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Los europeos votan por última vez en unas elecciones locales británicas

Carteles de un colegio electoral en Londres. DANIEL LEAL-OLIVAS. AFP.

Los ciudadanos de otros países de la UE residentes en Reino Unido participan en los comicios municipales, derecho que el Brexit les arrebatará, y su voto puede ser clave

3 de mayo de 2018 – Londres – Agencias.

Al introducir su papeleta en la urna, en su barrio londinense de Chiswick, la danesa Mette Rodgers ha dicho este jueves por la mañana adiós a su derecho a votar. En cualquier elección, en cualquier lugar. “En Dinamarca no puedes votar en las elecciones legislativas si vives fuera del país. Tampoco puedo hacerlo en las generales en Reino Unido. Y después del Brexit, ya no podré en las locales ni, evidentemente, en las europeas”, explica esta periodista, casada con un británico y madre de dos hijas con doble nacionalidad.

Para muchos europeos, la papeleta con la que han votado este jueves ha sido la última manifestación física de unos derechos a los que el referéndum puso fecha de caducidad. Y el camino a las urnas ha servido para recordar todo lo que ha cambiado en dos años. La ansiedad por el futuro, los planes de contingencia, la repentina división de la sociedad en dos bandos, la dificultad de comprender a amigos que votaron por el Brexit, los abusos verbales.

Cerca de 3,7 millones de ciudadanos de otros países de la UE residen en Reino Unido. Este jueves, en las elecciones locales celebradas en parte de Inglaterra, han tenido su primera oportunidad de votar desde que sus vecinos les dieron la espalda en el referéndum de 2016. Y probablemente será la última. La ley comunitaria da a cada ciudadano europeo el derecho a votar en las elecciones locales y europeas allá donde residan dentro de la UE. Que los europeos en Reino Unido conserven ese derecho después del Brexit es improbable.

El Gobierno tardó un año en anunciar su propuesta de “estatus de asentado” para los ciudadanos europeos. Un año después, aún no se sabe cómo se implementará. Además, la posibilidad de que el Brexit suceda sin acuerdo es cada vez menos descartable. Y eso implicaría poco menos que perderlo todo.

Aún así, muchos se resisten a tomar medidas. Es el caso de Alberto Barba, arquitecto gaditano de 43 años, que hace 11 se instaló en Londres con su mujer madrileña. Aquí nacieron y crecen sus tres hijos. “Mi convicción personal es que quiero ser inmigrante”, explica. “Es un acto de resistencia y de lucha personal contra el concepto negativo de la inmigración que ha venido ganando terreno en los últimos años. Una de las razones por las que vinimos a Londres es que era una ciudad que abría los brazos a la inmigración. Somos felices aquí por esa diversidad, y queremos que nuestros hijos crezcan en ese ambiente. Pero el contexto ha cambiado. Quiero estar en un lugar donde no se me categorice por una cualidad que es meramente burocrática. Así que no voy a hacer nada. Si llega el día en que eso me suponga un problema, tendremos que preguntarnos si realmente queremos estar en un país así”.

Los grupos que representan a este colectivo animaron a los europeos a votar pensando en todo esto. “Les animamos a elegir a aquellos candidatos que se comprometieran a garantizar los derechos de los ciudadanos europeos”, explica Joan Pons Laplana, enfermero llegado de Barcelona hace 20 años, miembro de la plataforma The 3 Million, muy activa en la defensa de este colectivo. “Publicamos unos cuestionarios para que nuestros simpatizantes preguntaran a los candidatos en la campaña sobre su compromiso con nuestros derechos, y así poder votar en consecuencia”.

En Londres, donde residen 1,1 millones de ciudadanos de otros países de la UE, la influencia del voto europeo puede ser determinante. “El sentido del voto de los ciudadanos europeos tendrá impacto en algunos distritos en los que el resultado se prevé ajustado, que votaron por la permanencia y que tienen una importante población europea”, explica Tony Travers, profesor de Políticas de la London School of Economics.

Es muy probable que el Brexit pese en el sentido del voto de estos ciudadanos, según Travers, y se aprecia un fenómeno polarizador desde las generales del año pasado, según el cual los partidarios del Brexit tienden a votar conservador, y los proeuropeos tienden a votar laborista. Si el laborismo logra la proeza de ganar en los distritos londinenses de Kensington y Chelsea, Westminster, Barnet y Wandsworth –conservadores pero proeuropeos- parte del mérito será de los ciudadanos europeos.

Los europeos no solo tienen este jueves derecho a votar: también a presentarse a las elecciones locales. Lo cual dejará, a partir de mañana, a varios cargos electos en la confusa situación de no saber si sus derechos serán reconocidos después del Brexit. Hay, por ejemplo, 117 candidatos polacos. Dos de los cuales, curiosamente, se presentan por el partido antieuropeo UKIP, con un discurso hostil hacia la inmigración. Hay incluso una formación política en Londres llamada Orgullo Polaco, que presenta 48 candidatos. Su fundador es un supuesto príncipe polaco llamado John Zylinski, que llegó a los titulares de los tabloides al retar a un duelo con espadas a Nigel Farage, líder del UKIP.

A falta de que el viernes concluya el recuento, asegura Travers, lo que parece claro es que la participación de ese colectivo será más alta que en ocasiones anteriores. Al fin y al cabo, no todos los días se vota como si fuera la última vez.

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