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Los combatientes del Estado Islámico denuncian las arbitrariedades de sus jefes

2 de octubre de 2016 – Agencias.

El Estado Islámico, el Daesh, ha tenido que crear la llamada “Oficina Central de Investigación de Quejas”, ante el malestar de los combatientes por las decisiones arbitrarias de sus jefes, según han informado fuentes antiterroristas.

Cambios de destino inexplicables; asignación de misiones para los que no están preparados…todo ello envuelto en una sensación de improvisación, motivada, en gran parte, por los problemas de comunicación entre las unidades que genera la “ciberguerra” que la coalición internacional desarrolla contra el Estado Islámico.

Con el fin de calmar los ánimos, los responsables de la banda yihadista han insertado en una nueva publicación del grupo, titulada “Rumiyah” (en referencia a Roma, que pretenden conquistar) con el responsable de dicho comité.

estado-islamicoLa portada de la revista está dedicada al recientemente fallecido, como consecuencia de un bombardeo norteamericano, Abu Muhammad Adnani, que era el portavoz del Daesh, al que dedican varios artículos elogiosos al tiempo que recuerdan su mensaje en el sentido de que todos los “cruzados” (cristianos) son objetivos, desde los empresarios a los jóvenes que van a una discoteca, a los transeuntes, a los viajeros de medios de transporte, etcétera.

La entrevista que “Rumiyah” hace al responsable del Comité de Quejas no tiene desperdicio ya que, por mucho que quieran ocultar la realidad, al final tienen que admitir que se están cometiendo injusticias y arbitrariedades en el seno del “ejército del califato”.

A la pregunta de cómo funciona el Comité, contesta con una evasiva religiosa: fue el propio Alá el que ordenó que se actuara con justicia, se “ayudara a la familia, prohibió las obscenidades y la opresión”.

A este respecto, subraya que es precisamente el Estado Islámico (no comenta las atrocidades que comete) el que lucha para acabar con todas las injusticias al tratar de someter a todos los pueblos “a las reglas del Señor de toda la creación, ordenando la virtud y prohibiendo el vicio”.

Sin embargo admite que el principio básico para eliminar la injusticia es corregir al que ha hecho el mal, “incluso si él es un musulmán”. Y agrega: “este deber es aún más obligatorio cuando se trata de los soldados, dada la confianza que los líderes han puesto en ellos. El deber de los soldados está en ayudar a sus hermanos en el ejercicio de su trabajo”.

Tras explicar la red que se ha extendido por las wilahayas (provincias) para recibir las quejas, asegura que todos estos órganos “trabajan juntos con el fin de investigar los casos en los que haya una sensación de injusticia”.

Sobre el procedimiento que se sigue para tratar las quejas que se presentan ante el Comité, contesta que “una vez que hemos recibido un caso, si hay una sensación de que la injusticia podría haber ocurrido, se abre una investigación. De lo contrario, lo descartamos inmediatamente”.

Al final, como ocurre en este tipo de bandas terroristas, los que deciden son los jefes, ya que, según aclara el entrevistado, los casos que van a ser investigados se consultan a las autoridades correspondientes del Estado Islámico. “Nuestro papel en este punto es seguir el caso de forma continua y asegurarnos de que será resuelto rápidamente, sancionar o disciplinar al malhechor o desestimar el caso si se hace evidente que las alegaciones del acusador son falsas”. Se pueden imaginar las consecuencias para el que presentó la queja si se llega a producir esta situación.

En cuanto a la forma de aplicar la “justicia”, el responsable del Comité, cuyo nombre no se cita, pone dos ejemplos: en el primer caso, un líder envía a uno de los soldados bajo su mando a otra zona debido a las necesidades del combate, ya sea por su especialización o porque faltan combatientes. El afectado, por su parte, entiende que se trata de una decisión injusta porque le alejan de su familia y lugar de residencia.

En el segundo caso, el combatiente es mandado a otra unidad como medida disciplinaria o, simplemente, por un error. El soldado considera injusta la decisión porque las sanciones disciplinarias no están en línea con el error cometido o porque cree que no cometió error alguno.

“En el primer caso, no se ha producido ninguna injusticia ya que el líder tiene derecho para disponer de sus soldados en función de las necesidades militares. Y los soldados le deben obedecer. En el segundo caso, puede haberse cometido una injusticia y, por lo tanto, se elimina (la injusticia)”.

“Durante la investigación de cientos de casos, -añade- casi la mitad de ellos no tenían sentido porque no se había producido injusticia. Eran meras quejas u objeciones. En los casos en los que había una sensación de que había ocurrido una injusticia, se elevaron a los responsables del Estado Islámico, se resolvieron en periodos de tiempo relativamente cortos mediante la eliminación de la injusticia”. “Los musulmanes en general y los soldados del Estado Islámico en particular, deben saber que la injusticia tiene un terrible final; y que será oscuridad el Día del Juicio como fue descrito por el Profeta.

Si alguien está perjudicado por su hermano y quiere reclamar su derecho, las puertas de la Oficina Central están abiertas. Si hay un derecho que le pertenece vamos a recuperarlo — incluso si es alguien que se encuentra entre las personas más queridas por nosotros –. Y si alguien es consciente de haber cometido cualquier injusticia, debe temer a Alá, arrepentirse, devolver los derechos a quien le pertenecen y buscar el perdón de la persona a la que ha hecho mal. Y si alguien que oye de un caso de injusticia y no nos lo hace llegar, no estaría libre de cualquier mancha delante de Dios, al estar ayudando al malhechor por permanecer en silencio”. Que es tanto como decir, que la delación será recompensada.

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