La nación

La policía de fronteras de EE UU ordena exámenes médicos a cientos de niños migrantes

El hospital de Alamogordo, Nuevo México, donde murió el niño guatemalteco Felipe Gómez. PAUL RATJE. AFP.

La muerte de un segundo menor bajo custodia en Nuevo México obliga a una revisión de los protocolos de detención. El departamento asegura que recibió comida, bebida y atención en todo momento

26 de diciembre de 2018 – Agencias.

La policía de fronteras de Estados Unidos anunció que va a realizar inmediatamente exámenes médicos a todos los inmigrantes menores de edad que se encuentran detenidos, tratará de buscarles alojamiento fuera de los centros de detención y hará una revisión general de sus protocolos a la hora de procesar niños en la frontera. Los cambios, sin precedentes recientes, no vienen ordenados por la Casa Blanca ni el Congreso. Es la reacción a la muerte de Felipe Gómez, guatemalteco de ocho años, mientras estaba detenido, tras mostrar síntomas de resfriado. Sucedió en Nochebuena.

El niño aún no había sido identificado oficialmente el miércoles a mediodía, hora de Texas. Una fuente oficial de Guatemala lo identificó a EL PAÍS como Felipe Gómez Alonzo. Su padre se llama Agustín Gómez Pérez y tiene 47 años. Eran de un municipio llamado Nentón, en Huehuetenango, al oeste de Guatemala.

El impacto de la muerte de este niño ha sido instantáneo en el entramado burocrático que vigila la frontera con México. El pasado 8 de diciembre murió otra niña, Jakelin Ameí Caal, también de Guatemala, en circunstancias muy similares tras cruzar la frontera y también en Nuevo México. Aquel caso conmocionó a Estados Unidos. En aquella ocasión, el Gobierno tardó casi una semana en informar al Congreso del suceso y solo dio explicaciones públicas tras la conmoción general y las exigencias de los demócratas, que serán mayoría en la Cámara de Representantes la semana que viene.

El segundo caso, tan parecido y en el mismo sitio, ha obligado a actuar inmediatamente al departamento de Protección de Aduanas y Fronteras (CBP, por sus siglas en inglés). El mismo día de Navidad, solo 24 horas después de la muerte del niño, CBP publicó una cronología de las últimas horas de Felipe Gómez y anunció los cambios en sus protocolos.

Felipe y Agustín Gómez cruzaron a Estados Unidos por algún lugar a las afueras de la ciudad de El Paso, Texas. Fueron detenidos sobre la una de la tarde del pasado 18 de diciembre al oeste de la ciudad. En estas fechas, esa zona desértica tiene temperaturas de entre 1 y -2 grados centígrados por la noche. No se sabe aún cuántos días pasaron el padre y el hijo en Chihuahua antes de cruzar o cuánto tiempo llevaban de viaje. Tres horas y media después de su detención, estaban en el centro de procesamiento de la garita de entrada de Paso del Norte, en la ciudad de El Paso.

Los inmigrantes estuvieron en esa comisaría hasta el día 20 a mediodía, cuando fueron trasladados a la comisaría general de la policía fronteriza en El Paso. El día 22 por la noche, fueron trasladados de nuevo a la comisaría de Alamogordo, en Nuevo México, a unos 140 kilómetros al norte, porque el centro de El Paso estaba lleno. La zona de El Paso se está viendo desbordada por un aumento en las llegadas de inmigrantes irregulares, como hace unos años sucedió en Río Grande (Texas). Las cifras de detenciones en la frontera se dispararon hasta 51.000 el mes pasado. Aunque son cifras que están muy lejos desde los picos del año 2000, son suficientes para desbordar los recursos en algunas zonas. Si se compara con noviembre de 2017, en El Paso ha habido un aumento en detenciones de niños no acompañados del 254% y un aumento en detenciones de familias (al menos un adulto con al menos un niño) del 1.866%.

“Mientras estaban detenidos en Paso del Norte, el niño y su padre recibieron comida caliente, snacks, zumo y agua, y los agentes comprobaron seis veces que estaban bien”, aclara la nota de CBP publicada el martes por la noche sobre la muerte de Felipe Gómez. Entre el 20 y el 22 de diciembre, se pudieron duchar. Es una aclaración pertinente porque el departamento, cuya forma de actuar ya estaba en entredicho en la era de Donald Trump, se encuentra bajo los focos por la confusión sobre las circunstancias en las que murió Jakelin Caal, de siete años. En un principio, CBP dijo de forma extraoficial que la niña había muerto deshidratada porque llevaba días sin comer ni beber. El padre de la niña negó esa versión, aunque al mismo tiempo dijo que el trato de los agentes había sido correcto. Veinte días después de la muerte de la niña, aún no hay una causa de la muerte oficial.

Felipe Gómez no mostró síntomas de estar enfermo hasta el 24 de diciembre, sobre las nueve de la mañana, según la cronología facilitada por CBP. Un agente se dio cuenta de que el niño estaba tosiendo y tenía los ojos llorosos. Media hora después, fue trasladado acompañado por su padre a un hospital local, el Gerald Champion Medical Center de Alamogordo para ver si tenía gripe.

Allí, los médicos comprobaron si tenía infección de garganta. Sobre las 12:45 del lunes, le diagnosticaron un resfriado común y le dieron Tylenol. Media hora después, le midieron una fiebre de 39,4 grados, por lo que lo mantuvieron en observación. A las 14:50, el niño fue dado de alta de urgencias con una receta de amoxicilina e ibuprofeno. En vez de volver al centro de detención, el padre y su hijo se quedaron en un puesto móvil de la policía de fronteras en la carretera. Allí recibieron una comida caliente y la medicación. “Durante la tarde los agentes comprobaron varias veces su estado”, añade la nota.

A las 19:00 del día de Nochebuena, Felipe Gómez vomitó tras sentir náuseas. Los agentes limpiaron el vómito. En este momento, dice la nota de CBP, “su padre declinó más asistencia médica porque el niño se encontraba mejor”. A las diez de la noche, los agentes vieron al niño adormecido y de nuevo con náuseas. No había personal médico donde estaban. “Por prudencia, los agentes tomaron la decisión de llevar al niño y su padre de nuevo” al hospital.

Durante el traslado, el niño vomitó de nuevo y perdió el conocimiento. Llegó al hospital a las 23:07. El personal no pudo reanimarlo. Felipe Gómez Alonzo, guatemalteco de ocho años, murió a las 23:48 de la Nochebuena en un hospital de Nuevo México. El cuerpo se encontraba el miércoles en una funeraria de Alamogordo, pendiente de ser trasladado a Albuquerque para la autopsia. Las autoridades de Guatemala fueron informadas a la mañana siguiente, día de Navidad. El padre, que se encuentra aún detenido, ha hablado con su esposa por teléfono.

La tragedia sucede en un momento político especialmente delicado. El Gobierno federal de Estados Unidos está cerrado por falta de fondos, precisamente por la insistencia del presidente Donald Trump en pedir más dinero al Congreso para seguridad fronteriza. El miércoles, el jefe de CBP, Kevin McAleenan, dio una entrevista a CBS en la que prometió “un enfoque diferente” respecto al tratamiento de los menores y pidió más presupuesto, pero no para un muro, sino para “atención médica”. Los exámenes médicos ordenados esta semana afectan a unos 700 niños actualmente detenidos, según The Washington Post. Las comisarías de la frontera, reiteró McAleenan, fueron construidas hace años pensando en detener a hombres adultos solos y no están preparadas para el “enorme flujo” de niños en los últimos años.

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