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Los colombianos dan la espalda al proceso de paz

2 de octubre de 2016 – Agencias.

Una final de “foto finish” con un resultado totalmente inesperado que muestra la polarización que vive la sociedad. Ayer 6.408.350 ciudadanos le dijeron “No” al acuerdo de paz con las FARC, una decisión con la que el país rechazó el pacto para ponerle punto final al conflicto de 52 años con esa guerrilla. En una dura competencia, el “Sí” alcanzó el 49,75% de los votos.

El acto legislativo que el Congreso aprobó fue claro en asegurar que solo se podría reglamentar el acuerdo posteriormente si los colombianos lo ratificaban en el plebiscito. Es decir, que el presidente ya no podrá radicar proyectos de ley para darle desarrollo a lo que firmó con la guerrilla. Los resultados representan además un verdadero desastre para el presidente Juan Manuel Santos que había convertido estos acuerdos en bandera de su gobierno. Por otro lado su enemigo, el senador Álvaro Uribe, que sale reforzado de la contienda.

Votantes buscan su mesa electoral a la entrada de un colegio electoral hoy en Bogotá.

Votantes buscan su mesa electoral a la entrada de un colegio electoral hoy en Bogotá.

Un escenario confuso

El presidente Santos advirtió el pasado mes de junio que si el gana el ‘No’ en el plebiscito, Colombia volverá a la guerra. “No, no se equivoquen. No es que vamos a volver a la mesa de negociación, volvemos a la guerra. Esa es la verdad”, dijo.

Por su parte Carlos Antonio Lozada, jefe guerrillero, dijo durante la Décima Conferencia de las FARC que “no existe la más mínima posibilidad de que lo acordado en La Habana sea renegociado; lo acordado, acordado está y no existe esa posibilidad”.

Sin embargo, el principal partido de oposición del proceso de paz en Colombia, el Centro Democrático, ha propuesto que aunque haya ganado el “No”, el proceso en La Habana se debe mantener y las partes deben renegociar algunos puntos.

Este diario se comunicó con el senador Roy Barreras, uno de los negociadores plenipotenciarios de los diálogos de paz en La Habana, quien explicó que la victoria del ‘no’, representa un fracaso y el fin del proceso después de cuatro años de negociación.

“Se acaba el proceso. Todo lo que hemos hecho se va al traste. Se trata del cuarto fracaso de un intento de paz en estos 52 años y la pregunta está entonces en qué pasa después”, dice Barreras.

“Seguiremos en lo que teníamos que es un conflicto armado eterno que ha dejado 8 millones de víctimas y habrá que esperar quizá en el futuro un nuevo proceso de paz”, añade. Las encuestas pronosticaban un triunfo del “Sí” al acuerdo, pero un gran sector de la sociedad liderado por el ex Presidente Álvaro Uribe lo rechaza al considerar que los jefes guerrilleros tienen que ir a la cárcel por los crímenes cometidos y no deben tener la posibilidad de ocupar cargos de elección popular.

Uno de los puntos más discutidos era que si el acuerdo era avalado, las FARC tendrían cinco escaños en el Senado y cinco más en la Cámara de Representantes durante dos periodos consecutivos a partir de 2018, incluso si no alcanzan la suficiente votación en las elecciones.

«¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?». Es la pregunta con la que se encontraron los ciudadanos al entrar en los colegios electorales.

Ahora la victoria del “No” paraliza la hoja de ruta con destino La Paz. Los 5.765 combatientes de las FARC, según cifras de la guerrilla, no se concentrarán en 27 zonas del país para su desarme y posterior reinserción en la vida civil, un proceso de seis meses que debía ser supervisado por Naciones Unidas.

Uno de los fantasmas en torno al plebiscito fue el de la abstención electoral, y las intensas lluvias llevadas por el huracán «Matthew» hicieron temer lo peor. En esto las encuestas no se equivocaron, ya que el 65% de los colombianos se quedó en casa. La calma fue la nota de la jornada.

El Gobierno de Santos apeló a la Corte Suprema para modificar el umbral de participación necesario, que fue rebajado del 50% al 13% de los votantes habilitados con el objetivo de que la abstención no dificultase la eficacia del mecanismo. En realidad, la máxima autoridad judicial aprobó una propuesta del Congreso colombiano de diciembre pasado sobre un plebiscito único y con reglas propias, que definirá únicamente el destino del acuerdo con la guerrilla.

Unos 300.000 efectivos velaron por la seguridad de unos comicios singularmente tranquilos. Desde primera hora se escuchaba el sonido de los helicópteros surcando el cielo. De hecho, para entrar en la Plaza Bolívar todos los ciudadanos tenían que pasar un control donde eran registrados. El centro histórico de Bogotá se conoce con el nombre de «La Candelaria» y aún conserva el recuerdo del pequeño poblado que fuera. Sus calles estrechas y empinadas, sus casonas con tejados y aleros coloniales fueron cuna y aposento de la aristocracia criolla y española. Para apreciar «La Candelaria» hay que estar atentos a infinidad de detalles: viejas puertas, zaguanes, balcones, ventanas ornamentadas y desde luego, sus habitantes, que fluctúan entre los viejos «rolos» y «Cachacos» y una población joven ligada a actividades académicas o culturales.

Es precisamente esa disposición de rompecabezas lo que hace del centro histórico el lugar emblemático de la ciudad vieja y de la moderna. Allí

«rapea» una pareja artistas, que a capela rima sus versos con destreza. Letras que hablan de Paz. «El problema es que muchos jóvenes no van a ir

a votar, pero han mamado el confito de chicos, cuando ni siquiera podíamos movernos por carretera ni veranear. Cualquiera se ha visto afectado por la guerra, ya sea de una manera directa o indirecta; algún familiar o amigo…», dice una de ellas que afirma llamarse Mc Mariposa.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ejerció su derecho al voto muy temprano, en la mesa 1 del Capitolio Nacional, recordando a Mahatma Gandhi: «Tal día como hoy nació Gandhi, qué feliz coincidencia, nosotros los colombianos debemos adoptar esa cultura de la no violencia».

Poco después Uribe, al votar en la misma mesa, declaraba que «la paz es ilusionante; los textos de La Habana, decepcionantes», y formuló estás

preguntas al Gobierno: «¿Por qué redujo el umbral electoral para esta ocasión del 50 al 13%? ¿Por qué 297 páginas acordadas con las FARC en

temas diversos y lo llevan a una sola pregunta?».

«La campaña del ‘‘no’’ también ha utilizado el miedo como estrategia. En Colombia pasó como en Inglaterra, donde muchos votantes desinformados con el “Brexit” votaron por la salida de la UE y al día siguiente lo lamentaron», aseguraba ayer Jaime Restrepo, analista de la Universidad Nacional de Colombia. Y agregaba: «Hay otro casos. Por ejemplo, en Chile también se realizó un plebiscito en 1988 para votar la salida del dictador Augusto Pinochet. Esto les permitió pasar página de un capítulo que les estaba provocando aislamiento diplomático y que había limitado su capacidad de comercio e inversiones. En Colombia no votamos por el fin de una dictadura, pero sí por el fin de la guerra». Y salió el “No”.

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