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Las monjas rebeldes del budismo tailandés

EFE.

A pesar de que las autoridades budistas de Tailandia prohíben la ordenación de mujeres, más de un centenar de monjas reclaman su derecho en este país a seguir la tradición monástica femenina que Buda inició hace más de 2.500 años.

Llamadas «bhikkhunis», llevan la cabeza y las cejas rapadas, visten túnicas anaranjadas, salen a pedir alimento al amanecer y no comen después del mediodía.
Reuters.

Estas monjas, llamadas “bhikkhunis”, llevan la cabeza y las cejas rapadas, visten túnicas anaranjadas, salen a pedir alimento al amanecer y no comen después del mediodía, entre otras muchas normas monásticas, como los monjes o “bhikkhus”.

Aunque se definen como “hijas de Buda” y cuentan con un creciente respaldo en la sociedad tailandesa, el Consejo Supremo de la Sangha (comunidad budista) se niega a reconocer las órdenes femeninas en Tailandia.

En general las monjas pueden hacer su vida con cierta normalidad, ya que su grupo no es ilegal sino más bien “alegal”, pero denuncian que sufren discriminación, como no poder tener reconocido su estatus de religiosas en sus carnés de identidad.

El pasado 9 de diciembre, porque carecían de reconocimiento oficial, se le impidió la entrada a uÜ grupo de monjas y novicias en el Gran Palacio Real, donde iban a prestar sus respetos ante los restos del difunto monarca Bhumibol Adulyadej.

La jerarquía budista reconoce a un tipo de monja no ordenada, conocida en tailandés como “mae chi”, que viste de blanco, sigue un número menor de preceptos y no tiene permitido oficiar ceremonias, pero no a las “bhikkhunis”.

“No somos ilegales, pero no tenemos un estatus legal”, insistió la tailandesa Dhammananda el pasado miércoles en una conferencia en el Club de Corresponsales Extranjeros de Tailandia (FCCT, en sus siglas en inglés) en Bangkok.

Dhammananda, una escritora y exprofesora de budismo en la universidad, se ordenó en 2001 como “bhikkhuni” en Sri Lanka, la primera tailandesa en hacerlo dentro de la corriente budista theravada, la predominante también en Tailandia, Camboya o Birmania (Myanmar).

La religiosa explicó que su congregación sigue las enseñanzas recogidas en el Tipitaca, los textos sagrados, y cumple con el mandato de Buda, que estableció los cuatro pilares del budismo: “bhikkhus”, “bhikkhunis”, laicos y laicas.

Sin embargo, el Consejo Supremo de la Sangha defiende que las órdenes monásticas femeninas nunca entraron a Tailandia y alega que tampoco es posible reconocerlas oficialmente en suelo tailandés desde un punto de vista reglamentario.

El órgano se remite a una orden emitida en 1928 por el Patriarca Supremo, el líder de la Bsangha”, en la que prohibió la ordenación de mujeres como monjas, lo que ha sentado cátedra desde entonces.

Sathien Wipornmaha, presidente de la Asociación de Académicos del Budismo, órgano consultor de la jerarquía budista del país, afirma que siente “simpatía” por las monjas, pero arguyó que un cambio en las normas afectaría a la “estabilidad” del budismo en Tailandia.

El experto opinó, también en el FCCT el pasado miércoles, que cualquier cambio en la normativa abriría la veda a más disensiones y posibles escisiones dentro de la “sangha” tailandesa.

Sidarta Gautama, también conocido como Buda (el “Despierto”), creó el movimiento de las “bhikkhunis” tras ordenar, aunque al principio se negó, a Mahapajapati Gotami, su tía materna y la mujer que lo crió.

Fue una acción revolucionaria porque situaba a las mujeres y a los hombres en el mismo nivel espiritual, la capacidad de alcanzar algo insólito en la época entre las grandes religiones asiáticas.

No obstante, Buda instauró más normas para las “bhikkhunis” y ordenó que estuvieran siempre subordinadas a los “bhikkhus”, sin importar el grado de veteranía.

El linaje de las monjas en la tradición budista mahayana ha pervivido hasta el presente, por lo que las “bhikkhunis” son numerosas en países como Japón, Corea o Taiwán.

Dentro de la corriente theravada, la orden monástica femenina se extinguió en el siglo XI, pero entre 1996 y 1998 fue reinstaurada cuando varias mujeres fueron ordenadas monjas en India y Sri Lanka, donde sí están reconocidas oficialmente.

Entre las figuras relevantes que apoyan la ordenación de mujeres se encuentran el dalái lama tibetano y el activista tailandés y experto en budismo Sulak Sivaraksa.

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