Editorial

Los debates por la Casa Blanca

Terminaron los debates entre el Presidente Obama y el ex gobernador Mitt Romney.

Desde aquel primer debate en el que vimos a un Romney agresivo y contundente y que le valió su actuación para disminuir importantemente la ventaja que le llevaba el presidente Obama, preocupando de paso a sus seguidores. Ese primer debate, celebrado el 3 de octubre en la Universidad de Denver, Colorado, donde Romney se impuso a un alicaído Obama, pasando por el segundo, donde dos semanas después de aquel desastre, Obama se repuso en el debate de la Universidad de Hofstra, Nueva York, volviendo por sus fueros.

Aunque para ser francos, la victoria no le permitió adelantarse y ambos llegaron al encuentro de Florida con porcentajes similares de respaldo, 47% para cada uno, de acuerdo a una encuesta de la cadena NBC y el diario The Wall Street Journal.

Y se llegó el último encuentro. El debate de Boca Ratón fue el único de los tres que se basó únicamente en política exterior. El primero versó sobre economía, empleos, impuestos y seguridad interna, al igual que el segundo, con la diferencia que en Nueva York las preguntas no las hizo un moderador, sino un grupo de 80 votantes indecisos.

El tercer debate aunque en el papel era sobre política internacional, según las encuestas, dicho sea de paso, el de menos interés para los votantes, los dos contrincantes no escatimaron oportunidad para salirse por la tangente y hablar de economía, sin lugar a dudas el tema que definirá las elecciones el 6 de noviembre.

Recordemos que fue en el de Nueva York donde los candidatos tocaron por primera vez el tema de los 11 millones de indocumentados y la reforma migratoria. Obama reiteró su postura de favorecer un cambio a las leyes de inmigración para incluir una vía de legalización regulada a indocumentados que llevan tiempo en el país y carecen de antecedentes criminales, mientras Romney sostenía entre líneas una salida voluntaria para aquel que no pudiera encontrar beneficios en este país.

En este último debate, tanto el presidente como el ex gobernador mostraron cautela y prudencia en sus respuestas, evitando cometer alguna desavenencia con sus electores y más aún con los indecisos. Fue un debate en el que en muchos puntos estuvieron de acuerdo, aunque en temas tales como el ataque al consulado de Estados Unidos en Bengasi el pasado 11 de septiembre, Romney volvió a fustigar a Obama por la actuación de su gobierno, que costó la vida a cuatro diplomáticos estadounidenses, entre ellos el embajador Chris Stevens.
Pero sin lugar a dudas, el factor económico será el que en definitiva marcará el desequilibrio de la balanza, y en este punto hay mucha discrepancia entre los planes de uno u otro. Aunque para cualquiera que entienda un poco del manejo de déficit, sin ser un doctor en economía, comprende que todo se soluciona con dinero y que la manera más obvia para que el gobierno lo consiga es tocando los impuestos, así se recorten gastos, que de todas formas ayuda. La verdad es que suba quien suba, usted al final tendrá que pagar más impuestos.

Los candidatos ya hicieron lo suyo y expusieron sus programas en lo que a debates se refiere, algunas veces con seguridad, otras no con tanta. Más bien con cautela, como se notó en este último debate donde evitaron tocar temas o responder diáfanamente sobre situaciones que los pudieran perjudicar con sus electores.

Analistas vaticinan que las últimas dos semanas de contienda serán las más intensas vistas en la carrera 2012 por la Casa Blanca, catalogada como la elección más reñida en la historia de Estados Unidos. Ahora el escenario se reducirá a giras por los estados clave “para conseguir el mayor número de votos posibles”

Las elecciones son ya el próximo 6 de noviembre y ahora nos toca a nosotros decidir quién será el próximo presidente de Estados Unidos. El voto de cada uno decidirá el futuro económico, de empleo, del cuidado de salud, del manejo internacional, migratorio, etc., de cada uno de los que vivimos aquí en esta patria de libertad.

Recientes encuestas revelan que un 70% de los hispanos apoya Obama frente al 30% que se inclina por Romney. De los poco más de 23 millones de hispanos registrados para votar, se estima que el martes 6 de noviembre acudirán a las urnas 12,2 millones. En 2008, de los 19 millones inscritos votaron 10,2 millones y, de ellos, 6,7 optaron por el mandatario.

Para ser aprobada, la reforma migratoria necesita 218 votos en la Cámara de Representantes y 60 en el Senado. Los republicanos insisten en que no votarán a su favor y nada garantiza, como en 2009, que los demócratas la respaldarán en bloque. Si Obama es presidente, la historia le estaría dando la oportunidad de rehacerse, como él mismo dice, de su error. Tendrá la oportunidad de escribir esa página en blanco que quedó pendiente hace 4 años, titularla “Reforma Migratoria” y darle la oportunidad a millones de inmigrantes de trabajar por un mejor país, recuperar los índices de empleo de otrora buenos tiempos, encaminar la economía por derroteros de prosperidad y allanar el camino para el próximo (a) presidente demócrata del país.

¿Será que esta vez sí la podrá llenar Obama?, primero lo primero, esperemos que él sea elegido Presidente para otros cuatro años y luego, si es así, nuevamente tiene un compromiso con los inmigrantes: La Reforma Migratoria durante su primer año de gobierno,(nuevamente lo prometió). En ese supuesto, tendrá que convencer a los republicanos para que voten a favor de su propuesta migratoria de turno, nada fácil para un presidente que en estos cuatro años le ha faltado liderazgo para buscar el favor de los republicanos. Pero nada imposible de lograr, si encuentra la manera de trabajar en conjunto, así sea a costa de sacrificios.

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

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