La nación

La prueba de fuego del «efecto Trump»

Nueva York – Marta Torres

Ha reconocido que no se ha preparado el debate televisivo del próximo jueves en el que se enfrentará a otros nueve republicanos que aspiran a conseguir la nominación de su partido el próximo año. Así es Donald Trump, el multimillonario que ha revolucionado el patio de los conservadores al conseguir una intención de voto del 19%, por encima de cualquier otro candidato. Trump prefirió estar en Escocia en un torneo de golf. No parece muy concentrado en el debate. Quizá porque sabe que una descalificación al rival es más eficaz que cualquier argumento para atacar las políticas de Obama.

Donald Trump, ayer, en un torneo de golf en Escocia.

Donald Trump, ayer, en un torneo de golf en Escocia.

Hasta el momento, la estrategia del insulto le ha dado resultado, a tenor de su posición en los sondeos. Entre sus perlas está el comentario sobre los mexicanos que llegan a EE UU, de quienes dijo que son criminales y violadores. También puso en duda el historial de guerra del senador de Arizona John McCain. Del gobernador de Texas, Rick Perry, comentó que «se pone gafas para que la gente crea que es más inteligente, pero no funciona». Sobre Jeb Bush –otro de sus contrincantes, y hasta hace poco el candidato republicano mejor situado– ha dicho que «es una persona infeliz». Sin embargo, Trump ha demostrado que se pierde cuando tiene que ofrecer detalles y elaborar propuestas políticas. Tuvo problemas al responder a un reportero cuando le preguntó cómo resolvería la crisis migratoria. Sólo alcanzó a balbucear: «Tenemos que tener inmigración legal».

El gran desafío de Trump de cara al debate, que retransmitirá la cadena Fox en colaboración con Facebook y el Partido Republicano de Ohio, será dar seguridad y la sensación de que es un hombre de Estado más que un provocador. Pese a sus «boutades» y desvaríos, se mantiene a la cabeza en las principales encuestas con cuatro puntos de ventaja sobre el segundo, el gobernador de Wisconsin, Scott Walker.

No todos los candidatos republicanos –hasta ahora se han postulado 17– podrán participar. Por eso habrá un debate a las nueve de la noche con los diez nombres que están arriba en las encuestas y uno previo a las cinco de la tarde en el que estará el resto, quienes de alguna manera actuarán de teloneros de las grandes estrellas del rock del Partido Republicano. Serán las encuestas nacionales las que decidan quién podrá entrar en el gran debate de «las estrellas». Por ello, los candidatos están luchan a brazo partido para relanzar su visibilidad. Entre los que más destacan en este sentido son el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, y el de Texas, Rick Perry.

Más allá de lo que dicen los sondeos, todavía es demasiado pronto en la carrera republicana para saber cómo va a afectar este debate a las elecciones primarias del partido el año que viene. En el calendario se marcan en rojo los «caucus» de los Estados de New Hampshire, Iowa y Carolina del Sur, donde Trump también se ha hecho fuerte en los sondeos. Su irrupción en la escena política ha sido tenida en cuenta por el Comité Nacional Demócrata, que ha incluido al magnate en la lista de serios aspirantes republicanos a la Presidencia estadounidense, según informa el periódico británico «The Guardian».

Donald Trump llega al debate del jueves aupado en la cresta de la ola. Por un lado, es un buen trampolín, ya que ha demostrado que sabe manejar los medios de comunicación. En cambio, no puede humillar y reírse de sus oponentes, debido a que podría alienar a los votantes.

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