Editorial

Las elecciones y la democracia

No hay discurso político, en nuestros países, donde no se enarbole la bandera de la democracia para darle énfasis a la alocución. Es la razón de existir de nuestros sistemas de gobierno, sin embargo, lo dicho con palabras en muchas ocasiones está lejos de cumplirse con lo que realmente significa democracia.

En una definición muy simple podemos decir, al igual que los griegos en épocas de su florecimiento, muchísimos años atrás, (1500 AC), que la democracia es el gobierno del pueblo; de hecho, este es su significado literal. Más ampliamente pero sin apartarnos de su verdadero significado, podemos decir que la democracia es aquel sistema de gobierno en el cual la soberanía del poder reside y está sustentada en el pueblo. Es este, por medio de elecciones directas o indirectas, quien elige las principales autoridades del país. Asimismo, es el pueblo quien puede cambiar o ratificar a estas mismas autoridades, en las siguientes elecciones populares.

Aquí está la base en la que nos regimos la gran mayoría de nuestras naciones libres, sin embargo, ¿qué tan apegadas están nuestras elecciones a esta consigna?

Analicemos lo que ha sido en recientes elecciones el manejo del concepto “democracia”. En muchas de ellas, se habla de fraude por compra de votos; de manejo de dineros muy por encima de los límites acordados para las campañas electorales; de votantes que aparecen como tales sin haberlo hecho, quizás ya desaparecidos; de coaccionar a los votantes bajo amenazas para que den su sufragio por este u otro candidato. Suplantación del elector, la cual consiste en que otra persona vota en lugar del elector, por ejemplo, personas que han fallecido. Robo de ánforas o paquetes electorales antes de que sean debidamente computados. Adulteración de las actas de la elección, modificando los números de sus resultados reales.

De igual manera, encontramos sustitución de paquetes electorales, actas, etc.; introducción de fajos de boletas previamente votadas en la urnas para inflar la votación de una candidatura, partido u opción electoral (técnica conocida también como embarazo de urnas). Caída de los sistemas de cómputo en red para confundir a la opinión pública y manipular los resultados electrónicamente. Utilización de recursos ilícitos para aumentar el gasto de campaña y obtener ventaja ilegal en la publicidad.

Complicidad con funcionarios de los procesos electorales para ocultar las evidencias del fraude electoral. Intervención del Gobierno para favorecer a un candidato, partido o propuesta electoral, mediante propaganda maliciosa o ejecución de obras concretas ofrecidas por el candidato o partido al que se quiere favorecer de manera fraudulenta.

Control de los medios de comunicación para confundir y engañar a los electores haciéndolos creer que el resultado fraudulento es legítimo. Uso de la fuerza pública contra los inconformes. Manipulación de los sistemas de cómputo. Soborno de las personas que cuentan los votos.

Como reza una pancarta muy común en los sitios de votación: “el voto es libre y secreto”. Pero todos sabemos que esto no siempre es cierto. En muchas ocasiones, los electores van a las urnas sin conocer a ciencia cierta los programas de los aspirantes, sin entender realmente lo que se espera de uno u otro candidato. Se acercan a las mesas de votación movidos por inercia, porque fue el aspirante más visto o que más publicidad tenía, porque es el que habla más bonito o quizás porque es el que más le conviene para sus “intereses personales”. Otros, tal vez, por lo que van a recibir (o ya recibieron), otros ejercen su voto por el candidato previamente “acordado”, algunos por temor de perder su puesto o por hacerse a la promesa de conseguir uno, otros por miedo, coaccionados para que lo hagan.

Y esto ocurre en la gran mayoría de nuestros países, ¿es entonces nuestra democracia un estandarte inmaculado?

Yo diría que la democracia es en sí el mejor sistema de gobierno y el mejor método de elección, lo que pasa es que nosotros los humanos nos encargamos de mancharla con nuestros actos, nuestros deseos de conseguir maquiavélicamente nuestras metas, así pasemos por encima del maculado concepto de democracia.

¿Cómo entonces pueden los gobiernos e institutos encargados de vigilar y controlar los comicios electorales salvaguardar la democracia para que elección tras elección no se vean ensombrecidos por los fantasmas del fraude, con hechos punibles y vergonzosos que enturbian las votaciones y siembran dudas?

¿Es en verdad “una fiesta democrática ejemplo para el resto de países”, la frase con la que se quiere rubricar la culminación de las elecciones en la mayoría de nuestros países?

Hoy en día, la situación del control de los votantes y de las votaciones en general con los actuales sistemas, no garantiza un proceso libre de dudas, de resquemores y de palabras como “fraude” y otros vicios que pudieran invalidar la “fiesta democrática”, pero estoy seguro que con los avances tecnológicos, con educación, más control y con voces como las manejadas en las recientes elecciones mexicanas: #YoSoy132, movimiento universitario, apoyado con las redes sociales y que contó con observadores electorales en varias casillas de votación, vamos a lograr muy pronto que nuestros comicios electorales sean verdaderamente una fiesta democrática y a quien elijan los pueblos con pleno conocimiento y libertad, sea realmente el que quiere el pueblo y no el que salga de la manipulación de unos pocos.

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

Foto: EFE

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