Editorial

Navidad nuestra herencia

21 de diciembre de 2018 – Por: Ing. Jairo Vargas – Director.

Una tradición que llevamos en los genes heredados de nuestros antepasados nos permite traer momentos familiares, recuerdos que queremos robarle al pasado refugiado en lontananza y que añoramos desde el fondo de nuestros sentimientos.

Aunque ya no estamos en nuestros países, estos bellos instantes navideños nunca se quedaron allá, vinieron en nuestro equipaje mental junto a otros tesoros escondidos en nuestras tradiciones, que ojalá, no se pierdan en la vorágine de una nueva cultura que tiene sus propias usanzas y que comenzamos a aceptar como propias.

De hecho, ya algunas se metieron subrepticiamente en las nuestras y se tejieron hasta considerarlas como propias, me refiero al árbol de navidad, a los regalos de nochebuena, que, aunque siempre los hemos consentidos como propios, no siempre fue así.

El árbol de navidad que adorna cargado de obsequios nuestra casa llenos de luces y hasta de nieve, que nunca cae en muchos de nuestros países, tiene orígenes que se remontan muchos siglos antes de nuestra cuenta. Jeremías, el profeta del siglo VII a.C., dice que “las costumbres de los pueblos son vanidad” porque un leño “con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva”. Jeremías se refiere a la vanidad de adorar “objetos sin valor”, propia de los paganos, en vez de venerar al Señor, “el Dios verdadero”. El árbol de Navidad no existía como tal, pero estos versículos revelan una costumbre ancestral: cortar un árbol para adornarlo o, como hacían los babilonios, para dejar regalos debajo del mismo. Los romanos adornaron las calles durante las Saturnales, pero fueron sobre todo los celtas quienes decoraron los robles con frutas y velas durante los solsticios de invierno. Era una forma de reanimar el árbol y asegurar el regreso del sol y de la vegetación. Desde tiempos inmemoriales, el árbol ha sido un símbolo de la fertilidad y de la regeneración.

El cristianismo adoptó y transformó estas costumbres paganas ante la imposibilidad de erradicarlas.

A México el primer árbol de Navidad llego en 1864 y se instaló en el Castillo de Chapultepec, sorprendiendo a la aristocracia de ese tiempo que contemplaba un bello árbol verde adornado, aunque la Iglesia Católica ya lo mencionaba mucho antes como el árbol de Cristo y lo había involucrado en sus festividades de navidad, fueron los Emperadores Máximo y su esposa Carlota quienes quisieron crear una atmósfera europea en su residencia, como dije en el Castillo de Chapultepec.

En Guatemala a nivel popular las festividades navideñas se inician con la Quema del Diablo el 7 de diciembre, una tradición de la colonia cuyo origen se remonta a las luminarias de la Virgen de Concepción, que eran fogarones que los fieles de la antigua ciudad de Santiago de los Caballeros colocaban para alumbrar el paso de la imagen de dicha advocación mariana. Desde esta fecha hasta el 15 de diciembre se realizan las denominadas jornadas que son el preámbulo de las Posadas navideñas.

Son los sonidos de la tortuga y el chinchín los que anuncian que la posada toca a la puerta, que

busca donde pasar la noche, María y José encuentran en otra casa de guatemaltecos un lugar para descansar. Fue el Hermano Pedro de Betancurt (1626-1667) quien en Guatemala introdujo como parte de las festividades navideñas los nacimientos y posadas para recordar la travesía de María y José en su viaje a Jerusalén y poder cumplir así con el censo romano y el nacimiento del niño Jesús en Belén.

Y así podría contarles de cada país, pero necesitaría al menos un libro de múltiples capítulos.

Y a Colombia, ¿cuándo llegó?

Los colombianos heredamos los elementos europeos de la navidad, la decoramos con un Santa Claus que no conocemos pero que es sinónimo innegable de la misma, ponemos bolas, moños y guirnaldas a un árbol al mejor estilo de los germanos que iniciaron esta costumbre y rezamos la novena introducida por la Iglesia católica con sus rezos y cantos convertidos en novena y villancicos, elementos que alrededor de un pesebre y un arbolito recrean el nacimiento del niño Dios.

Así que algunas de “nuestras” tradiciones fueron importadas de otros países que se pierden en el pasado de nuestros lejanos ancestros, otras, como ya vimos, fueron introducidas por la Iglesia Católica como las posadas, el pesebre o nacimiento, pero, … auténticamente nuestras ¿cuáles podrían ser?

Quizás solo nuestras lenguas y múltiples dialectos, costumbres, dioses, la tradición culinaria y las danzas con sus instrumentos musicales sea una autentica herencia de nuestros antepasados indígenas de nuestras tierras.

Ya está bien de un poco de historia. Ahora siguiendo nuestras tradiciones, permítanme desearle una bella y muy familiar nochebuena, rodeados de los que más te quieren, así solo sea en pensamiento…

¡Feliz Navidad!

 

El Director
Ing. Jairo Vargas
jairo@latino-news.com
Latino News, LLC

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