Editorial

No guardes silencio: Por Juanita Garrido

Recientemente se hizo extensiva una carta del Reverendo Obispo Robert J. Baker a todas las parroquias, invitándonos a participar en la campaña Pro-vida,  40 días por la vida.

Llegué a ver en las noticias, hace algún tiempo, cómo en otras ciudades de Estados Unidos, grupos de personas se manifestaban afuera de las clínicas de aborto en favor de la vida, pero la noticia quedó así, solamente en noticia.

Soy una mujer que me he pronunciado Pro-vida y ahora me pregunto ¿qué quiero decir con esto?, ¿Qué es lo que he hecho a forma personal para interesarme a fondo y que algo me doliera de tal manera que despertara en mí el deseo de salir de la comodidad, de mi silencio y levantar la voz, visualizando y buscando eco en otras personas para unirnos y aportar un poquito de nosotros  haciendo algo ante esta dolorosa e impactante realidad que es el aborto?

Muchas veces ha sido necesario que algo duela fuertemente para que nos obligue a reaccionar. Agradezco grandemente a Edith Carranza, una muy buena amiga, que me ha invitando a rezar el rosario afuera de la clínica de abortos en Birmingham donde se está haciendo presente el apoyo hispano.

Edith llegó con su mesita. Traía con ella la imagen de La Virgen de Guadalupe y encendió una veladora y empezó sus oraciones, contagiándome de su gran Fe.

El grupo de estadounidenses pro-vida que estaba en ese lugar nos dio una muy amable bienvenida y en medio del grupo, sonriendo el “Pequeño Pedro”, él bebe de Edith  ‘fiel tributo de vida’ de sólo 2 añitos quien caminaba sonriente entre el grupo.

El momento de la realidad se acercaba para mí, ya no era ver por TV lejanamente una noticia, ahora era vivir cara a cara una experiencia muy difícil. Mientras rezábamos el rosario, llegó el primer carro; una jovencita sola que entraba a la clínica, el grupo pro-vida la sigue a distancia le ofrece otras alternativas y ella camina apresuradamente. Después se aproxima otro carro.

Es otra joven que venía con su novio y nuevamente la valentía del grupo para lograr su atención para ofrecerle ultrasonido gratis y la ayuda de la organización Her Choice. Pero no sucede nada, el grupo recibe rechazo continuo, amenazas, insultos y una fría indiferencia, pero no descansa. Otro carro llega, ahora es una joven pareja: la mujer baja muy rápido entrando a la clínica y el chico se estaciona. Llevan en el carro a un hermoso niño de rizos rubios como de tres años, su hijo. Él accede bajar la ventanilla y escuchar a las personas, y el ambiente se llenaba de esperanza.

Al estar ahí parada, sentí mucho frío a pesar del fuerte sol. Tenía los pies como pegados al pavimento, congelados, experimentando sentimientos de impotencia, frustración, asombro, dolor, tristeza y culpa, mucha culpa al escuchar a Edith leer uno de los misterios del rosario que decía: “a Cristo no lo condenaron los malos, lo condenó el “silencio de la gente buena”, que no ayuda en nada a la víctima, solamente da poder al opresor”. Esa frase me caló hasta el fondo de mis huesos, sacudiéndome. Tenía ganas de correr a mi carro y llorar muy fuerte y aunque lloraba calladamente, sentía una gran culpa por mi silencio, por mi pasividad de gente buena que me pronunciaba pro-vida sin conocer el alcance que la frase encierra, solamente respaldada por la idea fija en mi mente y en mi corazón de creerme a favor de la vida. Pero admiré la labor de Edith y del grupo desinteresado que dan no sólo su tiempo sino su corazón. Ahí comprendí  quiénes son los que sin decir palabra se pronuncian dignamente pro-vida. Cuánta razón tiene Edith al decir que necesitamos tanto de la oración,  pues estar ahí afuera de esa clínica es estar presente ante la ejecución de tantos inocentes que no pueden defenderse. Cada una de esas jóvenes tiene su historia propia y cualquiera de ellas podría ser mi hija. Y nuevamente ese escalofrió que me mantenía inmóvil mientras por mi mente pasaban las imágenes de las caritas de mis amores (mis hijos, mis nietos, mis sobrinos, mis ahijados), pero a Dios gracias ellos tienen vida, al igual que el Pequeño Pedro. Pero no esos inocentes que no han tenido forma de defenderse.

Egoístamente vivimos nuestras vidas de personas buenas, pero en silencio. No es fácil alzar la voz, es necesario algo que lastime por dentro fuertemente que nos obligue a despertar. Observando la banqueta, había hormigas haciendo una fila, y pensé “hasta esas pequeñísimas criaturas tenían vida y ¿qué de tantos inocentes?” Son muchos sentimientos no encontrados sino golpeados y chocados entre sí, recordando mujeres de corazones grandes como Chela mi amiga y como tantas otras mujeres que no han tenido la dicha de ser madres. Estarían dispuestas a abrir sus brazos y su corazón para educar, arropar y amar a cualquier angelito de ellos a los que les permitieran vivir.

Las jóvenes creen que se deshacen aparentemente de un problema, ¿pero de qué manera se podrán deshacer del dolor arraizado en sus corazones? Y el problema no es sólo de ellas, el problema es mío y tuyo, es de nosotros, de nuestras comunidades, de nuestra sociedad, de nuestra ciudad, de nuestro continente, de nuestro mundo, ya lo diría Alberto Cortés en una frase de su poema: “Qué suerte he tenido de nacer…”

Cada uno de nosotros puede hacer algo, trabajando en nuestras comunidades, pues el índice de las jóvenes hispanas que acuden a la clínica va en aumento. Eran no más de ocho personas afuera de la clínica, pero podríamos ser más de cien, mucho más. Muchas de nuestras familias rezan el rosario en sus casas, podrían venir y rezarlo uniéndose al grupo. También necesitamos de los grupos de jóvenes, chicos y chicas que participen, que acudan y se interesen por este problema tan doloroso.

Por favor, vayamos unidos con el corazón abierto, a pedir, a suplicar, a implorar o arrebatar un milagro a Nuestro Señor, que sólo Él, con su gran misericordia, puede tener alcance divino. Y armémonos con la oración y arropados en el cruce de los brazos de la Sta. Virgen, modelo de infinito amor, al decir “Sí” al Señor, pidamos que interceda por todos esos inocentes.

Trabajemos, vivamos la experiencia  para llegar a pronunciarnos dignamente Pro-vida.

Mil gracias.
En Birmingham, la campaña tendrá lugar en Planned Parenthood, 1211 South 27th Place, diariamente, de 6 am a 6pm.

Foto: Escultura al niño no nacido, por el artista eslovaco Martin Hudáček. / Agencias.

Por: Juanita Garrido

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