Editorial

Los muertos de la “Primavera Árabe”

Desde comienzos del pasado año, vimos con satisfacción el cambio del sistema dictatorial y la represión impuesta en ese entonces por el gobierno de Tunes. Sin embargo, no nos imaginábamos lo que iba a suceder en corto tiempo en otras naciones vecinas que tenían gobiernos dictatoriales similares al del derrocado presidente de Túnez, Zine al Abidine Ben Alí. Este dictador fue condenado a 20 años de prisión al encontrárselo culpable de los delitos de incitación al homicidio y al saqueo, como máximo responsable por la muerte de cuatro manifestantes a manos de la Policía en la revuelta de la Primavera Árabe del año pasado.

Pero este era sólo el comienzo de la llamada “Primavera Árabe”, que prendió la mecha en otros países tales como: Egipto, Yemen, Sudán, Argelia y Libia, si bien esta necesidad se dejó sentir en otros países árabes y se observaron reacciones en Jordania, Marruecos, Bahrein… Ya en ese entonces, se podía aventurar que les seguirían otros.

En SIRIA para ese entonces, su presidente, Bashar al-Asad, se mostraba ostensiblemente sereno y confiado ante la prensa internacional y nacional. En una entrevista concedida a finales del mes de Enero al periódico The Wall Street Journal, el joven presidente descartaba la posibilidad de un “contagio” revolucionario en su país, debido a una supuesta actitud de escucha de su gobierno frente a las necesidades y las aspiraciones de su pueblo; actitud que venía a favorecer, según sus propias palabras, la “simbiosis” entre los gobernantes y la sociedad siria.

¡Qué tan lejos de la realidad que acontece hoy en día en esa nación! Como todos hemos visto, allí se han pasado, se han cometido toda clase de violaciones a los más elementales derechos humanos, crímenes execrables, violaciones, niños asesinados, millares de viudas y huérfanos, que han conmovido a la opinión internacional, pero que no han sido capaz de parar tal derramamiento de sangre.

La verdad es que nadie sabe a ciencia cierta cuántas muertes han ocurrido allí desde sus inicios en 2011. Hasta el 29 de mayo, por ejemplo, el SOHR calculó que la cifra de civiles muertos era de 9.183 y de miembros de las fuerzas de seguridad, 3.821. La cifra de VDC para la misma fecha era de 11.884 civiles muertos y 2.159 fatalidades en las fuerzas militares y de seguridad. Aunque en otra página web de la oposición a la que se refieren algunas agencias de la ONU, Syria Shuhada (los mártires de Siria), tiene un número incluso más alto: 15.344, de los cuales 14.072 fueron civiles y el resto desertores militares. No calcula muertes de las fuerzas oficiales.

Las palabras hoy del mandatario a favor de un “diálogo sin condiciones y sin injerencias extranjeras” parecen perder peso mientras sigue sin tregua la violencia en Siria. El conflicto que comenzó en Siria entre la oposición y el régimen en marzo de 2011 ha causado, según la ONU, más de 10.000 muertos, 230.000 desplazados internos y 60.000 refugiados en países limítrofes.

Pero qué más muertes produjo la llamada primavera árabe, que de primavera a mi juicio no tiene nada: la primavera significa el florecer de nuevas vidas y es llena de color, alegría y felicidad. En esas naciones lo único que ha florecido es el dolor y el sufrimiento por sus muertos, el humo de sus bombas han pintado de gris sus ciudades y campiñas y la infelicidad deambula por sus calles navegando entre ríos de sangre ¿Cuál primavera árabe?

LIBIA
¿Valió la pena la intervención internacional en Libia, donde cayó el régimen despótico de Muammar Gadafi, pero también murieron entre 10.000 y 30.000 libios y los excesos de algunos países socavaron el principio de la responsabilidad de proteger?

YEMEN
Al menos 2.200 personas murieron y más de 24.000 resultaron heridas en los disturbios ocurridos durante la revuelta contra el régimen del anterior presidente yemení, Alí Abdalá Saleh, según un informe gubernamental hecho público en Saná. El nuevo presidente, Abed Rabbo Mansur, ya ha destituido varios militares implicados en estos hechos.

EGIPTO
¿El fin de la revolución egipcia? Debimos verlo venir: la marginación de los rebeldes originales de la plaza Tahrir, a los que se buscó complacer con unos cuantos juicios, mientras los militares se enconchaban en el poder que Mubarak les confirió y formaban una fachada de gobierno civil con los obedientes ministros del ex dictador.

“Todo lo que queremos es que Mubarak se vaya”, solían gritar los jóvenes egipcios. Y fue todo. Fácil de resolver para el Estado profundo. Casi todos los principales funcionarios de la Stasi egipcia fueron exculpados. Los asesinos de la policía siguen en operación. Ellos están felices con el más reciente capítulo de la tragedia egipcia.

De todas maneras, en Egipto desde las revueltas que se iniciaron en 2011 se contabilizaron alrededor de 400 muertos y más de 5.000 heridos. Su ex presidente Mubarak, enfermo y encarcelado, se encuentra purgando cadena perpetua por sus 30 años de dictadura y abuso de poder, aunque su frágil salud, quizás, lo condene a la pena capital.

Todas estas revueltas y guerras civiles, como la de Siria, han puesto a trabajar horas extras a la Parca, ¿qué más sigue para todas estas naciones? Hasta ahora, los gobiernos que han sucedido no han mostrado claridad en el manejo de estas naciones, y la frágil paz alcanzada pudiera romperse en cualquier momento, generando más violencia y descontento. ¿Ha valido la pena todo esto? O ¿quizás se esconden otros oscuros intereses bajo el pretexto de las revueltas y guerras?

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

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