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Maduro convoca una Asamblea Constituyente para perpetuarse en el poder

1 de mayo de 2017 – Agencias.

Nicolás Maduro convocó a una Asamblea Constituyente «popular y no de los partidos políticos» para redactar una nueva Carta Magna, cuyos integrantes serán 500. Algunos serán elegidos por circunscripciones y otros propuestos por sectores productivos, empresariales y educación, entre otros. Un sistema basado en las falsas elecciones cubanas donde todo está escalonado y monitoreadas desde el principio. El confuso sistema hace que algunos sean elegidos por el voto directo y otros no. No habrá sufragio universal. «Convoco al poder constituyente originario para lograr la paz que necesita el país, para derrotar el golpe fascista, una Constituyente ciudadana, no de partidos políticos. Una Constituyente del pueblo», dijo Maduro ante miles de seguidores congregados en el centro de Caracas por el 1 de mayo.

Maduro saluda a sus seguidores
Reuters

«He pensado mucho con el alto mando militar y político las opciones estratégicas. Me he encomendado a Dios y a los espíritus protectores de esta patria sagrada, y hoy 1 de mayo anuncio que, en uso de mis atribuciones presidenciales constitucionales y de acuerdo con el artículo 347 de la Constitución, convocó al poder constituyente», aseguró. Anoche, desde Consejo de Ministros, el jefe de Estado firmó el decreto de convocatoria al proceso.

Para el Diputado a la Asamblea Nacional por la Unidad en el estado de Monagas, José Antonio Mendoza, «esta nueva amenaza, atenta en contra un pueblo que eligió a sus diputados de manera democrática y ahora pretenden implementar una constituyente comunal al mejor estilo cubano. Ésta es una nueva acción muy grave». El presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, se refirió a la posibilidad de que el chavismo convocara a un «proceso popular constituyente». Al respecto, aseguró que es la «decisión final de un golpe de Estado contra la democracia y contra la Constitución».

El régimen de Maduro volvió ayer a reprimir las protestas opositoras con balas de goma y bombas lacrimógenas en Caracas y otros puntos del país. «Un escaparate bochornoso» que no parece importarle al presidente venezolano. La oposición seguirá en las calles con el reto de mantenerlas calientes. Desgraciadamente para que la gente siga marchando y los medios internacionales no miren para otro lado, parece necesaria una revolución que bien podría acabar en derramamiento de sangre. Decenas ya han caído y centenares están presos. La situación económica es insostenible. Son los antecedentes de un «estallido social». Como se ha demostrado en abril, por las buenas nada cambia en Venezuela.

Con la Asamblea Nacional prácticamente inhabilitada –los diputados tan solo pueden aprobar algunos tratados menores pero no leyes ni creaciones de empresas–, el Supremo y el Consejo Nacional de han convertido en los dos arietes fundamentales de la guerra del régimen contra la oposición.

Los magistrados han absorbido «de facto» los poderes del Parlamento aprobando leyes –mediante sentencias maquilladas e incluso el último presupuesto general, además de procesar a líderes y estudiantes sin cargos suficientes, algo que ya ha denunciado la Fiscalía General. En una «caza de brujas» legalizada por la corte chavista. Muchos de estos presos políticos acaban compareciendo ante tribunales militares, algo completamente ilegal. Otros son recluidos en cárceles de alta peligrosidad, verdaderos «mataderos» donde todas las semanas mueren decenas de reclusos por motines o disputadas internas. En estos infiernos tienen que aguardar sentencia los antichavistas.

Por su parte, el Consejo Nacional ilegaliza partidos y pone trabas para que otros junten las firmas necesarias en un nuevo proceso de legitimación que los funcionarios han abierto en un tiempo récord. La intención es desmembrar a la MUD. Pero sin duda el pecado más grave del CNE. Todavía no ha convocado elecciones regionales, que deberían de tener fecha desde 2016.

En las calles, el Gobierno utiliza a los motorizados, a la Policía y a la milicia popular para mantener a raya a las manifestantes, aunque la situación está cambiando y la gente está perdiendo el miedo.

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