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Las FARC, un mensaje de WhatsApp y una herencia millonaria: la novela del crimen de Surtifruver

En primer plano, Jhony Orjuela, dueño de Surtifruver.

El dueño de una cadena de supermercados de Colombia fue supuestamente asesinado por una extorsión. Un año después, el caso ha dado un giro radical

27 de diciembre de 2017 – Bogotá – Agencias.

La noche del jueves 20 de octubre de 2016 Jhony Alonso Orjuela Pardo recibió dos disparos, uno en la cabeza y otro en el pecho. Murió al lado de su coche, en el norte de Bogotá. Tenía 46 años y era el dueño de Surtifruver, una cadena de supermercados de la capital de Colombia con beneficios anuales de 100.000 millones de pesos (más de 33 millones de dólares).

A las pocas horas del crimen, la Fiscalía empezó a tirar del hilo más evidente: extorsión. Un joven y rico empresario, de origen humilde, hecho a sí mismo y que tuvo que vivir en el exilio en Panamá por amenazas. “Venía siendo extorsionado por un grupo guerrillero”, aseguró su familia. Otra pesquisa que confirmaba la primera teoría.

A partir de ese momento, las autoridades se concentraron en encontrar a la pareja que la noche del 20 de octubre, según un vídeo de seguridad en manos de la Fiscalía (al que tuvo acceso el diario El Tiempo), se acerca a Orjuela y conversan de manera poco amigable. A los pocos segundos, disparan el gatillo. Huyeron en un coche. Ella medía 1,65 metros y vestía pantalones blancos. Él era más bajo y de contextura gruesa.

La reconstrucción del crimen comenzó horas antes. Jhony Alonso Orjuela pasó la tarde en un billar. Estaba haciendo tiempo antes de una cita con una mujer. En su teléfono estaba guardada con el nombre de Sofi Bogotá. Llevaba menos de un mes chateando con ella. “Es una joven con medidas de reina, cejas pobladas, cabello negro hasta la cintura, delgada y con un lunar en la frente”, así la describe el fiscal del caso.

Solo la conocía por las fotos que se habían intercambiado desde que ella le había enviado un mensaje de WhatsApp supuestamente por error: “Amor, me encuentro en el aeropuerto ¿Ya recibiste la consignación?”. El empresario no conocía ese número. “Disculpe, está equivocada”, respondió. No fue suficiente, la conversación nunca se zanjó.

La conexión con las FARC

El primer detenido por el crimen de Surtifruver fue Mauricio Parra Rodríguez. Un antiguo socio comercial de Orjuela con el que no había terminado bien. La Fiscalía descubrió, además, que “tenía nexos con las FARC”, y una condena de 16 años de prisión por tráfico de drogas.

La investigación determinó que Parra mantenía relaciones constantes con la insurgencia, en concreto con Hernán Darío Velásquez, más conocido como el Paisa, el ya exjefe de la columna Teófilo Forero, una de las unidades más sanguinarias de las FARC. El Quesero, como aparece nombrado Parra en las pesquisas del fiscal, tenía la misión de comprar varios negocios de Surtifruver en Bogotá. El objetivo era lavar el patrimonio del comandante guerrillero antes de que iniciara su tránsito a la vida civil en el proceso de paz que se inició a finales del año pasado.

Orjuela se negó y, sin saberlo, había escrito su propia condena, concluyó la Fiscalía. “Nunca necesitó contratar escoltas. Andaba solo en su carro. Decía que el que no la debe no la teme, porque todo lo que tenía lo había conseguido sin hacerle daño a nadie. La empresa fue fruto de mucho trabajo y esfuerzo”, dijo uno de sus allegados según fuentes de la investigación.

Es en este punto de la historia cuando vuelve a aparecer Sofi Bogotá. La joven, aun en paradero desconocido, es supuestamente la última carta que el Quesero y el Paisa jugaron para intentar que Orjuela cediera. Con sus dotes amatorias, tenía que convencer al empresario de que participara en la trama.

Amor, dinero y una pistola

Jhony Alonso Orjuela Pardo nació en La Plata (Huila), en el suroeste de Colombia. Pertenecía a una familia humilde y perseguida por la violencia de medio siglo de guerra que había comenzado en un pueblo muy cercano al que vivían. Cuando aun era un niño, llegó a Chía, a las afueras de Bogotá, en busca de un futuro.

Su primer trabajo fue en un supermercado como surtidor y repartidor a domicilios. Fue en esa tienda donde emprendió por primera vez. Le vendieron a crédito una vitrina que pagó con el dinero que había conseguido con la venta de una bicicleta y una cadena de oro. Aquel mostrador de frutas se convirtió en el origen de una cadena de alimentación con productos del campo de las afueras de Bogotá, Surtifruver.

Un negocio millonario que compartía con su primera mujer, Bertha Cecilia Rueda, de 50 años. Y responsable de que, más de un año después, la investigación haya dado un nuevo giro. A los pocos días de que Orjuela fuera asesinado, su exesposa empezó a transferir propiedades a su nombre en una notaría de Chía. Un trámite para el que no estaba habilitada. El único que puede administrar la herencia es el hermano del asesinado, Freddy Orjuela.

La Fiscalía llegó a la pista el pasado noviembre, cuando Parra decidió aprovechar el principio de oportunidad. Es decir, hablar para así reducir su condena. El acusado confesó que tenía una relación sentimental con Bertha Cecilia Rueda desde hacía año y media. Ella le había mostrado su preocupación porque su exmarido estaba reorganizando su herencia para que la recibieran únicamente sus hijos.

La otra dirección en la que apuntó Parra fue el arma homicida, una pistola de calibre 38, la misma que el dueño de Surtifruver tenía y había perdido recientemente. “El calibre de las balas que acabaron con la vida del fundador de Surtifruver coincide con el del revólver extraviado”, aseguran los investigadores. Con este último dato, el primer detenido acusa directamente a Bertha Cecilia Rueda de ser la responsable de idear el asesinato en colaboración “con alguien cercano a la familia”.

Menos de un mes después de que la exmujer de Orjuela entrara en la cárcel El Buen Pastor de Bogotá, se emitió una orden de captura contra su hijo David Orjuela. Prófugo desde entonces. “Fue acusado por un testigo de haber sido el responsable de disparar contra su padre”, informó Blu Radio. La Fiscalía investiga la última pieza de este puzle, aun por completar.

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