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La trama del Brexit, al descubierto

Chris Wylie durante su comparecencia en el Parlamento británico.

Christopher Wylie, «garganta profunda» de Cambridge Analytica, confirma cómo los grupos anti UE esquivaron los límites de financiación y pagaron a una empresa canadiense para inclinar el resultado

27 de marzo de 2018 – Agencias.

Vote Leave», la campaña oficial que pedía el voto por el Brexit, mintió. No sólo utilizó métodos ilegales para poder superar el presupuesto asignado, sino que, además, contrató una empresa canadiense que, previamente, había manipulado las elecciones de Nigeria de 2015 con vídeos «amenazantes» y «altamente violentos». En definitiva, el histórico referéndum de 2016 podría haber acabado con un resultado muy distinto si las campañas euroescépticas no hubieran empleado técnicas fraudulentas. Ésta es la conclusión principal del testimonio que ofreció ayer Christopher Wylie al comité de Westminster que investiga la repercusión de las noticias falsas en procesos electorales.

El joven de 28 años se ha convertido en la principal fuente del escándalo que ha puesto contra las cuerdas a Cambridge Analytica (CA). La empresa americana utilizó, supuestamente, los datos de millones de usuarios de Facebook para conseguir el triunfo de Donald Trump con estrategias on line de dudosa legalidad. Pero, según Wylie, antes de poner al empresario millonario en la Casa Blanca, la compañía logró previamente el triunfo del Brexit, que se saldó con el 52% de los votos a favor, con técnicas similares. «Sus dueños estaban convencidos de que si conseguían primero el triunfo de movimientos populistas en Reino Unido con el Brexit luego podrían asegurarse el triunfo de Trump en Estados Unidos», matizó. Wylie, que es especialista en análisis de datos y predicción de tendencias y trabajó entre junio de 2013 y julio de 2014 con SCL, la empresa «madre» de CA. La consultora británica presume de haber trabajado en más de 200 procesos electorales en todo el mundo. Sin embargo, según su ex empleado, los métodos que utilizaban para influir en países con democracias vulnerables los han aplicado ahora a Occidente.

En 2015, por ejemplo, SCL fue contratada por un millonario –cuya identidad no ha salido a la luz– que quería garantizar la continuidad del entonces presidente de Nigeria, Good Jonathan. La consultora empezó a generar material «on line» con vídeos que mostraban imágenes violentas que simulaban el escenario que, supuestamente, los nigerianos se encontrarían si ganaba su rival político, del que también habían conseguido material comprometido «hackeado», supuestamente, por una empresa israelí.

La cuestión es que todo ese material para la red había sido diseñado con el «software» de una empresa canadiense llamada Aggregate IQ, la misma que luego fue contratada por las campañas euroescépticas que participaron en el referéndum celebrado en Reino Unido en 2016. «¿Cómo es posible que, sin coordinación alguna como las campañas defienden, coincidieran todas en contratar a una pequeña empresa canadiense cuyos datos no se podían encontrar en ningún sitio?», se pregunta Wylie.

«Vote Leave» pagó 2,7 millones de libras (tres millones de euros) a Aggregate IQ durante la campaña del referéndum. No podía superar el presupuesto designado de siete millones de libras. Pero, según Wylie, días antes del plebiscito, «Vote Leave» utilizó a los dos chicos que estaban al frente del grupo juvenil, para que formaran una organización independiente llamada «BeLeave». A través de ésta última, se pagó a Aggregate IQ 625.000 libras. «Ellos nunca vieron el dinero. Los abogados de ‘Vote Leave’ les prepararon todos los documentos. Les dijeron qué y dónde había que firmar», especifica. Las campañas, por separado, pueden gastar hasta 700.000 libras extra, siempre y cuando no estén coordinadas.

En este sentido, el joven se pregunta por qué el año pasado, cuando la Comisión Electoral abrió una investigación, Victoria Woodcock, la directora de operaciones de «Vote Leave», borró su nombre; el del director de campaña, Dominic Cummings, y del director digital, Henry de Zoete, de un centenar de archivos que relacionaban a los dos grupos.

«Veterans for Britain», otro grupo euroescéptico, también pagó a Aggregate IQ 100.000 libras. Asimismo, el DUP –el partido unionista norirlandés, que también defendía la causa pro Brexit– pagó a la compañía canadiense 32,750 libras. Wylie señala que Aggregate IQ está completamente vinculada con SCL y Cambridge Analytica y la razón por la que está tan seguro es porque él mismo fue el responsable de su creación.

Cuando en 2013 fue contratado como «research director» de SCL, le pidieron expandir la capacidad técnica y en agosto de 2013 se puso en contacto con el que había sido su jefe, Jeff Silvester, que vivía en ese momento en Victoria, British Columbia (Canadá). Éste le dice que acaba de tener familia y no puede trasladarse a Londres, pero le propone abrir oficina en Canadá. «Era prácticamente como un departamento interno de SCL y CA», explica. Hasta 2016, Aggregate IQ no cuenta con más clientes que CA y SCL. Es más, la propiedad intelectual de Aggregate IQ pertenece a CA.

En abril del año 2017, Domic Cummings, director de «Vote Leave», asegura a «The Guardian» que habían encontrado a Aggregate IQ por internet. Pero Wylie asegura que esto es imposible porque la web de esta compañía no aparece en la búsqueda de Google hasta después del referéndum de junio de 2016. Por otro lado, en su blog, Cummings aseguró que el éxito del Brexit no habría sido posible sin Aggregate IQ. Pero esta referencia fue borrada la semana pasada.

Se abren ahora diferentes vías de investigación, pero todas ellas van a una misma pregunta: ¿se cometieron ilegalidades en el referéndum del Brexit? Y, si fuera así, ¿se puede dar el Brexit por legítimo? Tras la comparecencia del especialista en datos en Westminster, hubo una sesión especial en la Cámara de los Comunes para tratar la cuestión. En el debate, el diputado laborista Frank Field aseguró que, aunque apoyó el Brexit, considera que, si se han cometido delitos, «todo el peso de la ley» debería aplicarse a cualquier persona que se considere culpable.

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