Editorial

Nuevamente ante nuestra realidad

Nuevamente la naturaleza nos pone de frente ante un fenómeno que a pesar de saberse con anticipación de lo que sería capaz, la realidad es que nos quedamos cortos en nuestras predicciones (Yo me incluyo en ellas, cuando vemos el escenario de su huella en las ciudades impactadas por el fenómeno meteorológico. Como dijo el gobernador del estado, Chris Christie: el huracán “Sandy” ha causado una “devastación inimaginable”,

“Está más allá de cualquier cosa que pensé que vería. Terrible” o como dijo el Alcalde Bloomberg de New York: “impacto sin precedentes”, “esta fue una tormenta devastadora, quizá la peor que hayamos experimentado”.

El paso de “Sandy”, al que le agregaron el mote de “supertormenta”, quizás en el afán de justificar los daños no calculados o porque se le buscó explicación a su magnitud, dejó a su paso por la costa este de Estados Unidos, más de 50 muertos, cifra que se le agregaría a su prontuario de caídos: el Caribe ya había sido testigo de su fuerza destructiva donde había matado a 69 personas, claro, más los multimillonarios daños que apenas comienzan a calcularse y que siempre acompañan estos fenómenos cada vez más frecuentes y más poderosos con que la Madre Naturaleza protesta ante la indiferencia humana.

Situaciones como esta última y que llevó al presidente Barack Obama a declarar “zona catastrófica” las áreas de Nueva York y Nueva Jersey, anegadas por la marejada del ciclón, nos visitan con su cuota de destrucción y muerte cada vez con más frecuencia.

Como dijo el gobernador Mario Cuomo del estado de New York: “No podemos seguir negando la realidad” del cambio climático, “tenemos ‘inundaciones del siglo’ cada dos años”, en referencia al huracán “Irene”, que golpeó la ciudad en agosto del año pasado.

“Esta ciudad no puede soportar este ritmo” de tormentas graves. Cada vez, comovemos, buscamos en nuestro léxico, calificamos con expresiones que evocan incredulidad:

“Nunca antes vista”, “La más poderosa desde que se tenga historia” “La tormenta perfecta”, etc.

Sequías, incendios forestales, olas de calor, lluvias torrenciales, inundaciones y tormentas han sido causa de varias catástrofes en los últimos años. ¿Cómo negar la realidad del cambio climático en el aumento de frecuencia y poder de estos fenómenos naturales? ¿Cómo entender que siendo Estados Unidos el mayor emisor de gases de invernadero mundial no haya ratificado el protocolo de Kioto?

El Protocolo de Kioto sobre el cambio climático es un acuerdo de la CMNUCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), y un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global principalmente: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), en un porcentaje aproximado de al menos un 5%, dentro del periodo que va desde el año 2008 al 2012, pero que hasta el momento no se han hecho grandes avances. Pareciera como si los recientes embates de la naturaleza en todo el mundo no fueran suficientes para tomar medidas ya, porque mañana será muy tarde, si no lo es ya….

Siguiendo la huella de Sandy, encontramos que a pesar de prepararnos o creer que lo estamos, nunca es suficiente, cuando se trata de fenómenos como este. No podemos hacer mucho para evitar su impacto, si bien el salvaguardar la vida de todos es la prelación en cualquier evento de esta magnitud. La naturaleza tiene un comportamiento caótico, eso quiere decir que no lo podemos predecir. Indudablemente, el poder conocer con anterioridad las posibilidades de impacto guiados por la historia y la tecnología, ayuda, y de qué manera, a salvar vidas y prepararnos para disminuir los daños en nuestra infraestructura, aunque en esto último, no es mucho lo que podemos hacer.

El impacto del ciclón “Sandy” sobre la economía de EEUU puede superar los 20.000 millones de dólares. Para muchos de los afectados, será como el volver a comenzar, bien porque su seguro no cubría estos hechos o porque pertenece al 50% de los que no tienen seguro.

¿Cuánto dejaron de ganar las aerolíneas que desde el domingo se habían suspendido más de 14.000 vuelos en la región afectada por “Sandy”?, y ¿cuántos programas y proyectos se han atrasado cuando se ha paralizado buena parte de la actividad del Gobierno de EEUU, las administraciones en al menos trece Estados y centenares de gobiernos municipales? Nueva York y su área metropolitana (19 millones de habitantes) amaneció este martes sin transporte público, con importantes interrupciones del suministro eléctrico y con todos los aeropuertos y casi todos los puentes y túneles de la ciudad cerrados.

La actividad comercial sufrió duramente el impacto de Sandy. Pequeños y grandes negocios perdieron sus productos por el corte de luz. Miremos, por ejemplo, lo que sucedió con la electricidad durante y luego del impacto de Sandy: durante la mañana de este martes, 8 millones de hogares permanecían sin suministro eléctrico, cuando no por las inundaciones. Los negocios no pudieron abrir para atender al público y, por ejemplo, los que pensaban en las ventas de Halloween, miles de centros comerciales pararon y se vieron obligados a cerrar. También se redujo sustancialmente el turismo y la asistencia a teatros, restaurantes y casinos, conferencias, convenciones, en fin. Esto es un efecto dominó que afecta todas las actividades de nuestro entorno.

Ahora, los recursos que se iban a usar en otros frentes, deberán canalizarse en componer lo más rápidamente lo que dañó Sandy. Pero las preguntas son, entonces: ¿cómo afrontar en el futuro cercano nuevos desastres naturales? ¿Será que hemos dañado tanto la naturaleza que ahora ella se cobra nuestra indiferencia? Quedan como interrogantes que pronto tendremos que contestar.

El Director
Jairo Vargas
Latino News, LLC

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