Editorial

Lo importante es el espectáculo

Si ya cuesta concebir el comportamiento de James Holmes el 20 de julio, cuando asesinó a 12 personas e hirió a más de 50, más difícil es entender cómo cientos de personas apoyan a James Holmes a través de las redes sociales. Muchas personas aseguran que es un joven brillante que cometió un error, por lo que le han hecho dibujos, le han dedicado fotos y hasta le han compuesto canciones para manifestar su apoyo. Llamadas ‘Holmies’, cientos de chicas aseguran estar enamoradas de él, mencionando que es bien parecido y que tiene un excelente estilo (¿?).

Claro que, analizando el comportamiento de muchas personas, encontramos similitudes con la conducta de estos “Holmies” (fans del asesino del teatro de Aurora), pues no es de ahora, ni está de moda brindarles tributo a personajes con pasado oscuro de nuestra historia. Vemos así, cómo se les reza y se les prenden veladoras a reconocidos asesinos, narcotraficantes y genios del mal. Es fácil encontrar canciones que hablan de sus acciones y rápidamente se convierten en hits, los alaban tanto que los hacen parecer héroes y a muchos de nuestros jóvenes les gustaría imitarlos.

Por qué nos extrañamos entonces del comportamiento de personas que alaban y son fans de asesinos como James Colmes, si grupos como los neonazis, que surgen de los parientes (nietos, sobre todo) de altos funcionarios en el gobierno de Hitler, basan sus creencias en lo mismo que Hitler pretendía: el control del mundo a través de la raza aria (aunque curiosamente uno puede ver supuestos neonazis de todas nacionalidades… y el primero en matarlos hubiera sido el mismo Hitler). No existe la raza aria pura, pero ellos siguen sosteniendo una creencia, basada en el racismo y la intolerancia al prójimo.

Por qué nos extrañamos si los programas con mayor audiencia son los que presentan los hechos más morbosos, reales o inventados o al menos “maquillados” para una audiencia que no se los pierde, que se divierte con el espectáculo. Porque lo que más importa es el entretenimiento, como dice el reciente Premio Novel, Mario Vargas Llosa, en su reciente ensayo “La Civilización del Espectáculo”, donde hace un descarnado relato de la forma como nos preparan todo lo que vemos y leemos, y cuyo único fin es el entretenimiento. Y realmente no hay nada de malo en divertir, pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo, tiene consecuencias a veces inesperadas.

Entre ellas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y, en el campo específico de la información, la proliferación del periodismo irresponsable, el que se alimenta de la chismografía y el escándalo. Llegar a una sociedad que devuelve oro a los muchos creadores de tales espectáculos; el mundo irreal preparado para nosotros, en el que nos hemos acostumbrado a vivir y que creemos que es real.

Esto no sólo sucede con programas televisivos, igual pasa con las noticias en la gran mayoría de los medios. Entre más sangrientas o con hechos más extraños, mayor la recepción. Cuando sucedió el desafortunado incidente en el teatro de Aurora durante la exhibición de Batman, la noticia dio la vuelta al mundo y todo lo relacionado con este lamentable suceso llenó las columnas de la prensa.

Recientemente, un hecho ocurrido en un templo sij del sur de Milwaukee en el que fallecieron siete personas, entre ellos el atacante, y tres más resultaron heridas, llamó la atención nuevamente y muchos enemigos de la venta de armas levantaron sus voces, pero ya la noticia no fue tan impactante como la del joven pelirrojo en Denver.

Con estos hechos recientes quiero recalcar que si la noticia es repetitiva, pierde el interés entre los lectores y si ya no es una que sobresalga con creces del común, no llama la atención.¿Sabía usted que la violencia en Siria, por ejemplo, causa diariamente la muerte de más de 100 personas? Esto por lo que ocurre diariamente, a nuestro pesar, no es algo que realmente conmueva. Muchos ni tienen idea de lo que está sucediendo por allá o ¿cuál de nosotros sigue de cerca las decenas de miles que mueren por hambre, como moscas, en el cuerno africano o menos aún, hace algo por evitar esto? “Ojos que no ven, corazón que no siente” y no salgamos con que esto es muy lejos. Se puede hacer la diferencia: Donar a: https://es.wfp.org/donate/cuerno-africa

Aquí en nuestro continente tenemos el ejemplo de Haití, ya nadie se quiere acordar de esta tragedia que hoy no termina y mañana tampoco. Del terremoto ocurrido el pasado 12 de enero de 2010 y luego de cumplirse un poco más de dos años y medio de aquella tragedia, las calles de Puerto Príncipe, su capital, siguen llenas de basuras y escombros, las casas y los edificios destruidos, las fosas desbordadas, la gente sin esperanza. Unas 300 mil personas murieron como consecuencia del temblor y dos millones quedaron sin viviendas, de ellos casi 400 mil residen aún en campamentos de lona, donde la situación es cada vez más crítica.

Sólo nos conmovemos con notas como las de los diversos casos de canibalismo del pasado junio donde en Miami un hombre desnudo se comió la mayor parte de la cara de otro hombre. Luego el de Maryland, donde un estudiante de universidad dijo a la policía que había matado a un hombre, y luego se había comido su corazón y parte de su cerebro. Eso movió las redes y devoraron la noticia (caníbales de papel con sangre)… Por eso tenemos fans de asesinos y personajes siniestros…

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

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