no se sabe los móviles de tan atroz acto.

Otros analistas creen encontrar una similitud en la manera como se realizó el acto terrorista con otros perpetrados por las FARC, pues su sofisticación y planeación los lleva a pensar que sólo pudo haber sido obra de esta organización terrorista.

Si bien el explosivo empleado para este atentado fue de alto poder, no se diferencia mucho de los usados para otros ataques terroristas en Colombia. Lo novedoso, de acuerdo con conocedores del tema, fue el empleo del dispositivo para adherirlo al vehículo e impedir que se deslizara. Pudo ser un imán o incluso una especie de grasa. Adhesivos de este tipo fueron usados por el grupo terrorista ETA, en España, para pegar explosivos debajo de los carros de sus víctimas, de tal manera que explotaran cuando el vehículo era encendido o se ponía en marcha. Esto muestra un escalamiento en la agresividad de los terroristas en Colombia, pues están en la capacidad y en la disposición de cometer el atentado en la cara de la víctima. Lo ocurrido fue calculado con gran exactitud… lo que dura el cambio de un semáforo.

Lo preocupante en sí del acto criminal es el temor de que se regrese a esa época que ya se creía superada. Este no es sólo un hecho aislado. Ya se han producido recientemente el estallido de otras bombas y la desactivación de otras muchas más. Precisamente, en la mañana del atentado, efectivos de la policía lograron desactivar otro carro bomba en el centro de Bogotá. Al que según la policía se le atribuye vinculación con el que estalló en la calle 74 con la avenida Caracas, al norte de la capital.

Cabe preguntarse si esta escalada terrorista no obedece a una suavidad en el manejo contra el crimen organizado por parte del gobierno, lo que implicaría un segundo aire para estos grupos terroristas. Las comparaciones son odiosas, pero….

Colombia ya ha caminado por esa vía dolorosa de inseguridad que a su paso dejó muertos, heridos y cuantiosas pérdidas económicas, además del daño internacional causado a la imagen del país. Los colombianos no queremos transitar por esa pesadilla nuevamente.

También, vemos con tristeza y dolor lo que le está pasando al país hermano mexicano. Sus muertos y su violencia son sinónimos de lo que aconteció en nuestro país. Por eso, sentimos su dolor y oramos porque cese tanto padecimiento y amargura.

México es una nación poderosa, rica en folclor e historia, con grandes sitios turísticos para visitar y mostrarle al mundo su grandeza, gente cordial y amable. Por eso, sentimos lo que pasa allá y por eso no queremos que vuelva a nuestro país el terrorismo de los carros bombas y su estela de destrucción y muerte. Queremos tanto para Colombia como para México y como para cualquier nación libre, un lugar de paz y tranquilidad donde crezcan nuestras familias y el país con ellas.

El mal, como la mala hierba, hay que desenterrarlo de raíz para que no germine nuevamente. A veces hace falta más que un simple jalón para arrancarla totalmente y es cuando tenemos que echar mano del azadón. Si falta mano dura, hay que hacerlo, porque no se puede dejar que la semilla del mal conviva con la gente buena que siempre crece por abundancia en nuestros países.

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

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