La nación

Los detalles de cómo se espió a Julio Iglesias y su familia

Imágenes del seguimiento a Julio José en Miami que figuran en el informe de los detectives. La hora es la de España, que no se cambió para evitar confusiones en el futuro juicio.

Siete objetivos localizados en Miami y 16 horas diarias de seguimiento para probar la paternidad del cantante que reclama Javier Sánchez

1 de febrero de 2018 – Valencia – Agencias.

El detective Luis Lara espió a Julio Iglesias, a Enrique Iglesias y a otros cinco miembros de su familia para conseguir muestras de su ADN. Siete objetivos con los que intentar demostrar que Javier Sánchez, un hombre de 40 años que vive en Valencia, es hijo del cantante. La prueba genética finalmente conseguida, una historia digna de película de la que Lara cuenta los detalles, y presentada al juzgado por el abogado Fernando Osuna, refleja que lo es con una fiabilidad del 99,9%.

La Agencia de Investigaciones IPS, con sede en Dos Hermanas, Sevilla, buceó desde España en la intimidad de los siete miembros de la familia Iglesias durante 18 días. A finales de marzo de 2017, el detective Lara y otro miembro de su despacho viajaron a Miami, en Estados Unidos, donde vive la mayoría del clan. A los tres días de estar allí se decantaron por seguir a Julio José, el segundo hijo del cantante, por ser el que menos protección presentaba sin tener que salir de la ciudad.

El resto de espiados fueron la hija de Julio Iglesias Chabeli así como tres hermanos del cantante: Carlos Luis y Jaime Nathaniel y Ruth —estos dos últimos fruto de la unión de su padre, apodado Papuchi, con Ronna Keitt cuando él ya había pasado de los 80 años y que residen en Jacksonville, Florida—.

Los detectives llegaron a entrar en Indian Creek, la exclusiva isla de los famosos donde tienen viviendas Julio Iglesias y Enrique Iglesias. Pero desistieron de desarrollar allí el seguimiento debido al altísimo nivel de control que tiene la urbanización. Respecto a Julio Iglesias, ni siquiera pudieron comprobar si se encontraba en Miami. “Su seguridad es comparable a la del presidente de un país”, dice Lara.

Una vez elegido el eslabón más débil de la familia, sometieron al modelo y cantante Julio José Iglesias a un espionaje de 16 horas al día. Lo acecharon a la puerta de su casa, y lo siguieron en sus salidas al gimnasio, al aeropuerto y a ver un partido de Rafa Nadal, que disputaba el Masters 1000 de Miami.

Antes de partir a Estados Unidos, los investigadores recibieron la ayuda de Javier Sánchez para localizar las viviendas de los miembros de la familia Iglesias. El presunto hijo secreto les aseguró que había estado en casa de Julio José en Miami y que este le llamaba “hermano”, afirma Lara. Finalmente, a las 14.00 del 24 de marzo de 2017, los detectives cogieron una botella de agua vacía —”un bidón deportivo de medio litro”— de la que Julio José había bebido después de hacer surf y había tirado en el aparcamiento de la playa.

Coartada

La botella es lo que los detectives llaman la “prueba directa”, que quedó documentada en vídeos y fotografías. Recogieron, además, una quincena de “pruebas complementarias”, consistentes también en desperdicios. Según Lara, ninguno procedía del cubo de la basura de Julio José. La legislación norteamericana no permite escarbar en el contenedor de una persona sin autorización judicial.

El detective fue jefe de grupo de la Policía Judicial antes de abrir la agencia y ha obtenido el ADN de un centenar de padres biológicos, entre ellos el Cordobés, pero afirma que la operación de Miami fue la “más ardua” que ha realizado. Julio José no vive en un lugar tan vigilado como Indian Creek, pero al poco tiempo de estar estacionados frente a su casa la policía se acercó al coche a identificarlos. Los detectives habían fabricado una coartada: contaron a los agentes que estaban interesados en comprar la casa de enfrente de la de Julio José, que estaba en venta. Para darle credibilidad a la historia, previamente habían contactado con el propietario.

Regresar a España con las pruebas de ADN fue otro problema. Lara descartó facturar las muestras con el equipaje y pasó los controles con ellas, selladas y empaquetadas en un chaquetón. De la botella solo transportaron la boca, no fuera a ser que el personal de seguridad del aeropuerto desconfiara del recipiente y lo tirase a la papelera.

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