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«O cargábamos la droga o nos mataban»

26 de Mayo de 2015 – Agencias.

En lo que fue una de las mayores incautaciones de cocaína realizadas por la Policía aquel año, un lujoso jet privado procedente de Valencia (Venezuela) fue abordado tras aterrizar en el aeropuerto de Gran Canaria el 12 de agosto de 2012. En su interior se encontraron 47 paquetes envueltos en plástico duro con el emblema de la Cruz Roja que contenían 1.588 kilos de cocaína. Éste fue el punto de partida de una investigación policial, que poco a poco fue desvelando una operación internacional de tráfico de drogas en la que la DEA estadounidense cree que está involucrado el cártel de los Soles, grupo de militares venezolanos que –con la aquiescencia de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional y «número dos» de Nicolás Maduro– mueven cocaína desde Bolivia y Colombia hasta Europa a través de África.

El relato de los acontecimientos empieza la madrugada del 12 de agosto de 2012, cuando el centro de la Interpol en Lyon recibe la llamada del director de la compañía aérea Hyperion Aviation, de nacionalidad suiza, informando de que la tripulación de uno de sus aviones, concretamente un lujoso Bombardier Global Express de matrícula maltesa, se ha puesto en contacto con él en calidad de máximo responsable de la compañía para informarle de que, mientras se encontraban repostando en Valencia (la tercera ciudad más importante de Venezuela) se presentaron unos hombres armados y les obligaron a cargar más de cuarenta bolsas de plástico que, sospechaban, podían contener estupefacientes.

AVIÓN INTERCEPTADO. Imagen del jet privado con matrícula maltesa retenido por la Policía española el 12 de agosto de 2012 en el aeropuerto de Gran Canaria.

AVIÓN INTERCEPTADO. Imagen del jet privado con matrícula maltesa retenido por la Policía española el 12 de agosto de 2012 en el aeropuerto de Gran Canaria.

Los hombres armados amenazaron con matar a la familia del comandante (Kai O., de nacionalidad alemana) si no permitían que se cargaran las bolsas y volaban inmediatamente a Cotonou, la ciudad más poblada y el centro económico de Benin, en el África occidental. Interpol Lyon se puso en contacto con Interpol Madrid, que inmediatamente gestionó el operativo que recibió al Bombardier procedente de Venezuela en Gran Canaria. El comandante, el copiloto (Tom K., también de nacionalidad alemana) y la tripulante de cabina (Christina J., austriaca) fueron detenidos inmediatamente por un presunto delito contra la salud pública y permanecieron en prisión provisional dos meses. La Policía sometió in situ el contenido de los paquetes a una prueba con el reactivo correspondiente a cocaínicos y la sustancia dio positivo. No se hallaron las cajas negras de la aeronave.

El comandante afirmó cuando fue interrogado que había sido obligado por varios hombres armados a cargar la droga bajo amenazas contra su vida y la de sus familiares. «O cargábamos la droga o nos mataban», explicó. Sin embargo la Policía no podía comprender cómo una organización internacional capaz de mover más de una tonelada y media de droga de un lado a otro del Atlántico dejara sin proteger tan valiosa mercancía y confiara en un piloto que en cualquier momento, como finalmente hizo, podía denunciar la situación y entregarse a las autoridades. Finalmente, tras comprobar que las versiones de los tres miembros de la tripulación eran consistentes y después de que las autoridades venezolanas detuvieron a veinte personas en Valencia que habían recibido cuantiosos sobornos por dejar despegar al Bombadier, el juzgado español encargado de la investigación dejó en libertad a la tripulación.

La Policía cree que se trata de una operación de narcotráfico frustrada y se apoya en que todos los hechos que rodean el suceso (Venezuela como punto de partida, África Occidental como punto de destino para una posterior introducción en Europa, un avión privado como medio de transporte, la cobertura a través un supuesto envío de juguetes gestionado por Cruz Roja) responden a un diseño de manual.

Aunque parece poco verosímil que se dejara la cocaína sin un «notario» o «correo» que velara para que durante el transporte no fuera adulterada, lo cierto es que las declaraciones de los miembros de la tripulación (salvo pequeñas contradicciones) coincidieron, aunque, como apunta el atestado, tuvieron tiempo suficiente para pactar una versión común. Sin embargo las actuaciones de la Policía venezolana corroboran las declaraciones. También la actuación del ciudadano suizo que dirigía la compañía aérea, que se puso inmediatamente en contacto con la Interpol, parecen apoyar la impresión de que la tripulación obró de buena fe y que la carga de la droga se produjo bajo amenazas. Envuelta aun en el misterio aparece la figura de Ryma Taouk, la mujer de origen libanés y pasaporte australiano que contrató el jet privado de lujo y que se encuentra en paradero desconocido.

Venezuela es el principal corredor de drogas de Iberoamérica hacia EE UU y la UE, según los expertos. No es un país productor, pero su cercanía a Colombia y la involucración del Ejército venezolano en el negocio del narcotráfico hacen que de sus aeródromos y puertos partan cientos de jets y barcos cargados de cocaína.

Jets de lujo para mover droga

Contratado por una misteriosa mujer llamada Ryna Taouk el lujoso Bombardier Global Express de la compañía Hyperion Aviation voló por medio planeta en lo que a simple vista parecía un viaje de placer. El primer trayecto tuvo como punto de partida el aeropuerto de Cagliari-Elmas en Cerdeña y como destino Casablanca (Marruecos). Entonces fue cuando embarcó Taouk. La siguente parada fue Scarboroug Crown Point en Tobago. De allí voló a Valencia (Venezuela) donde se embarcó la droga. El destino final era Cotonou (Benin) pero finalmente terminó en Canarias por necesidades de repostaje.

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