La nación

Ni un mes sin tiroteos en los centros educativos de Estados Unidos

Momento de la detención de Nikolas Cruz, el joven que mató a 17 personas en el instituto Marjory Stoneman Douglas de Florida.

El de Parkland hace el tiroteo número 239 en un colegio desde la matanza de Sandy Hook en 2012

16 de febrero de 2018 – Agencias.

Inspiraba pavor. O esa mezcla de grima y miedo, compasión y repulsa que transpiran ciertos individuos. Incapaces de establecer contacto. Refugiados en el capazo de una fanfarronería helada con la que ocultar la angustia y los complejos. Los otros chicos decían entre risas y bromas que si alguien podía entrar armado al instituto y liarse a tiros, era él. Nikolas Cruz. 19 años. El verdugo elegido. El exterminador de Parkland (Florida), votada la ciudad más segura del Estado.

Pero ni la ciudad era tan tranquila ni la espantosa hazaña de Cruz resulta inédita: no hay mes sin tiroteo en los centros educativos de EE UU. La mayoría cometidos por estudiantes y/o ex estudiantes. Capaces de comprar armas sin apenas problemas. O con el arsenal familiar siempre dispuesto para sustraer una pieza. El de Parkland hace el tiroteo número 239 en un colegio desde la matanza de Sandy Hook en 2012, cuando otro joven, Adam Lanza, asesinó a 20 niños de entre 6 y 7 años, y también a varias maestras y empleados del centro, e incluso a su propia madre.

Según la organización Gun Violence Archive, que registra este tipo de tragedias desde 2013, en esos 239 tiroteos en escuelas, institutos y centros universitarios hubo más de 438 heridos y 138 muertos. Casi cinco al mes. Y eso que las estadísticas no cuentan los casos en los que alguien dispara un arma en el campus y no hiere a nadie. Ni las exhibiciones y amenazas, pistolas mediante.

Cruz acabó con la vida de 17 estudiantes. También hirió a 15, de los cuales no menos de cinco están ingresados en la UCI. Para lograr sus fines usó un AR-15. Un fusil de asalto, diseñado para el combate. El mismo que, con leves variaciones, usa el Ejército. En el caso de Sandy Hook, el AR-15 del asesino le permitió escupir más de 150 proyectiles en menos de cinco minutos. Con cada matanza el AR-15 multiplica sus ventas. Había sido diagnosticado con problemas mentales, pero no tuvo ningún problema en comprar el arma en Florida, uno de los Estados más permisivos y en los que no es incluso obligatorio registrar las compras. Cuesta menos que un móvil.

«Mientras los defensores del control de armas exigen restricciones sobre los rifles de asalto», escribía en 2016 Tim Dickinson en «Rolling Stone», «los clientes corren hasta las armerías locales para acumular más, impulsando un aumento en las ganancias de los fabricantes de armas». «Una herida de pistola es como apuñalar a alguien con una bala», le comentó el doctor Peter Rhee, cirujano jubilado de la Marina especializado en traumas: «Entra como un clavo [pero] con las rondas de alta velocidad del AR-15 es como si disparases a alguien con una lata de Coca-Cola».

El senador Chris Murphy ya ha dicho que «esta epidemia de matanzas, este azote de tiroteo tras tiroteo en las escuelas, sólo ocurre aquí, y no por coincidencia o mala suerte, sino como consecuencia de nuestra inacción. Somos responsables de un nivel de atrocidades que no tiene comparación con cualquier otro lugar que no sea los Estados Unidos de América». Veterano del horror de Sandy Hook, Murphy explicó que, «como padre, me aterroriza que el legislativo no tome en serio la seguridad de mis hijos, y da la sensación de que muchos otros padres en el sur de la Florida van a preguntarse lo mismo». Otro senador, el republicano Marco Rubio, comentaba en la cadena Fox que «antes de debatir sobre la posibilidad de controlar la venta y posesión de armas es importante saber cómo sucedió, quién es esta persona, qué la motivó, cómo consiguió el arma. Es importante saber todo eso antes de concluir que deberíamos haber aprobado alguna ley».

Cruz compró su propio rifle el pasado febrero y, según informa el «Miami Herald», pasó sin problemas el cuestionario de antecedentes que exige el FBI. Sin embargo, el año pasado, los profesores del Marjory Stoneman Douglas High School recibieron un email que alertaba del comportamiento del chico y, según le ha explicado el profesor de matemáticas Jim Gard al «Miami Herald», «nos dijeron que no se le permitía entrar en el campus con una mochila, [después] amenazó a los estudiantes y se le pidió que abandonara el campus».

También el año pasado el FBI recibió aviso de un prestamista de Mississippi, Ben Bennight, que alertó de un vídeo de Cruz en el que aseguraba: «Voy a convertirme en un asesino de escuela profesional». Ésta y otras advertencias fueron ignoradas. Deben ser muchas las que reciben las autoridades a diario. Con sus colecciones de fotografías rodeado de armas, o con los animales a los que torturaba, feliz de relatar su augusto futuro como militar de élite, Cruz responde de forma incluso cruel al perfil del inadaptado que un día explota y arrasa con cuanto le rodea. En los próximos días arreciarán las críticas contra los encargados de velar para que un individuo así no tenga acceso a un arma. Abundarán las peticiones de leyes más restrictivas. Los partidarios del derecho a portar armas responderán con las miles de vidas que logran salvarse cada año gracias a, sí, las armas. Hasta que otro Cruz irrumpa en otro colegio.

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