México

López Obrador, primer presidente de izquierdas de la democracia mexicana

Andrés Manuel López Obrador, junto a su mujer Beatriz Gutiérrez Muller, ofrece un discurso a sus seguidores en el Hotel Hilton Hilton tras conocer su victoria.

El candidato de Morena arrasa con una victoria de más del 50% en las presidenciales. El PRI se hunde y pierde gran parte del poder territorial. El ganador lanza un mensaje de tranquilidad a los mercados y promete trabajar para los pobres

2 de julio de 2018 – Ciudad de México – Agencias.

Andrés Manuel López Obrador se convertirá a partir del 1 de diciembre en el primer presidente de izquierdas de la reciente democracia mexicana. El candidato de Morena, de 64 años, perdió las elecciones presidenciales en 2006 y en 2012, pero en esta ocasión ha logrado convencer a los mexicanos con su mensaje de cambio y regeneración. Según los datos preliminares, AMLO, como se le conoce en México, obtuvo una victoria rotunda con el 53% de los votos, por encima de lo que le daban los sondeos. En su discurso como ganador, Obrador ofreció reconciliación, se presentó como el presidente de los pobres y lanzó un mensaje claro de moderación y tranquilidad a los mercados.

José Antonio Meade, candidato del PRI, fue el primero en reconocer el triunfo. Pocos minutos después compareció Ricardo Anaya, candidato del conservador PAN, para desearle “los mayores éxitos” al futuro presidente. La rapidez con la que los otros candidatos reconocieron el triunfo de Obrador marca un hito en la joven democracia mexicana y cortó de raíz cualquier disquisición en torno a un posible fraude electoral tantas veces denunciado por el propio aspirante.

El presidente electo ha conseguido ganar las elecciones sin tener apenas poder territorial. Su partido no manda en ninguna de las 32 gobernaciones del país. Sin embargo, en las elecciones de ayer, Morena logró el triunfo en al menos cinco de los nueve estados en los que se celebraron votaciones, entre ellos Ciudad de México, donde por primera vez una mujer (Claudia Sheinbaum, del partido de Obrador) ganó una elección.

La campaña de Obrador ha mantenido un perfil bajo, evitando cualquier debate polémico y ofreciendo la cara más amable, al contrario del discurso radical de 2006, cuando arremetía contra el capitalismo. En esta ocasión, ha prometido cambiar de régimen, atajar la corrupción y disminuir las desigualdades y los índices de violencia. Sus detractores le ven como un líder autoritario y populista. Su gabinete está formado por ex miembros del PRI y del PAN, pero también por activistas sociales.

Las elecciones dejan al PRI (con un 16% en las presidenciales) en una posición delicada, con un poder muy disminuido a nivel regional y con gran parte de la población enojada por las políticas del presidente Enrique Peña Nieto. El conservador Anaya (22%) tampoco ha logrado convencer al electorado y capitalizar el voto útil que se disputaba con el PRI. El partido tradicional de izquierdas mexicano, el PRD, que se alió con la derecha en estas elecciones, ha obtenido también un mal resultado que pone en cuestión su viabilidad.

Queda por ver el resultado de las elecciones al Congreso, donde algunas encuestas daban una holgada mayoría al partido de AMLO y a los que le acompañaban en su alianza, como son el Partido de los Trabajadores y el cristiano Encuentro Social, que según los sondeos habría crecido considerablemente en el Congreso.

Donald Trump felicitó a Obrador y mostró su disposición a trabajar con él. “Hay mucho por hacer que beneficiará tanto a Estados Unidos como a México”, dijo el presidente estadounidense. Nicolás Maduro, Evo Morales y Juan Manuel Santos también le dieron la enhorabuena al mexicano. “Con él triunfa la verdad por encima de la mentira y se renueva la esperanza de la patria grande”, afirmó el mandatario venezolano.

Obrador ofreció dos discursos tras la victoria, uno más institucional y otro en la plaza del Zócalo, más en clave electoralista. En el primero proclamó que con su victoria comienza la cuarta transformación de la vida pública de México. “El nuevo proyecto de nación buscará establecer una auténtica democracia, no apostamos por construir una dictadura encubierta. Los cambios serán profundos pero se darán con apego al orden legal establecido”.

Y añadió: “Habrá libertad empresarial, libertad de expresión, de asociación y de creencias. Se respetará la autonomía del Bando de México. El Gobierno mantendrá la disciplina financiera y fiscal y se reconocerán los compromisos contraídos con bancos y empresas extranjeras”. Obrador advirtió de que se revisarán los contratos energéticos con empresas y que “ante cualquier anomalía se acudirán a los tribunales nacionales e internacionales, siempre por la vía legal. No actuaremos de manera arbitraria ni habrá confiscaciones de bienes”.

El presidente electo añadió que erradicar la corrupción y la impunidad será la principal misión del Gobierno. “La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia. Este mal es la causa principal de la desigualdad”. Prometió ser implacable con la corrupción “de los compañeros de lucha, con los amigos y los familiares. Un buen juez por la casa empieza”. Si se combate la corrupción, dijo, “no habrá necesidad de aumentar impuestos en términos reales ni endeudar al país. Bajaré el gasto corriente y aumentará la inversión pública para impulsar la actividad productiva y crear empleos”.

Este 1 de julio estaban llamados a las urnas unos 89 millones de mexicanos para elegir a más de 3.400 cargos públicos, entre ellos el presidente, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, diputados y senadores.

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